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Tudela, capital del arte efímero

La primera edición del certamen Des-Adarve arrancó ayer con la idea de combinar el rico patrimonio de la ciudad con el arte contemporáneo de una manera temporal.

Un reportaje de J.A. Martínez - Domingo, 10 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Paloma Vera, Katalyn Rodríguez y Antonio Olavarrieta, creadores de ‘Aromas en el tiempo’.

Paloma Vera, Katalyn Rodríguez y Antonio Olavarrieta, creadores de ‘Aromas en el tiempo’.

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  • Paloma Vera, Katalyn Rodríguez y Antonio Olavarrieta, creadores de ‘Aromas en el tiempo’.
  • Nicolás Ruiz de Erenchun, durante la presentación de ‘DesAdOrbe’.

Cuatro edificios emblemáticos de Tudela, la Casa del Almirante, los palacios Marqués de Huarte y San Adrián y la Real Casa de la Misericordia, acogen desde ayer y hasta el próximo domingo 17 de septiembre los cuatro proyectos finalistas de la primera edición del certamen de arte efímero Des-Adarve. Debían ser cinco, pero el trabajo Through The Clouds se cayó a última hora del cartel y el que debía sustituirloLumiére, tampoco ha sido posible mostrarlo en el Palacio Decanal, que era el último espacio elegido por la organización de un evento al que se presentaron 30 proyectos, algunos de ellos llegados desde fuera de España.

Uno de los objetivos de esta convocatoria era “transformar los edificios sin cambiar de manera agresiva su uso cotidiano”, explicaron los comisarios del certamen Marta Pérez y Mikel Pau Casado, que recordaron que “resulta interesante ver que otras personas, que no conocen los edificios de primera mano, reinterpretan nuestros espacios y vida cotidiana”.

INTERVENCIONESLa Casa del Almirante recoge la idea del pamplonés Nicolás Ruiz de Erenchun Lorenz que ha diseñado una piñata en forma de bola del mundo que critica la pasividad del ser humano ante el cambio climático y la destrucción del planeta. Según indicó su propio autor, DesAdOrbe es el trabajo final de una asignatura de sus estudios de Diseños de Interiores. La intención es que el público participe y, por tanto, “la obra no estará acabada hasta que el último día de exposición, que traeré un bate de béisbol, alguien la rompa y saque la sorpresa que hay en su interior”.

Inversión es el proyecto de tres estudiantes de la Escuela de Arquitectura de San Sebastián, el tudelano Javier Moracho Gil, la bilbaína Cristina Martínez Vallis y la donostiarra Nerea Olmeño Aguado. Han cubierto el suelo de las escaleras del palacio Marqués de Huarte con diveros espejos que dan una sensación totalmente nueva al lugar. Moracho señaló que “la intervención busca hacer partícipe al usuario del palacio, con todos los elementos artísticos y arquitectónicos que presenta su patio ofreciéndole otra perspectiva del entorno”.

Sinfonía es el trabajo de dos arquitectos italianos, Eugenio Bosco y Giulia Palmerini, que se expone en el palacio del Marqués de San Adrián. A lo largo de las columnas que dan al claustro se han colocado distintos niveles de cuerdas que forman, al mirar desde abajo, una enorme estrella. Además, al tirar de ellas se generan sonidos en función del movimiento. Bosco confesó que se inspiraron “en la música de las esferas, una antigua teoría de origen pitagórico para describir la armonía del mundo”.

Por último, el patio interior de la Real Casa de Misericordia acoge el proyecto Aromas en el tiempo de los arquitectos Antonio Olavarrieta Acebo (Santoña), Natalia Redero Hernández (Salamanca), Katalin Rodríguez Martín (Salamanca) y Paloma Vera Herrero (Ciudad Real). Es la única intervención que se ha llevado a cabo al aire libre y, como apuntó Olavarrieta, “debe convivir con la naturaleza y la meteorología”. Al desarrollarla se marcaron dos objetivos. “Queríamos hacer una reflexión sobre la memoria colectiva, que no debe olvidarse, y permitir esa memoria individual que nos evoca imágenes y nos recuerda lo que somos”. La memoria colectiva queda reflejada en las seis puertas que han construido y que representan tres momentos de la historia de la ciudad y la individual o subjetiva está recogida en las distintas especies vegetales incluidas en cada una de las puertas, “Como se trata de un proyecto colaborativo hemos invitado al público a colocar las plantas porque al hacerlo se perciben más los olores. No se trata solo de ver sino también de sentir”, concluyó Olavarrieta.

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