En casco rojo

Normalidad

Por Sergio Garbisu - Lunes, 11 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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Hace dos semanas, con la rotura de motor de la Honda de Marc, hablábamos de cómo de repente en esto de las carreras de motos, un hecho así puede producir un vuelco en la situación de forma totalmente inesperada. Esta semana hemos comprobado que, además de en las propias carreras, fuera de ellas también. Del modo más estúpido posible, Valentino Rossi tiró por la borda las ya escasas posibilidades de lograr este año su ansiada décima corona. Y digo de la forma más estúpida porque aunque la versión oficial afirma que entrenaba en motocross en su rancho, ya hemos sabido que realmente se divertía con la moto y sus cachorros de la VR46 Academy por las colinas de Tavulla, haciendo lo que normalmente se dice el tonto. Y es sabido también que por mucho que lleves en tu frontal el ya mítico 46, con los jefes japosno se juega y que ha habido tensión. No solo por dar por perdido el Mundial de forma irresponsable, sino por lo que supone en imagen, merchandising, venta de entradas, etcétera, su ausencia. No había más que verle la cara en la entrevista que le hicieron esta semana y su modo reiterativo de pedir disculpas a su equipo… Pero es que así es Vale, y así se le quiere.

Y como la vida sigue, otros que saben que después del temporal llega la calma son los de HRC. Tras el drama de la última carrera, el mago Marc se sacó otro conejo de la chistera y se encargó de encauzar de nuevo las aguas. Con Rossi fuera de juego, Pedrosa volviendo a sus inseguridades y borrándose también para el Mundial definitivamente, y Viñales pagando quizá cierta bisoñez en moto oficial, solo tuvo en las Ducati a sus adversarias. Y duras, porque Jorge en clara progresión a punto estuvo de volar hacia su ansiada primera victoria. Y posteriormente Petrucci (que no olvidemos lleva una GP17 como Jorge y Andrea), al que estudió durante toda la carrera para en la última vuelta asestar la puntilla.

No hay hoy comparación posible. Y Dovizioso, cabeza fría, guardando armas para próximas batallas. Todo vuelve a ser como debía.

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