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Música

Tiempo de sentimientos

Por Teobaldos - Martes, 12 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

48º semana música antigua de estella-lizarra

‘Vozes del Ayre’. Verónica Plata, soprano. Adriana Mayer, mezzosoprano. Diego Blázquez y Fco. Díaz Carrillo, tenores. Víctor Cruz, barítono. Eduardo López Banzo, clave y dirección. Lugar:Iglesia de Santa Clara. Fecha: 10 de septiembre de 2017. Público: lleno, se agotaron las entradas (10 euros)

El concierto del grupo vocal que dirige López Banzo ha cerrado una Semana Estellesa francamente buena. Y lo ha hecho con Monteverdi -450º aniversario de su nacimiento-, que como dijo el director aragonés, es padre de casi todo lo que escuchamos ahora. Vozes del Ayre es un conjunto con altísimo nivel vocal en todos y cada uno de sus componentes;con una escuela de canto valiente, natural, sin raras impostaciones, acaudalada en sonoridades de matiz fuerte;de una extraordinaria maleabilidad para pasar del fuerte al piano -de la ira al amor, de la melancolía a la liberación del alma-;con un perfecto dominio de lo que se ha dado en llamar la “messa di voce”, o sea el “crecendo y decrescendo” graduales a partir de una nota mantenida, que arranca de un punto exacto de ataque y afinación, del que surgen todos los sentimientos;y una connivencia y entendimiento en los diálogos y respuestas, homogéneos y sin divismos. Perdón por el uso de tanto italiano, pero es que aún recordamos la claridad, incluso visceralidad, con que se pronunciaban los textos. El maravilloso vaivén monteverdiano en el que nos sumergió la visión -versión de López Banzo-, fue eminentemente teatral desde el comienzo: carnosa, desprendida, generosa, extravertida en todos los cantantes que enseñaron sus sentimientos sin pudor. De ahí la enorme emoción que transmitieron;llegando, en el Lamento de la ninfa, al escalofrío. Quizás haya otras versiones en las que los primeros madrigales -libro V- no estén tan cargadas de ese punto de arrastre operístico que las Vozes imprimen;pero a mí me gustó ese peso emotivo que da al “recitativo arioso” un fuerte colorido. Hay que destacar el equilibrio entre la soprano y mezzo, planteando el verso, y la respuesta de tenores y bajo, que tanto en fuerte como en piano, nunca quedaba coja. Y viceversa. Fundamental y motor de esta música.

López Banzo tocó dos piezas al clave, con la misma alegría y transmisión al público que hace todo: entretenido tintineo en el teclado de arriba, y de rotunda sonoridad general en el enganche de los dos;con el descubrimiento de Michelangelo Rossi, de una modernidad asombrosa. De propina, un bis, Amor se giusto sei, del libro V. El público no se quería ir.

Magnífica Semana, repito. Un acierto recuperar Santa Clara. Las dos sedes principales son buenas (los Golem también para otros conjuntos). En términos pictóricos, San Miguel difumina más la línea;su reverberación da a los finales -sobre todo vocales- ese punto de huida hacia el infinito;pero se pierde claridad. Santa Clara se queda con todos los ecos en sus maravillosos retablos, cierra más la línea, pero la claridad es meridiana, se oye cada pellizco del clave;y la voz también queda arropada, protegida por la cercanía y las dimensiones. Y, otra consideración: hace treinta años se llenaba Santa Clara -única sede-;y en este último concierto, se agotaron las entradas. Nada se ha perdido. Al contrario, el futuro es esperanzador. En hora buena.

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