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Editorial de diario de noticias

Histórica Diada para no cerrar los ojos

La multitudinaria riada humana que desbordó las calles de Barcelona pone de nuevo en evidencia la demanda social en favor de la soberanía de Catalunya y la necesidad por parte del Estado de dar al fin cauce legal al derecho a decidir

Martes, 12 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

la tradicional Diada de Catalunya celebrada ayer fue una nueva y multitudinaria muestra de fuerza del independentismo y de apoyo al proceso iniciado, bajo el impulso de la sociedad civil, por las instituciones catalanas y cuyo horizonte aparece cada vez más cercano. Las cartas, por tanto, están sobre la mesa. Si alguien tenía la expectativa de que la estrategia de las amenazas y de la coerción iban a desmovilizar a la sociedad catalana tenía perdida la perspectiva de la realidad social y política. Catalunya ni quiere ni merece una fractura y un choque de trenes al que le ha obligado la cerrazón del Estado, desde la negativa del Ejecutivo del PP a escuchar sus demandas a la inestimable ayuda desde el inicio del Tribunal Constitucional, lo que ha llevado a un callejón sin salida. Lo dijo gráficamente Puigdemont: el Estado ha “desconectado” de sus compromisos con Catalunya. La cuestión está en un peligroso punto de no retorno en el que se está produciendo una “desconexión” mutua entre Cata- lunya, sus instituciones y la propia sociedad catalana y el Estado español. Es cierto que pese a ello el plan de desconexión sigue dotado de las mismas virtudes y carencias que antes de esta histórica Diada por el Sí, sobre todo por la dificultad de cohesionar esa mayoría en defensa de la autodeterminación en torno a una mayoría por la independencia por las dudas que sigue generando la presión judicial, la sostenibilidad económica y el panorama internacional. Pero igualmente es también cierto que la dimensión real de los deseos de independencia de la sociedad de Catalunya o de su rechazo a romper amarras con el Estado sólo podrá acreditarse en un proceso referendario con las debidas garantías democráticas y sin la amenaza constante de una intervención del Estado. La marea humana que ayer desbordó las calles de Barcelona -con el recuerdo silencioso a las víctimas del terrorismo yihadista de agosto- es una realidad que no puede ser obviada y contestada con el desdén, el insulto o la amenaza. Encarar el momento actual implica dejar de esgrimir la unidad del Estado como argumento inmutable y admitir que ésta solo será posible desde la libre adhesión. Y esa únicamente se obtiene de forma democrática permitiendo que la ciudadanía catalana se exprese aun a costa de que triunfe la desafección al actual proyecto de Estado que se insiste en imponer de forma unilateral.

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