Eliminando el 1 de octubre del calendario cristiano

Javier Quintano Ibarrondo - Viernes, 15 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

La política que no hace Madrid con respecto a Catalunya y Euskadi obliga a Madrid a andar en las arenas movedizas con la tabla de surf bajo el brazo y a introducirse a surfear sobre olas de calor.

A la pregunta de Sociales “Qué es una nación”, el profe pedía la respuesta más breve y exacta posible. Por eso escribí en la hoja de examen la solución matemática irrebatible: “La mitad de dos naciones, punto”.

En vez de vocación por el sacerdocio quizá convendría hablar de vacación por el sacerdocio al centrarnos en la época que nos tocaba vivir. Se nos había ido el santo al cielo vestido de internauta y los valores tradicionales erraban por la red SDF (sin domicilio fijo). La adoración nocturna de antaño se había transformado en esta otra adoración laica sin salir de casa, frente al altar del televisor y ágiles con el mando a distancia. Habíamos transformado a la Inmaculada en un puente, y ya predecíamos de antemano que ponía en marcha una operación salida con más de seis millones de desplazamientos.

Antes de que llegáramos al incendio número cien del verano la ministra era ya conocida por todos como la ministra del Medio Ardiente. Tras visitar la zona donde habían ardido 12.000 hectáreas y el fuego permanecía activo, la ministra descendía del helicóptero de la Guardia Civil para declarar ante las cámaras con una sonrisa: “Estoy como si hubiese acabado de caer en paracaídas sobre las líneas enemigas”.

En este país todos somos iguales ante la ley;¡y que se aflijan rey, emérito, aforados e indultados si no pueden serlo!

Mi maestro asegura estar muy preocupado. Educación y cultura nos ayudaban hasta hace unas décadas a distinguir lo posible de los imposible, lo probable de lo improbable. Y asegura que hoy ni la educación ni la cultura pueden prepararnos para eso. Diríase -se plantea- que hemos roto los eslabones que nos unen a la tradición. Luego nos cita los nombres raros de grandes pensadores y un vaticinio que él dice que les une: “Las cosas escapan y rebotan por todas las partes”. Es cierto que Cristóbal Condón no descubrió “Las Américas”. Pero ¡que le quiten lo bailao!