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el referéndum del 1 de octubre Jaume López Doctor en ciencia política y de la administración

“No se exige un umbral de votos para legitimar la victoria del sí”

Con el 1-O como telón de fondo, Jaume López reflexiona sobre el papel de los referéndums en las democracias y el futuro inmediato de Catalunya

Jurdan Arretxe - Viernes, 15 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Jaume López.

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pamplona - Suiza empezó a hacer referéndums para solventar bloqueos, pero en Catalunya el referéndum bloquea. ¿Por qué?

-Aunque siempre se repite que los nacionalistas son los periféricos, España está construida sobre una perspectiva nacional uniformista. Incluso en el imaginario colectivo de la gente es complicado concebir España desde un punto de vista plurinacional, lo que es más grave. Suiza, también a nivel de calle, se ha construido desde una visión natural de que hay cantones y comunidades. No sorprende esa arquitectura federal ni la arquitectura del referéndum que surge como consecuencia.

¿Por qué se llega a la situación de Catalunya?

-En los últimos años no se nos ha negado solo el carácter de pueblo, lo que tiene cierta tradición, sino también el problema. Se ha negado que hubiese una demanda soberanista y la narrativa en el contexto español ha sido que era una estrategia cortoplacista de una elite que intentaba salvar su partido. Si crees una narrativa falsa, no tienes recetas adecuadas para resolver un problema. No ha habido ni un solo paso por parte del Gobierno para responder a las demandas de la calle desde el año 2006.

¿El problema es el referéndum?

-No, es solo la expresión de la necesidad de la ciudadanía catalana de que su voluntad se tenga en cuenta como no se tuvo en cuenta con el otro referéndum, el del Estatut. La ciudadanía aprobó un texto, su ley fundamental, después fue modificado en aspectos sustanciales y no hubo otro referéndum. Además, hay una perspectiva histórica: las reivindicaciones soberanistas -e incluyo a federalistas e independentistas- no nacen en 2006. Algunas palabras de este debate son calcadas a debates de la Segunda República o la Mancomunidad de 1918.

¿Cómo se va a resolver esa “batalla de soberanías”?

-Tenemos ejemplos raíces de países más avanzados que España desde el punto de vista democrático que marcan la dirección, no es demasiado complicado buscar respuestas. Tenemos el ejemplo británico con Escocia y el de Canadá con Québec. En ningún caso se planteó una independencia unilateral. Primero hubo que conocer la voluntad de la ciudadanía, contar para ver qué apoyo tiene el proyecto. Con un resultado claro, trasladar esa voluntad a un escenario político que pase por la negociación. Catalunya y Puigdemont han dicho que no es negociable el referéndum, pero sí este referéndum.

¿Una hipotética reacción de Madrid inhabilitando de alcaldes puede provocar una reacción de la UE?

-No de los dirigentes políticos, que han de ser cautos porque solo existe el Estado español como interlocutor oficial, pero tenemos muestras de líderes de opinión mundial y editoriales como Financial Timeso Le Mondeque piden lo que para nosotros es obvio: un proceso de negociación para encauzar esas demandas. Esto no implica ningún resultado preconcebido. Negociar no es negociar la independencia en estos momentos, sino dar cauce a una voluntad recortada con el Estatut.

Con los planteamientos de la Comisión de Venecia de fondo, ¿el 1-O valdrá sea cual sea el dato de participación y el del resultado?

-Si hablamos de mínimos de participación o aprobación, la Comisión es explícita: no hay umbral para legitimar la victoria del sí. Hemos hablado de Canadá: Québec no es independiente porque el ‘no’ ganó con el 50,4% de los votos. Nadie lo pone en duda, pese a los pocos votos.

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