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La Yihad como concepto pacífico

Por Alberto Ibarrola Oyón - Sábado, 16 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

El terrorismo yihadista muestra aspectos divergentes, unos de carácter político-económico, otros de carácter religioso-social. Por un lado, el imperialismo y el neocolonialismo occidentales, las guerras de Irak, la falta de respeto a la soberanía de los países árabes y el intervencionismo en su política interna por parte de EEUU, Rusia y la UE, exacerban los sentimientos patrios más exaltados. Por otro lado, las diferentes interpretaciones del Corán realizadas a lo largo de la historia han dado lugar a corrientes religiosas islámicas, muchas veces antagónicas entre sí. Indiscutiblemente, el libro sagrado de los musulmanes habla de yihad o guerra santa, y este concepto está sujeto a diferentes lecturas, unas más belicosas que otras. Frente a las que postulan la legitimidad del asesinato y la guerra contra los no musulmanes, existen las que consideran que la yihad no se refiere tanto a la violencia, sino más bien a nociones comolucha pacífica,férreo voluntarismo,esfuerzo enconado o caridad extrema. Son estas versiones de paz las que deberían prevalecer sobre aquellas que promueven la guerra o el terrorismo, que constituye una perversión de cualquier consideración religiosa, puesto que de existir un Dios todopoderoso, su pulsión divina no podría ser sino de vida, nunca de muerte. Ningún experto coránico o teólogo islámico justificaría de buena fe los salvajes atentados de Madrid, Londres, Niza, Toulouse o Barcelona entre otros, sino que, muy al contrario, debería asumir la tarea de deslegitimar el terrorismo yihadista y retomar la tradicional exégesis coránica, que ha recurrido históricamente, lo mismo que con la Biblia, a la alegoría y al simbolismo para explicar determinados pasajes, rechazando una indeseable e injusta literalidad. Los criminales que han atentado indiscriminadamente contra la vida de personas inocentes en Barcelona o en otras ciudades europeas, las mismas que acogen hospitalariamente a los refugiados sirios y de otros países que huyen de la guerra y de las persecuciones, ignoran el significado profundo de las escrituras de la religión en cuyo nombre afirman actuar. Cualquiera que conozca a fondo el Corán estaría de acuerdo con un diálogo permanente e intenso entre las grandes religiones monoteístas, puesto que las numerosas referencias al Evangelio, a Jesús y a María, expresan un respeto exquisito por sus personas y lo que representan, lo mismo que las menciones a la Tora, el libro sagrado del judaísmo, que lo presenta también como escrito verdadero.

Europa podría ayudar a conseguir una interpretación coránica entre los refugiados más acorde con la paz mundial. Esta influencia positiva, no obstante, se debería dar sin una imposición del modelo occidental en los países árabes. Ellos mismos deberán evolucionar hacia nuevas formas de democracia compatibles con la cultura árabe secular. Occidente debería renunciar a su intento de dominar y explotar sus recursos naturales y replantearse la moralidad del comercio de armas con los que no respetan los Derechos Humanos, del cual extrae pingües beneficios económicos. Mientras tanto, tendremos que combatir con todas nuestras fuerzas el terrorismo yihadista, máxima expresión de la irracionalidad a que puede llegar el ser humano. Los propios musulmanes tienen una gran responsabilidad en su deslegitimación. Verbigracia, cuando la sociedad vasca se dio cuenta de que el problema fundamental del conflicto vasco lo constituía ETA, el asunto peliagudo del terrorismo encontró un cauce que llevó a su erradicación. Del mismo modo, si las organizaciones terroristas yihadistas se encuentran con la oposición radical de los exegetas del Islam, con el rechazo visceral de los musulmanes de todo el mundo y de todas las personas de bien, y se agostan sus fuentes de financiación, los individuos que las integran quedarían reducidos a la marginalidad y no podrían llevar a cabo sus acciones criminales.

El autor es escritor

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