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Cataluña: un problema mal planteado

Andoni Esparza Leibar - Domingo, 17 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Vivimos en un mundo que debe enfrentarse a problemas comunes, como el cambio climático. En este contexto, resulta preciso que los diversos patriotismos sean compatibles entre sí. En Cataluña parte de sus ciudadanos quieren lograr un Estado propio, en tanto que otros desean que siga integrada en España. Las dos son posiciones legítimas y fáciles de comprender.

Pero hay que lograr que ambas construcciones culturales coexistan. Ciertamente se ha avanzado mucho en este sentido. Recordemos que hace un siglo algunos de los intelectuales más conocidos (como Unamuno), propugnaban la desaparición del idioma catalán o del euskera, para un supuesto beneficio del castellano. Desde los otros nacionalismos, había quienes consideraban a este último idioma como algo extraño, a erradicar de su respectivo territorio.

Hoy todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria muestran su respeto (al menos teórico) por el bilingüismo. No obstante, aún permanecen muestras de la antigua mentalidad. El artículo 3.1 de la Constitución establece el deber de conocer el castellano. Pero el Tribunal Constitucional ha dictaminado que eso mismo no se puede aplicar al catalán. Es decir, no se da un tratamiento paritario a ambos idiomas. Por su parte el proyecto de Constitución para Cataluña que hicieron público los independentistas, contemplaba la oficialidad del catalán y del aranés, pero no la del castellano.

En el campo de la cultura (a diferencia de lo que sucede, por ejemplo, con el omnipresente fútbol) alguien puede estar integrado en dos grupos. El planteamiento de los Països Catalans es compatible con la Hispanidad. Se trata simplemente de resolver un problema que es, en gran parte, simbólico.

La Constitución española debería ser modificada para permitir el que se celebre un referéndum legal en Cataluña. Pero la solución de fondo viene de lograr, con carácter permanente, dos espacios propios y compatibles para ambos patriotismos. O, como dirían los etólogos, dos nichos ecológicos distintos. De esta forma, la diferencia entre estar regidos por un estado español o uno catalán sería prácticamente imperceptible.

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