Juan Gómez Bárcena Escritor E HISTORIADOR

“El racismo y los conflictos económicos que llevaron al Holocausto siguen operando hoy”

Gómez Bárcena hablará mañana (19.45 horas) en la librería Auzolan de su novela ‘Kanada’. Un acercamiento arriesgado y honesto a la Segunda Guerra Mundial

Paula Etxeberria Aixa de la Cruz - Lunes, 18 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

El escritor y crítico Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984) pertenece a la joven generación literaria que viene pisando fuerte.

El escritor y crítico Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984) pertenece a la joven generación literaria que viene pisando fuerte. (AIXA DE LA CRUZ)

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El escritor y crítico Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984) pertenece a la joven generación literaria que viene pisando fuerte.

Panplona- Tiene que tener una relación íntima y habitual con el silencio y sus propias obsesiones para meterse de la manera en que lo ha hecho en la piel de un superviviente del Holocausto.

-Sí. Por un lado el acercamiento viene de una dimensión académica, porque el Holocausto es un tema que como historiador he tratado mucho, pero también es verdad que a un nivel íntimo me interesa mucho el tema de la obsesión, de la neurosis, del sacrificio. Y el Holocausto te da ese contexto por antonomasia de la neurosis, del complejo de culpa, que vi mucho en los testimonios de los supervivientes.

De su visita al campo de concentración de Auschwitz salió ofendido por la musealización y teatralización de todo lo ocurrido allí.

-Sí. Hay varias cosas que siempre me han llamado la atención negativamente. Por un lado, esa teatralización: me daba cuenta de que los miles que pasábamos por allí nos estábamos comportando como turistas, lo mismo que ves un monumento bello, pues en este caso las pirámides de pelo humano, las pirámides de gafas, de zapatos de niño, todo con un gran dramatismo. Y siempre me ha molestado de la presentación del Holocausto que se centre más en la figura del verdugo que en la de la víctima, y que las víctimas aparezcan como un todo homogéneo de personas inocentes, sin fisuras, que casi no tenían personalidad. Y lo que uno constata cuando lee los testimonios es que lo más terrible que padecían los prisioneros era la necesidad de elegir entre ciertos niveles de cooperación para la supervivencia, las disensiones de los prisioneros, los conflictos, porque dentro de un campo a menudo los judíos se llevaban mal con los presos políticos o con los presos criminales... Estos elementos me interesan y quería mostrar una imagen del Holocausto en la que no se perdieran.

Hoy incluso la memoria histórica se vuelve producto comercial. El mercado, el capitalismo, acaban engulléndolo todo. Así no avanzamos...

-Sí, y ya no solo por una cuestión económica, sino que también la propia historia de los pueblos es un instrumento político. Habrá gente que entenderá que presentar el Holocausto no solo como un tema del que hablar del nazismo sino como un lugar para hablar de esas disensiones que había entre los prisioneros, en algún sentido es atacar la memoria de las víctimas, cuando para mí es lo contrario, es devolverles su realidad.

Hay atmósfera de claustrofobia y mucha dureza en las páginas de ‘Kanada’, y eso que la guerra ya ha acabado. Pero es entonces cuando comienzan otros muchos dramas...

-Sí, me interesaba ese momento porque es un tema muy poco tratado. Podemos entender con facilidad lo terrible que era vivir en Auschwitz, pero no solemos preguntarnos qué sucedía después. Yo mismo, las primeras veces que investigué sobre el Holocausto, tendía a imaginar que, una vez los rusos entran en Auschwitz o los americanos en Dachau, terminaba el sufrimiento;y en realidad lo que tenemos es millones de deportados que no tienen nada, que a menudo son ignorados o abiertamente atacados por sus compatriotas en el momento en que intentan recuperar sus posesiones, y me parecía una tragedia de la que se había hablado muy poco. Se ha hablado más de cuáles son las circunstancias que hacen que algunos de estos deportados vayan a Israel, pero muy poco de cómo estas millones de familias tienen que reincorporarse a países que les traicionaron, como el caso húngaro, que firmaron su sentencia de muerte, a menudo amparada por los propios vecinos de estas víctimas, y ahora tienen que regresar a vivir con esos mismos vecinos en esos mismos barrios, como si no hubiera pasado nada.

Como el protagonista de la novela, tampoco el mundo parece salir de esos terribles episodios pasados: hoy padecemos el drama de los refugiados, el terrorismo, los muros... Es un círculo que se repite.

-Sí. Tengo, y en la novela aparece claramente, una cierta concepción de la historia circular, lo que no quiere decir que cada cierto tiempo se repita el Holocausto ni mucho menos, pero sí quiere decir que esos principios nocivos que llevaron al Holocausto, desde el racismo hasta los conflictos económicos, siguen operando en nuestra sociedad: en el drama de los refugiados, en el auge de la extrema derecha en Europa y EEUU... son movimientos que tienen un parentesco con lo sucedido en el Holocausto.

Siendo el mundo como es, ¿la literatura es un lugar donde encuentra verdad? ¿Es una esperanza?

-Sí. La literatura en algún sentido nos lo da todo. Tampoco es solo un instrumento redentor;también los nazis tenían su propia literatura en la cual encontraban su verdad. Pero sí creo que la literatura hace algo muy importante: educar y desarrollar nuestra empatía, que es uno de los principios básicos para evitar los genocidios y para solucionar los conflictos. Me interesa mucho la literatura que intenta no fosilizar una visión del mundo, sino dar cabida al otro. Y es la que siempre he querido practicar.

Aunque está algo alejado de España porque vive en Roma...

-Bueno, he estado viviendo el último año pero ahora regreso a España.

¿Cómo ve el valor que se le da en España a la literatura?

-Es curioso, la valoración simbólica del escritor sigue siendo alta;tú en cualquier tipo de reunión señalas que eres escritor y siempre despiertas una cierta curiosidad. Pero este prestigio simbólico no se corresponde con un prestigio económico en ningún sentido. Hoy los escritores no podemos vivir de nuestro trabajo, y esto tiene que ver con que la literatura, como fuente de entretenimiento, ha perdido muchísimo peso, frente al cine, las series de televisión... Esto es imparable y tampoco es nocivo en sí. El cine debería tener tanto prestigio como la literatura... Pero está claro que esta crisis de la literatura como fuente de entretenimiento, económicamente tiene una repercusión negativa.

¿Y cómo ve España como lugar para que los autores noveles desarrollen una carrera literaria? Sus novelas han tenido mejor acogida fuera...

-Sí, en España esa inserción, para el escritor novel y no novel, es muy complicada. No tiene un fuerte sistema de becas como sí hay en otros países considerados incluso más pobres, como México;ni favorece en absoluto las formas de vida. España es un país hostil para desarrollar una carrera literaria, aunque tengo mucha confianza en la nueva hornada de escritores, que conozco bien. Tienen un muy importante futuro por delante.

El protagonista de su última novela se ve ante la enorme dificultad que implica empezar de cero cuando desaparece toda certeza. Llevando esta idea al ejercicio literario, ¿la tarea del escritor es más honesta si éste se despoja de certezas a la hora de enfrentarse a un folio en blanco?

-Creo que sí. A mí por lo menos no me interesa la literatura que parte de las convicciones, usando el libro como producto mercantil para hacer propaganda de una idea. Me interesa la literatura que arroja preguntas y respuestas, también al propio autor mientras trabaja. Cuando me senté a hacer Kanada no sabía cuáles eran mis convicciones y mis ideas al respecto. Es el propio proceso de escritura el que me da esas respuestas.

la novela

Editorial. Sexto Piso.

Páginas. 196.

Precio. 17,90 euros.

Argumento. Kanada comienza donde la mayoría de las novelas de la Segunda Guerra Mundial terminan: con el fin del conflicto. Porque en 1945 se interrumpen las matanzas, pero se inicia otra tragedia: el imposible regreso a casa de millones de supervivientes. El protagonista lo ha perdido todo. Solo le queda su antigua residencia, un improvisado refugio en el que acabará encerrándose para protegerse de una amenaza indefinida. x

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