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Acuerdo de enseñanza concertada, un retroceso

Por Rosa Guzmán Iriarte y Juan Pedro Urabayen Mihura - Lunes, 18 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

comenzamos denunciando el hecho que acabamos de constatar cuando Educación nos ha enviado el texto ya firmado por gobierno, patronales, SEPNA, UGT y LAB: éste es diferente al último borrador sobre el que todos los sindicatos habíamos tomado la decisión de suscribirlo o no. Se ha añadido un punto que se negoció en un encuentro a 3 bandas en el que ya no estaba ELA porque supuestamente éste había sido convocado solo para firmar. No entendemos este trato por parte del gobierno del cambio, menos aún la intención de proporcionar una pírrica victoria in extremis a sindicatos que siempre han sido soporte del Régimen, y a patronales como ANEG o CECE, algunos de cuyos directores pidieron explícitamente a sus plantillas el voto para UPN en las forales de 2015. Quede claro pues que ELA fue excluida de la última reunión negociadora.

Quienes trabajamos en colegios concertados educando al 38 % del alumnado navarro, nos vemos como currelas de una subcontrata barata que el Estado concierta con empresas al limitarse su oferta al otro 62% del alumnado. En este marco nos movemos, distinto al de otros estados de la UE, donde desde hace 2 siglos la educación básica está en manos del Estado y nadie pone en duda la libertad por eso, tampoco las distintas iglesias, que no están presentes en este campo sino en otros donde su labor es más necesaria. En la red concertada un pequeño grupo proviene del movimiento popular que -ya bajo el franquismo- creó las ikastolas porque la Administración no garantizaba el aprendizaje en euskera, y el grueso proviene de los colegios que órdenes religiosas abrieron para atender a las élites y también a una población de barrios y pueblos a la que un estado dictatorial y fallido dejaba sin atención.

Quienes trabajamos en esas empresas siempre hemos tenido más jornada lectiva semanal y menos salario que si hubiéramos trabajado en la otra red. Desde 1985 las leyes establecieron que cada autonomía fije anualmente nuestro salario y nos lo abone en nómina;pero quien nos contrata, despide y organiza el trabajo es el empresario. Las empresas educativas de ideario religioso están afiliadas a la patronal y bien incardinadas en la CEN. Por el contrario, el colectivo de 2.800 trabajadoras y trabajadores del sector tiene un bajo índice de afiliación sindical, que además se limita a 4 sindicatos, pues el resto no busca representarlos ni defenderlos.

Mientras gobernaron Navarra quienes apoyaron cambiar el artículo 135 de la CE, la alianza UPN-patronales-SEPNA recortó a la plantilla de concertada un 9,2% del salario, dejó de sustituir a los docentes hasta el 10º día y aumentó el alumnado por aula. Estos recortes al hilo de los de la red pública supusieron un deterioro de la calidad en la educación y una pérdida del 19% del poder adquisitivo.

Quienes hemos trabajado tanto por un verdadero cambio, nos estamos teniendo que esforzar mucho para que, en alguna medida, lo sea. Sorprende que con el PIB creciendo al 3%, el cuatripartito se haya limitado a copiar las subidas del 1 % de Rajoy, o que no haga lo posible por evitar a los trabajadores los perjuicios del pensionazo de ZP, que nos retrasó la jubilación a los 67 años, con el visto bueno de UGT, CEOE y CCOO. Desde ELA Concertada contactamos pronto con el consejero Mendoza para advertirle del peligro de olvidarse de la plantilla de concertada. Cuando por fin nos recibió ya era tarde, pues había presupuestado una subida del 1% para los de la red pública, pero no para nosotros. Al protestar los sindicatos sobre lo injusto de que seamos iguales para bajar el salario pero diferentes para subirlo, los socios del consejero vetaron nuestras mejoras. Solo la movilización unitaria nos trajo, con un año de retraso, una de las dos subidas del 1% que hasta ahora han tenido los de la pública, estando ahora a más distancia de ellos que con UPN (la LODE previó en 1985 que para 1992 estuviéramos al 95% de equiparación. Aún estamos esperando).

Cuando se destapó que vencía el Acuerdo de Navarra que complementa al pobre Convenio estatal que rige nuestras relaciones laborales, nadie reparó en que aún con ambos textos, estamos mal, y los citados socios volvieron a pedir que no se renovara dicho acuerdo. No obstante, Mendoza tuvo la valentía de abrir una mesa a 3 que no se reunía desde 2008, y patronales, sindicatos, y un gobierno con continuos cambios en todos los niveles de su equipo, hemos estado reuniéndonos durante un año.

Ante el ultimátum de la nueva consejera Solana (“o esto o nada”), los sindicatos salimos a los medios y nos movilizamos a fin de curso. También pedimos la mediación de la presidenta Barkos, que no nos recibió, aunque sí a las patronales. Éstas, ante la conflictividad que hubiera traído la aplicación del Convenio estatal que firmaron con SEPNA y UGT, decidieron prestarse a un acuerdo aunque supusiera un nuevo recorte para los trabajadores. Agosto acabó con reuniones precipitadas en las que la consejera nos ponía entre la espada y la pared: no iba a prorrogar más allá del día 31 la vigencia del Acuerdo de 2013, y si no nos aveníamos a firmar otro a la baja, gobierno y patronales suscribían el que habían pactado en verano, dejando fuera de la subida de 2017 al personal no docente y perjudicando aún más a los docentes mayores de 57 años.

Un 70% de la asamblea de nuestro sindicato ELA, con la presencia de la práctica totalidad de nuestros centros, decidió no firmar (un 5% votó firmar) un acuerdo que nos va a subir el sueldo en 2018 y 2019 en el mismo porcentaje que a los de la pública, va a poner sustituciones desde el primer día en 4 casos muy limitados, y va a tratar de que haya más transparencia en la contratación, pero no va a darnos la segunda subida que ya han tenido aquellos y nos va a empeorar las condiciones laborales: los docentes desde los 57 años no van a poder reducir más que dos horas (en junio nos ofrecían cero) de su siempre sobrecargada jornada lectiva semanal, y quienes estaban esperando a beneficiarse de ese reparto de empleo trabajando 4 horas semanales como las que se reducían a esa edad hasta ahora, van a quedarse con la mitad. Respecto a posibilidades de acceder a la formación pública o de recolocarnos más allá de 2018 también vamos para atrás con este acuerdo.

Continuar con las movilizaciones unitarias nos habría llevado a darle vuelta a este retroceso, y al menos conservar las medidas sociales que teníamos, en un año en que la recaudación de Hacienda ha crecido un 10 % y en que para el convenio con el Estado, Navarra ha presionado fuerte y prevé pagar 200 millones menos que los que irresponsablemente se pagaban. A la plantilla la teníamos atenta, entrenada en movilizaciones y motivada como nunca. Pero esos sindicatos fáciles para las otras partes, a los que la consejera ha denominado “muy responsables”, han decidido que más valía conservar algún mueble del naufragio que mantener el barco a flote. Mal precedente para lo que nos viene el año próximo. Cada uno lo deberá explicar, LAB por qué antepone intereses patronales o políticos a lo laboral, y SEPNA y UGT por qué aceptan nuevos retrocesos en vez de corregir su línea de firmar un mal convenio estatal cuando el sector siempre ha querido uno navarro. Alguno nos dice que no tiene lo que ELA: una caja de resistencia solidaria para afrontar conflictos con opciones de lograr verdaderas mejoras. ELA no va a fallar a la plantilla y no va a cejar en su empeño de seguir organizando y movilizando a un sector en el que aspira a representar mucho más que el actual 14 %, y con ello obligar al gobierno a no desentenderse de nosotros, y arrancar a la patronal un Convenio de Navarra que nos traiga la dignidad y la estabilidad de todos los puestos de trabajo.

Los autores son miembros de ELA Concertada Nafarroa

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