Cicatrices en cuerpo y mente

Aitor Martínez rememora las tres cornadas que sufrió en gemelo, muslo y axila hace un año mientras fotografiaba el toro ensogado de Lodosa

Iñaki Porto - Lunes, 18 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

El vecino de Burlada Aitor Martínez enseña las cicatrices provocadas por las cornadas de ‘Carcelero’, un toro de 500 kilos.

El vecino de Burlada Aitor Martínez enseña las cicatrices provocadas por las cornadas de ‘Carcelero’, un toro de 500 kilos. (IÑAKI PORTO)

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El vecino de Burlada Aitor Martínez enseña las cicatrices provocadas por las cornadas de ‘Carcelero’, un toro de 500 kilos.

burlada- Acude sereno a la sesión de fotos. Se la planteé hace unos días y no puso reparos. Todo fueron facilidades. El sábado se cumplieron 365 días, un año exacto. El primer toro ensogado en honor a la Virgen de las Angustias que recorría las calles de Lodosa, un morlaco de 500 kilos de la ganadería marcillesa de Merino Gil y de nombre Carcelero, le asestó tres cornadas al burladés Aitor Martínez Goyeneche. Una en el gemelo, otra en el muslo y una tercera en la axila. “Ando detrás de la cabeza del toro. El ganadero ya sabe que estoy interesado en ella, pero no sé si han sacrificado al animal... Tengo dudas de si la acabaré consiguiendo”, explica.

Aitor es conocido en fiestas de media Navarra, en las que participa con diferentes txarangas tocando la trompeta. Su otra afición es la fotografía. Realiza habitualmente instantáneas de rallys. “En ocasiones me he puesto en peligro en las cunetas fotografiando coches y nunca me ha pasado nada, pero esta vez…”, dice con un tono de fastidio en su relato, de mala suerte. Desde 2009 Aitor hace fotos del toro ensogado de Lodosa. “Antes hacía vídeo, y desde detrás de la cámara en ocasiones no apreciamos el peligro al que nos exponemos”, detalla.

“El toro se arrancó e intentamos pasar por el hueco que quedó entre un coche mal aparcado. Me quedé el último y me pilló. Intentaron quitármelo tirando de la soga, pero era imposible. Se cebó conmigo”.

Las cornadas de la piel van cicatrizando. ¿Y las de la cabeza? “He visto muchas veces las fotografías de la cogida e incluso algún vídeo. No me supone nada. Pero los días de ingreso en el hospital fueron lo peor. Tu cabeza sabe que tu cuerpo se va a recuperar pero no sabe hasta dónde o si te van a quedar secuelas;te asaltan las dudas, si voy a poder seguir trabajando, tocando la trompeta, haciendo fotos… La vida normal. Le he dado muchas vueltas y he llorado mucho, pero vamos saliendo”, dice.

La recuperación fue complicada: un mes de ingreso, cuatro días con la bomba de morfina para paliar los dolores, antibiótico por vena durante quince días etc... “Una experiencia que se puede contar, que es lo importante. ¡Lo puedo contar!”, explica aliviado.

Después, ocho meses de baja, sacrificio y mucha constancia para afrontar una rehabilitación que le permita recuperar el tono muscular y la movilidad. “La cabeza es la que no sabe por dónde va a seguir el cuerpo. Ves que no puedes y a base de tesón vas viendo la mejoría. A la cabeza le cuesta... Lo he pasado mal y cuando lo pienso me vengo un poco abajo, me desmoralizo”.

Aitor es corpulento y pelirrojo, características que le hacen reconocible en los lugares donde se mueve. “Tanto en la clínica Ubarmin como por Sanfermines me ha reconocido gente de Lodosa y me ha parado para preguntarme qué tal estaba. Hay mucha gente que se ha preocupado, tengo que agradecer sobre todo a la familia y a los amigos, a mis compañeros de trabajo que, al ser una empresa pequeña, han tenido que soportar mi ausencia, a Cruz Roja, al Ayuntamiento, a los sogueros, a la txaranga, a la gente de Ubarmin…”.

Aun no siendo taurino, Aitor reconoce que el toro en Lodosa se vive con pasión. “A las noches cuando vamos tocando con la txaranga se nota en la calle menos ambiente, la gente adelanta el descanso para el toro del día siguiente”.

Este año no ha querido tentar a la suerte y repetir experiencia, y ha preferido quedarse “en el piso para no dar que hablar” y llevarle “un ramo de flores a la Virgen por el capote que me echó el año pasado”. El primer toro de las angustias da nombre a las fiestas y está tatuado en la piel;cicatrices en el cuerpo, cicatrices en la mente.