David Diamond director de teatro y creador de ‘theatre for living’

“El teatro permite que atravesemos aquello que separa a las personas”

Una entrevista de Ana Jiménez - Martes, 19 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

las claves

pamplona- Rescatando la esperanza de la cultura del miedo es el título del encuentro artístico que el director de teatro David Diamond ofrece hoy en la Escuela Navarra de Teatro. Se trata del broche final de Theatre for living, el curso impartido por el canadiense la semana pasada en la capital navarra. La cita, en inglés y programada a las 20.00 horas -3 euros-, será una oportunidad para introducirse en la técnica de teatro que explora colectivamente problemáticas, miedos y esperanzas comunes presentes, según Diamond, en las comunidades.

Haciendo referencia al título del encuentro de hoy, ¿en qué consiste “rescatar la esperanza de la cultura del miedo”?

-Se nos está dando el mensaje de que tengamos miedo, mucho miedo, y el miedo hace posibles un montón de cosas insanas. Empecé a pensar en esto hace muchísimos años, antes de que se eligiera a Donald Trump (risas). Investigué acerca de las palabras esperar o esperanza y descubrí que la esperanza en realidad es un proceso mental: yo estoy en una situación mala y espero llegar a una situación mejor. De alguna forma, esperar es un verbo que implica movimiento, no se trata de sentarte en el sofá y esperar a que las cosas mejoren. Y uno de los enemigos de la esperanza es el miedo, porque puede paralizarnos. Para rescatar la esperanza de una cultura del miedo, primero tenemos que identificar nuestros miedos colectivamente, investigar de dónde vienen y qué nos dicen, e intentar buscar un tipo de antídoto y cambiar nuestra relación con esas voces que nos dicen que tengamos miedo. No creo que se trate de derrotarlas, porque el miedo también puede ser nuestro aliado y dependiendo del volumen adecuado, el miedo por ejemplo nos ayuda a estar alertas, pero si subimos mucho el volumen, el miedo es un enemigo.

¿Cómo se trabaja esto en el evento, ligándolo con el teatro?

-En el evento todo viene absolutamente del público, no hay actores, no hay una obra ni un guion predefinido, sino que encontramos entre todos una historia. Usamos el teatro para trabajar en un nivel específico muy práctico, porque a partir de esa especificidad podemos hacer algo universal, aunque si intentas ser muy universal y genérico, no consigues nada... Así que es la conciencia que está ahí, presente en la habitación no individualmente, sino en la comunidad viva, puede cambiar nuestras relaciones con las voces del miedo para que podamos vivir vidas más sanas. Enseguida esto hace que entremos en lo que podríamos llamar investigación política, y como esperar es un verbo, nos lleva también a una acción.

Ha trabajado con Theatre for living en países como Canadá, Brasil o Namibia y con públicos muy diversos, ¿hay puntos comunes entre tanta diferencia?

-Las culturas empaquetan algunas cosas de manera diferente, pero nuestros miedos son los mismos y las esperanzas también, estamos hablando de cosas muy humanas. Algunas personas piensan que esta respuesta no tiene sentido, pero yo tengo el privilegio de viajar por todo el planeta y me encuentro una y otra vez la realidad: los seres humanos son solo eso, seres humanos. Las cosas que nos separan no vienen dadas por la naturaleza, sino que son construcciones humanas. El teatro es un lenguaje simbólico bonito y permite que cortemos y atravesemos aquello que nos separa.

¿Cómo se enriquece el arte del teatro mediante este trabajo desde las comunidades, explorando conflictos humanos comunes?

-Hablando desde lo que veo en Canadá, creo que algo ha sucedido en el teatro durante los últimos 30 años, lentamente. Nos hemos enamorado de la forma y hemos abandonado un poco el contenido. Nos interesa más el espectáculo que la autenticidad, y cuando voy al teatro es súper impresionante lo que veo, pero a veces salgo sin que me importe lo que he visto. Es como ver fuegos artificiales, hemos perdido la humanidad del teatro. Creo que estamos cometiendo un error porque intentamos competir con la televisión o la industria del cine, y, ¿que han hecho muchas películas? Han redescubierto la humanidad del contar historias y en este momento el teatro lo está olvidando.

¿Cómo es la dinámica de trabajo en Teatro para la vida, que parte del modelo de teatro del oprimido, creada por el dramaturgo Augusto Boal?

-En Pamplona hemos hecho lo que yo denomino nivel 1 de entrenamiento entrenamiento y formación, y no es un proceso intelectual, es un proceso físico y emocional. Hago con ellos lo que llamo con ellos un proceso de empoderamiento, cuando voy y trabajo con una comunidad, hago que en seis días, personas que son extraños el primer día, al sexto día ya están haciendo obras que ellos mismos han construido sobre sus propios asuntos para la comunidad. Nunca escribimos el guion, es una emergencia de la obra desde la consciencia del grupo y en la formación fundamentalmente creamos el espacio para que eso pueda pasar. Este ha sido un grupo precioso, con gente de muchos sitios: Nepal, Alemania, Bulgaria, Reino Unido... Precisamente, por esa diversidad sus miradas también son diferentes, pero siempre pasa: empezamos siendo desconocidos y la humanidad que es común entre nosotros hace que emerjan obras muy potentes. Tenemos conversaciones profundas y complejas, y no tenemos por qué estar de acuerdo entre todos, y realizamos varios ejercicios.

¿Cree que se puede llegar a una comunidad a nivel global, o es demasiado utópico?

-Vivo en Vancouver, en Canadá, cerca de las naciones asiáticas y pegado a EEUU, y estoy muy preocupado, creo que vamos a ir a la guerra y no hay nada que pueda hacer (risas). Hace muchos años me di cuenta de algo: mi tarea no puede ser salvar al mundo, pero lo que sí puedo es hacer el trabajo que he descubierto y que he aprendido a hacer. Puedo ver esas transformaciones humanas ahí delante un montón de veces y confiar en que de alguna forma, deje este lugar donde he nacido un poco mejor de como me lo encontré. Es todo lo que podemos hacer. El conflicto es complicado, es evolutivo y no estaríamos aquí sin él. Hay mucha gente que no desea conflictos, pero lo necesitamos. Está el conflicto creativo, aunque también hay conflicto horroroso y destructivo. El reto no es que no haya conflicto, sino encontrar la forma de vivir en un conflicto creativo. Y cuando cruzamos la línea y se convierte en un conflicto destructivo, recordar que todos de verdad estamos conectados a los otros. Quizá es utópico, pero somos el único animal en este planeta que tiene necesidad de destruirlo.

“Usamos el teatro para trabajar desde una conciencia colectiva, no individual”

“Las culturas empaquetan algunas cosas diferentes, pero nuestros miedos y esperanzas son los mismos”

“El teatro que se hace ahora en Canadá es como ver fuegos artificiales, hemos perdido su humanidad”

“Necesitamos los conflictos, pero el reto es encontrar la forma de vivir en un conflicto creativo”