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Música

Nuevo y clásico y violonchelo

Por Teobaldos - Martes, 19 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Festival de Música Contemporánea de Navarra

Orquesta Sinfónica de Navarra. David Johnstone, violonchelo. José Trigueros, dirección. Programa: Kantuz para violonchelo y orquesta de Joseba Torres. Arquitecturas de Jesús Echeverría. Concierto para cello y orquesta de Koldo Pastor. Lugar: sala principal del Baluarte. Fecha: 15 de septiembre de 2017. Público: floja entrada.

una de las bases compositivas más comunes a lo largo de la historia de la música es el recurso a los ritmos y canciones populares vividos por los compositores -(rusos, eslavos, nuestro Falla…)-. Es una fuente inagotable, y enlaza muy bien con la comprensión y gusto del público. En todo tipo de músicas. En nuestro entorno, desde la espléndida nómina de clérigos capuchinos, hasta Remacha, pasando por Aldave, Huarte, Acilu, etc han cuidado esta faceta. Los más jóvenes, también, pero, quizás no tanto;o, por lo menos, no tan comprensivamente para el oyente. Joseba Torre es uno de ellos, aunque se haga un poco difícil entresacar la melodía popular del magma orquestal. Kantuz es una hermosa obra para chelo y orquesta, donde el violonchelo surge de la bruma orquestal, con un canto francamente humano, ayudándose de glisandi y mimetizándose, con muy bellas aportaciones tímbricas, con el oboe u otros instrumentos. La orquesta, tratada con sonidos de viento, detalles de txalaparta, y una sonoridad envolvente pero austera, respeta el canto solista.

Arquitecturas de Jesús Echeverría es, claro está, una construcción. Una construcción que seguimos cuidadosamente desde sus cimientos -esos “ostinatos” muy definidos-, hasta los espacios vacíos -silencios-, con unas líneas largas y pronunciadas de sonido. (Oteiza, al fondo, según dice el autor). En su segunda arquitectura, Echeverría parte del caos, para ordenarlo. Después del minucioso trabajo de delineante de Arquitectura I, se agradece el cambio radical y el golpe orquestal del caos. A partir de ahí, a mi me gustó mucho, el progresivo orden que va imponiendo el compositor, comenzando por el ritmo en contrabajos, buscando lo fundamental -el bajo continuo bachiano-, hasta llegar -con esporádicas vueltas al caos- al lirismo exacerbado en violines. Una obra de exposición clara, bien entendida por el director y muy bien interpretada por la orquesta: ambos implicados totalmente con las nuevas músicas.

Koldo Pastor es uno de esos compositores que utiliza con frecuencia la tradición popular -sobre todo la vasca- en sus obras. Pero, precisamente, en este concierto para violonchelo y orquesta, que hoy estrena, nada hay -o por lo menos yo no lo percibí- de base popular;más bien, Pastor ha utilizado -o eso es lo que se percibe en la primera escucha- el gran repertorio del siglo XX como base (a mi juicio se escucha a los grandes rusos, a los impresionistas, Stravinsky…), en un trabajo, en el mejor sentido de la palabra, muy clásico. Tres movimientos -allegro, lento, allegro-, virtuosismo endiablado para el solista, carácter algo sombrío en el lento, original diálogo entre concertino y chelo, y exhibición de virtuosismo, también para la orquesta, en el tramo final, que, por otra parte, entierra un poco, al violonchelo.

Extraordinaria labor de David Johnstone: músico entusiasta, que se sobra de su labor de primer chelo de la orquesta de Navarra, para ser un verdadero factótum musical. La preciosa propina que dio -una canción popular- lo define: acogedor y bueno.

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