la carta del día

Alcanzar las estrellas

Por Manuela Jiménez Garrido - Martes, 19 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

El parque de Yamaguchi, hermoso lugar, con sus bien diseñadas veredas que me permiten disfrutar de cada uno de sus rincones, campas de intenso verdor, la variada vegetación, las fuentes, el estanque… Todo un placer para los sentidos y podríamos decir también para el intelecto con el añadido de un jardín muy especial: el jardín de la galaxia.

Me adentro en él a través de un corto camino asfaltado que termina en el centro galáctico todo rodeado de grava donde se sitúan los brazos con la réplica vegetal de la vía láctea. Como es natural, trato de acercarme a uno de ellos para informarme de la leyenda que tiene cada planta y saber a qué estrella o nebulosa representa pero, como si de arenas movedizas se tratara, mi silla de ruedas se hunde en la grava, me quedo clavada y no puedo avanzar ni para delante ni para atrás. Unos amables visitantes del jardín me sacan del atolladero y, solidariamente, se ofrecen para acercarme a las espirales. Agradecida, declino su ayuda por el riesgo a una caída y por el ímprobo esfuerzo que tienen que hacer para rodar por tan movidizoterreno.

Salgo del jardín profundamente decepcionada preguntándome: ¿Cómo es posible que los ideólogos de esta obra que está considerada como el primer jardín europeo de estas características y el segundo en el mundo, que han buscado el prestigio invitando a dos importantes astronautas, el español Pedro Duque y el italiano Luca Parmitano, para que planten sendos árboles, hayan pasado por alto, en tan gran inversión, algo tan sencillo, necesario y poco costoso como idear un terreno más accesible para que todos puedan alcanzar cada una de las partes de la galaxia?

Ya fuera, echo la vista atrás y veo al jardín como la representación metafórica de la imposibilidad de alcanzar las estrellas.

Después, caminando por el parque, observando lo que me rodea: el paseo sosegado de las personas con las que me cruzo, el alegre bullicio de los niños, una joven leyendo un libro, el elegante movimiento de los patos en el estanque…, transforman mi ánimo y pienso: ¡qué hermoso lugar, el parque de Yamaguchi!