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Música

La alegría de otro comienzo

Por Teobaldos - Domingo, 24 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Orquesta sinfónica de navarra y orfeón pamplonés


Fecha: 21/09/2017. Lugar: sala principal del Baluarte. Programa: Tres números de Nerabe Sorta de Aldave. Sinfonía de los juguetes de Leopold Mozart. Noven sinfonía de Beethoven. Público: tres cuartos de entrada (30, 24, 15 e. Con rebajas para jóvenes).

comienzo de los conciertos de abono. No del curso de la orquesta, que se ha implicado -y bien- en los festivales veraniegos (flamenco, música antigua y música contemporánea). Saludos a los vecinos de butaca, y bastante satisfacción, en general, por comenzar por la sinfonía de las sinfonías;aunque la alegría no fuera total;se comenta: “ya no llena ni la Novena”, en referencia a los tres cuartos de entrada. En cualquier caso, la orquesta titular del ciclo, esta abierta a todo y a todos. También a los compositores más cercanos -este año, bien representados-;como Pascual Aldave, que fue director del Conservatorio de Pamplona, y profesor de toda una generación de músicos. Sus composiciones están fuertemente influenciadas por el impresionismo francés (trajo al conservatorio los nuevos métodos de París) y la rica y hermosa música popular de su entorno lesakarra. Su Nerabe Sorta es un excelente ejemplo: Wit elige tres de las cinco partes, presentándolas acomodadas al habitual “allegro-lento-allegro”;la versión es correcta, aunque creo que las dos primeras partes requieren un poco más grosor orquestal hacia el impresionismo;muy bien el solo de concertino;excelente el “pizzicato” (ese delicadísimo taconeo de los danzantes) de la última, con un matiz “piano” increíble. La Sinfonía de los Juguetes de L. Mozart, entretenida, con los críos bien ensayados.

La actitud de escucha ante la Novena de Beethoven, salvo en casos excepcionales, es la del que sabe a qué se enfrenta. Siempre desde el entusiasmo, por lo menos en el cuarto movimiento. La Novena fluye sola. Es tan sublime que con sólo darla -no es lo de menos, es durísima para las voces y muy comprometida para algunos instrumentistas-, levantará del asiento su volcánico final. Pero, a su vez, el conocer la obra, exige cierta versión personal en los intérpretes, sobre todo en el director. La Novena está llena de contrastes, y su movimiento coral bascula entre las versiones que dan a la marcha un fraseo más ligado (somos hermanos y nos abrazamos), o las que inciden en el “staccato” de la marcha (que se noten las botas). Wit opta más bien, por este último aspecto. A mi juicio dejó que corriera la sinfonía -de arriba abajo-, en una versión de la que extraje algún detalle;como el Alle Menschen, radicalmente cortado, que pocos lo hacen;un sonido “camerístico” de las maderas, muy hermoso, y una bella exposición de las melodías por la cuerda, ambos en el tercer tiempo;y poco más. No fue una versión majestuosa (quizás porque conozcamos versiones con ocho contrabajos), de esas en que los graves también entran por el estómago. El coro -creo que 98- estuvo bien (no me canso de insistir en la dureza de la partitura) pero es una obra que lleva más tiempo ponerla en voz. Los solistas: espléndido el barítono Menéndez;precioso timbre el del tenor Robin Tritschler;bien Pilar Vázquez en su parte poco lucida;y más deficiente la soprano, tanto en timbre como en fraseo en su comprometido agudo. Y, sin embargo, la Novena es la Novena. Éxito rotundo.

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