El pintor navarro Eduardo Córdoba expone en Sarajevo

Arte para la memoria colectiva

El pintor navarro Eduardo Córdoba expone en Sarajevo en el 25º aniversario del asedio, como homenaje a la resistencia cultural a la guerra. Una muestra para el recuerdo compartido

Un reportaje de Patxi Amilibia. Fotografía Patxi Cascante - Domingo, 24 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:12h

La Galería Nacional de Bosnia-Herzegovina, con el cartel de muestra.

La Galería Nacional de Bosnia-Herzegovina, con el cartel de muestra.

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La Galería Nacional de Bosnia-Herzegovina, con el cartel de muestra.La Galería Nacional de Bosnia-Herzegovina, con el cartel de la muestra.Mikel Córdoba, hijo del autor, y sus nietos, el sarajevita Inas e Izai.A la izquierda, inauguración de la muestra el pasado 14 en Sarajevo. Sobre estas líneas, el artista Eduardo Córdoba.El primer ministro Elmedin Konakovic, y, detrás, la ministra Semiha Borovac, el autor y autoridades.
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Cuando se cumplen 25 años del sitio de Sarajevo, el asedio más largo de la historia moderna (5 de abril de 1992 a 29 de febrero de 1996), el pintor navarro Eduardo Córdoba ha llevado su obra a esta ciudad, para reivindicar la memoria colectiva y la resistencia cultural a la guerra. Una iniciativa que las autoridades locales creen que puede ser el comienzo de una colaboración más amplia entre la capital bosnia y Pamplona.

La Galería Nacional de Bosnia-Herzegovina, un magnífico edificio de la época austrohúngara, acoge esta exposición denominada Sarajevo, anfiteatro de la memoria, inaugurada el pasado 14 de septiembre y abierta al público hasta hoy domingo 24, en torno a la cual se han organizado diversas actividades y foros de reflexión y debate sobre los trágicos sucesos de aquellas fechas y el papel desarrollado por la cultura como herramienta de oposición a la guerra.

El acto inaugural contó con la presencia Semiha Borovac, ministra de Derechos Humanos de Bosnia-Herzegovina;el primer ministro del cantón de Sarajevo, Elmedin Konakovic;el cónsul de España, Nuño Santos, representantes diplomáticos de Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Europea, miembros de varias ONG, pintores locales y numeroso público que abarrotó el salón de la galería.

Eduardo Córdoba señaló que habían sido los lazos familiares y su compromiso con la memoria colectiva los motivos que le habían llevado a exponer sus cuadros y esculturas en la ciudad balcánica. Así, explicó su especial vinculación a Sarajevo a través de su hijo Fermín, afincado allí desde hace una década, y dijo que esta muestra está dedicada a Inas, su nieto sarajevita. “Esta muestra es un homenaje a Sarajevo en el aniversario del sitio, del desgarro y del dolor”, dijo y definió sus cuadros como “textos visuales y narrativos, elaborados a través de forma, color y materia, en sustitución de sujeto, verbo y predicado, cuya finalidad es profundizar en la memoria colectiva”. “Planteo esta exposición como un espacio de encuentro y reflexión que contribuya a superar el horror y la tragedia que causó la guerra”.

RESISTENCIA Y PREVENCIÓNSemiha Borovac se refirió a Eduardo Córdoba como “un gran amigo de Sarajevo, que ha plasmado en esta muestra la resistencia de los ciudadanos durante una época muy dura”. La ministra se mostró fascinada con la obra y recalcó “el profundo sentido que tiene para la ciudad y para prevenir otros episodios de violencia”.

Por su parte, el mandatario del cantón de Sarajevo señaló su “satisfacción por los amigos que Sarajevo sigue teniendo en todo el mundo, que no olvidan el sufrimiento al que fue sometida esta ciudad y sus vecinos”.

Elmedin Konakovic agradeció a España la ayuda que prestó a Bosnia-Herzegovina durante y después de la guerra, mostró su satisfacción porque esa solidaridad llegue ahora desde Navarra, a través de un artista pamplonés, y manifestó su esperanza e interés en que esta iniciativa cultural “pueda ser el inicio de una colaboración más amplia entre dos ciudades con memoria, como son Pamplona y Sarajevo”.

Por último, el representante de la embajada española, con cuyo apoyo se ha realizado la exposición, definió esta iniciativa como un puente entre España y Sarajevo en busca de un espacio común. Nuño Santos subrayó las referencias que contiene la obra de Eduardo Córdoba al Gernika de Picasso “como una invitación a la reflexión individual y colectiva sobre lo ocurrido en ambos países”.

La cIUDAD COMO LUGAR DE MEMORIANo es la primera vez que la obra de Eduardo Córdoba viaja a otros países. En 1997, expuso en París bajo el título El tiempo de cerezas, evocando el espíritu libertario del mayo francés.

Y tampoco la elección de la ciudad como elemento inspirador de su obra es novedad en los trabajos de Córdoba;al contrario, el espacio público, ese lugar de contradicciones, luchas sociales, debate, encuentros y desencuentros, es una constante en sus trabajos artísticos. En el caso de esta exposición, la ciudad y la memoria colectiva de un drama, que se prolongó durante casi cuatro años, están reflejados en todos y cada una de las piezas que integran la muestra.

Cada cuadro o escultura -Eduardo Córdoba les denomina capítulos- pone el dedo en la llaga de un conflicto que se desarrolló en una ciudad con forma de espacio escénico, de anfiteatro. Dan cuenta de ello títulos como Centro y centralidad. Una ciudad con vistas;Sarajevo, lento y sosegado. Un café, hablar y callar con amigos;y Todos somos memoria y frontera que transgredir.

Pero la colección incluye también otras obras más específicamente referidas a los motivos de la guerra, a su desarrollo y a la difícil reconstrucción de los destrozos: Identidades y pertenencias;Las religiones y lo religioso;Solidaridad;El Gernika y Sarajevo. Resistencia cultural. No a la guerra;Sociedad civil, resistencia, convivencia y futuro;La gestión interesada del dolor de la guerra;La nostalgia contamina la memoria, o Solo el amor cura la locura.

25 años después del sitio, Eduardo Córdoba ofrece a Sarajevo su punto de vista y sus reflexiones de observador comprometido, con la intención de invitar a un debate social transversal, que ayude a la construcción de una memoria colectiva y, por tanto, compartida, único modo de ir restañando heridas todavía sangrantes.