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Reírse de la soberbia

Con ‘El autor’, Manuel Martín Cuenca vuelve a Donostia con el objetivo de satirizar sobre el ego de los artistas “por hacer cosas que marquen una época” y “tratar de incomodar al espectador”.

Un reportaje de Alex Zubiria
Fotografías Javi Colmenero

Domingo, 24 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Javier Gutiérrez salta al cielo donostiarra durante la presentación del filme que protagoniza.

Javier Gutiérrez salta al cielo donostiarra durante la presentación del filme que protagoniza.

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  • Javier Gutiérrez salta al cielo donostiarra durante la presentación del filme que protagoniza.
  • María León, Adelfa Calvo, Adriana Paz y Javier Gutiérrez.

¿Comedia? ¿Dónde has visto una comedia?”, preguntaba irónicamente a un periodista ayer Manuel Martín Cuenca en la sala de prensa del Kursaal. “Es un drama”, aseguraba sobre El autor, el filme que le ha traído una vez más al Zinemaldia para competir por la Concha de Oro.

Tras presentar hace cuatro años en Donostia la perversa y curiosamente, cruda, Caníbal, el director almeriense ha buscado salirse de su zona de confort, sin dejar al margen su sello, y jugar con el humor en una historia negra. “En realidad es una sátira, una exageración basada en la realidad y que sirve para que los autores nos riamos de nosotros mismos y del ego y la ambición que tenemos por hacer cosas que marquen una época”, aseguraba.

La película está basada en el libro El móvil de Javier Cercas y narra la historia de Álvaro, interpretado por Javier Gutiérrez, por conseguir su anhelo más deseado: escribir una gran novela. El personaje hará todo lo posible por lograrlo, y de ser necesario, lo llevará a cabo manipulando la realidad de sus vecinos.

Si en su anterior trabajo, Cuenca llevaba a su rol protagonista de la máxima deshumanización a que el espectador finalmente se acercara a él, para esta ocasión ha jugado con un proceso inverso. “La empatía con un personaje que cambia a bien y se convierte en más guapo, más alto y más estupendo, nunca me ha interesado. Yo quiero incomodar al espectador, pero sin tener que engañarle, lo que lo haría más fácil y no se debe hacer”, añadió.

Asimismo, el cineasta aseguró que su propósito real en Donostia es “conseguir que alguien me escuche y ponga dinero para que haga otra película”. “Donde realmente disfruto es en el set de rodaje, es lo que me gusta y lo que sé hacer, y a donde siempre quiero volver”, comentó.

defender al personajeConseguir una atmósfera ideal que permitiera el desnudo, físico e interior, de casi todos los personajes, era fundamental. “Cuenca es uno de los mejores directores de actores”, señaló Javier Gutiérrez al respecto, quien sin lugar a dudas tenía la tarea más complica de todas al dar vida al protagonista. “Los actores no debemos criticar a los personajes, sino defenderlos”, aseguró el actor, añadiendo que al comienzo del rodaje se encontraba muy asustado por el respeto que le daba enfrentarse a este rol. “Ahora, en cambio, pienso en los sofocos que le entrarán a mi madre cuando me vea con todo al aire”, bromeó.

Pero Gutiérrez no fue el único que sufrió con la preparación del filme. María León, quien da vida a la mujer del protagonista, aseguró que Cuenca ha jugado con ellos. “Preparando la película descubrí otra distinta, y al verla, otra”, aseguró. Una opinión que también comparte otra de las intérpretes de la producción, la mexicana Adriana Paz: “El set que prepara es sagrado. Consiguió que estando en casa pensara como lo estaría haciendo mi personaje”.

Entre estos roles secundarios destaca por encima de todos el trabajo de Adelfa Calvo, quien emocionada ante la situación, señaló durante su comparecencia que en sus interior siempre había estado la posibilidad de que le llegase una oportunidad así. “Es un reto y un regalo que Cuenca me ha ofrecido”, señaló casi entre lágrimas, a pesar de que “sea capaz de gritar cinco y acción y estar rondado como si fuera un perro para distraerte y que todo lo preparado desaparezca”.

Por último, el músico José Luis Perales, quien pone la banda sonora al filme, “mi primera vez para una película”, aseguró sentirse identificado con el protagonista. “Cuando escribo una canción siempre tengo a la realidad como el punto de partida. Y si no llega la inspiración, también me bloqueo y me entran ganas de gritar”, concluyó.

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