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Empate fuera de casa

Osasuna se agarra a la suma

El equipo rojillo nunca teme por el marcador y, en una tarde sin acierto en el remate a portería, gestiona a la perfección la consecución de un punto en el campo del Reus

Javier Saldise | Agencia LOF - Domingo, 24 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Clerc se adelanta a Máyor y Oier en la pelea por un balón sin dueño.

Clerc se adelanta a Máyor y Oier en la pelea por un balón sin dueño. (Agencia LOF)

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Reus - La puesta a punto de Osasuna como uno de los equipos favoritos del torneo quizás necesite partidos como el de ayer, en el que la diferencia con su contendiente resulta palpable, pero ya que no se tiene puntería, o la chispa de acierto no se enciende, se sabe gestionar esta tarde con la luz a medias y, si no se puede ganar, al menos, tampoco se pierde.

Osasuna se llevó un punto del campo del Reus en un encuentro en el que nunca sintió la presión y el miedo de cuando ronda una derrota y sólo se le puede achacar que no anduvo con el punto de mira bien afinado. Superior al conjunto catalán, también ambicioso y con evidentes muestras de ir a por el partido, el equipo navarro completó curiosamente uno de los partidos más continuos y regulares en cuanto a intensidad y despliegue, en cuanto a ritmo y perseverancia -no hubo arreones o trances de arrebatamiento como en otros encuentros-, pero curiosamente se quedó sin victoria. Con el campeonato más avanzado, con todo el personal más y mejor rodado, quizás Osasuna temple lo suficiente su calidad -ayer hubo detalles de varios jugadores que demuestran que en esta plantilla circulan tipos muy finos con la pelota y la gestión del juego- y también destile más su espíritu asesino como para no dejar escapar a más rivales como el de ayer. Feliz con el punto logrado ante un gigante.

El equipo de Diego Martínez ha mejorado sus prestaciones defensivas y, aunque el Reus no le puso en muchas ocasiones a prueba, la confianza de los equipos también se multiplica en partidos de este tipo, en los que la portería se guarda a cero y todo el mundo se nota más serio. Si sólo se sumó un punto en el casillero, al menos sí se sumaron sensaciones. Los rojillos solo han perdido un partido en la Liga y continúan por ahora su racha, que es mucho en esta categoría donde ante cualquiera se puede pegar uno un tortazo.

Regresó Osasuna a la alineación que se debe considerar por ahora clásica en la Liga y también a su sistema de estos últimos encuentros. Los rojillos fueron durante muchos minutos del primer tiempo los que mandaron el partido, hasta que el Reus, un equipo estrujado en su campo ante la calidad y el tesón osasunistas, se sacó algo de la presión y logró estirarse. De hecho, la ocasión más clara de la primera mitad, y a la postre del partido, correspondió a los locales. Sergio Herrera, de espectador la mayor parte del primer acto, demostró que es un portero con maneras, que responde en estos duelos uno contra uno con los delanteros, y mandó a córner un zapatazo de Fran Carbia que se veía dentro.

Fue la nota discordante de una primera mitad en la que Osasuna dominó, pero no acabó de firmar ocasiones claras -el mal estado del terreno de juego no ayudó-. Un par de cabezazos de Quique -el delantero más empeñado en buscar la portería rival-, tras saques de esquina de Roberto Torres, fue lo más hiriente de los rojillos, que no necesitaban apretar mucho para mantener a raya a su rival. El plan de acción del Reus era la sorpresa con pases largos y las contras, no había más. Un menú muy escueto, pero suficiente para medirse a un rival mejor al que le correspondía tanto proponer más como tener el mando.

La guerra de clases que se plantea en la Segunda, la reunión de historias en esta categoría a mitad de camino entre los más grandes y los medianos, hace que clubes errantes por categorías inferiores se topen con otros que vienen de comer con mantel de lino y cubiertos brillantes en las citas con los mejores. Y como esta división liquida las diferencias y tiende al igualitarismo, cada encuentro se convierte en una rareza. El Reus, por esto, le mantuvo la pugna a Osasuna hasta mediado el segundo tiempo, cuando comenzó su capitulación absoluta, su desaparición de las zonas de peligro para los rojillos, que no habían visitado mucho, salvo en las acciones a balón parado.

A partir de ahí, cuando el partido ya encarrilaba la recta final, tuvo Osasuna unas cuantas oportunidades como para haber logrado la victoria. Xisco, en un remate en semifallo, y Sebas Coris firmaron un par de acciones con peligro antes de que en los minutos postreros Quique se tomara casi como cuestión personal el asunto del gol y protagonizara entonces tres acciones de remate que terminaron por plantear la rendición anímica del Reus, que andaba mirando de reojo la hora porque firmaba feliz quedarse con un punto. Un punto al que Osasuna, en una tarde en la que no le vino a visitar el acierto, tampoco hizo ascos. Es agarrarse a la suma.


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