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José Esparza: “Una vez jugué en el labrit para 2.500 curas”

José Esparza (Lodosa, 1929) es un mito viviente de la pelota a mano, modalidad de la que en 1952 se convirtió en el primer campeón del mundo individual de la historia

Javier Leoné | Patxi Cascante - Lunes, 25 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

José Esparza muestra las manos con sus retorcidos y maltrechos dedos.

José Esparza muestra las manos con sus retorcidos y maltrechos dedos.

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Lodosa - “Gané el campeonato de España de 1951, pero al año siguiente perdí contra Ogueta. Tenía la mano derecha mal y, aunque el doctor Arrondo me echó una inyección de novocaína, probé y no había forma. Así que tuve que jugar solo con la zurda y aún así solo me ganó por cuatro tantos. Después, en los partidos de preselección, en el primero le dejé en 9, en el segundo en 6 y al tercero no se presentó. En El Diario Vasco pusieron que gané 22-0. Luego vino el Mundial. Dejé a todos mis rivales en cuatro, así que soy el primer campeón del mundo de la historia”. Así comienza la conversación con José Esparza, que a sus 88 años exhibe la prodigiosa memoria de la que presume. “Tengo por lo menos 100 números de teléfono en la cabeza”, aporta como prueba. “Lo del Mundial fue después de la inauguración del Labrit”, añade, aunque le baila la fecha exacta. “De eso no me acuerdo y eso que tengo buena memoria”, se justifica. Y es que han pasado 65 años. Casi toda una vida para el protagonista.

Contrastando el discurso de Esparza con lo almacenado en la hemeroteca, casi todo concuerda: la lesión que le impidió rendir a su mejor nivel contra Ogueta en el Campeonato de España de 1952, la polémica que suscitaron los partidos de preselección para acudir al Mundial que disputó contra el manista vitoriano -eso sí, en los periódicos de la época solo se habla de una eliminatoria previa, y no de dos, antes de la incomparecencia del alavés- y su éxito en la primera edición del Campeonato del mundo de pelota para aficionados, disputada en San Sebastián en 1952 y en la que Esparza ganó todos sus partidos por idéntico resultado: 22-4.

También existen artículos referentes a su participación en la apertura oficial del frontón Labrit, de la que el pasado 15 de junio se cumplieron 65 años. “Inauguración brillante”, tituló en su edición de un par de días después Diario de Navarra, que también se hacía eco del partido que disputó el lodosano: “A mano, individual: Esparza (Navarra), 16, Azpiri (Vizcaya), 4. Se presentó Esparza totalmente recuperado, y en una demostración de sus inmejorables cualidades para la lucha individual se impuso fácilmente sobre el vizcaíno, que no es mal pelotari que digamos, sino todo lo contrario, pero que encontró enfrente un hombre en plena forma y muy superior a él. Hizo 6 tantos de saque por 0”. Al escuchar la escueta crónica, Esparza asiente casi en cada palabra.

“He jugado tantas veces en el Labrit...”, rememora bucólico, pero enseguida recupera su tono divertido y absorbente para recordar uno de los cientos de partidos que disputó en el frontón pamplonés. “Una vez jugué en el Labrit para 2.500 curas y tuvo su gracia. Jugamos los hermanos Arbizu, Justo Dufur y yo, y al entrar se me escapó un ‘joder’. Un cura me escuchó y preguntó a ver si era yo el de Lodosa. Acertó. Tuve que pedir perdón y decir que se me había escapado”, admite entre risas. “Mirabas a la grada y era todo negro”, añade en referencia a las sotanas de los que aquel día poblaron la grada. “Los curas nos avisaron para jugar y ¡qué vas a hacer! Jugamos gratis y además tuve que pagarme el autobús para ir hasta Pamplona. Valía cinco duros. Menos mal que nos invitaron a comer, porque si no...”, revela con un tono que mezcla la queja con la sorna.

Pese a su dilatada trayectoria -dice que jugó hasta los 71 años- y sus numerosos hitos como manista, José Esparza nunca llegó a convertirse en profesional, al menos no tal y como actualmente se conoce esta figura. “Jugué muchos partidos con Empresas Unidas, pero no estaba en nómina, solo iba cuando me llamaban”, explica, circunstancia que no le impidió medirse con y junto a los grandes profesionales de la época. “He compartido partido con Gallastegi, Atano III, Bolinaga, los Arriaranes, Kortabitarte...”, presume, y es entonces cuando le asalta un recuerdo: “De profesional sí que estuve una vez, en Sestao, y me dejaron 11.000 duros sin pagar. Un día fui con mi mujer a reclamar el dinero y agarré a uno de los empresarios por el pecho, pero nunca cobré”. Y habla de asuntos monetarios porque sus primeros años en los frontones resultaron complicados por la escasez de recursos económicos: “Jugábamos sin tacos porque no teníamos dinero. En cambio, ahora gastan un rollo de esparadrapo en dos partidos”. Matiza a continuación que “después comenzamos a ponernos algo de protección”, aunque no demasiada. “Así tengo los dedos. Menos dos, los demás están rotos”, dice mientras muestra sus retorcidas manos.

Viajes, Ahorros y amigos Esparza enlaza historias con una agilidad impropia de un hombre de 88 años. Sin prisa, pero sin pausa. Así surge otra. “Una vez fuimos a jugar a Salamanca y estuve un mes sin poder volver a casa porque no había medios de locomoción como los de ahora. Jugábamos dos partidos a la semana y nos pagaban 1.200 pesetas por cada uno de ellos. Nos daba para ganar unas 9.000 pesetas, pero de ahí había que descontar nuestros gastos y las 20 pesetas de jornal que teníamos que pagar a los peones que se quedaban cuidando nuestros campos”, argumenta quejoso.

También habla de apuestas. El tema surge al ser cuestionado sobre Agustín Asenjo, palista de Berbinzana que en los años 60 y 70 reservaba el Labrit de su propio bolsillo para jugar a pala en solitario y que terminó llenando el frontón con sus disparatados desafíos. “Claro que le conozco”, reconoce. “Áquel jugaba el que más, pero se vestía de blanco y no veía la pelota”, analiza son sorna. “Un día jugó con un banco de dos metros atado al cuerpo”, cuenta Esparza, que termina admitiendo que en aquella época “todos hacíamos cosas raras”. Y relata algunas de las que él mismo protagonizó: “Yo he llegado a jugar atado a la mano de mi compañero, y me acuerdo que una vez, con 71 años, siendo monitor, me jugué dos euros con un chaval de 15 años de Mendavia al que entrenaba. En un partido a 12 tantos, porque con mi edad ya no podía aguantar más, le dejé en 7. Le cobré la apuesta, pero como se quedó tan serio, al rato le devolví el dinero. ‘Ya sabía que me los ibas a dar’, me dijo. ‘Si me lo llegas a decir antes, me tomó una cerveza con ellos’, le contesté”. Genio y figura.

Así fraguó amistades de todo tipo, incluso con Ogueta, su archienemigo en la cancha. “Después del Mundial de 1952, jugamos una revancha a dos partidos y me ganó. En Pamplona, 22-21; y en Vitoria me dejó en 9. Ahí le dije: ‘Amigo, te dejo que te vayas’. Y fue cuando empezó a subir, porque, cuando jugamos la primera vez, él no había cumplido todavía los 17 años y yo tenía ya 23”, explica en otra exhibición memorística. “Él cumple los años el 2 de septiembre y yo el 19 de julio”, añade de carrerilla. Y lo hace para introducir otra anécdota que en su día compartió con el mítico pelotari vitoriano: “Tuvimos una gran amistad. Precisamente en el viaje a Salamanca, adonde fuimos juntos, le dije que el jueves era mi santo -se refiere a su cumpleaños- y que, si me felicitaba, le invitaba a cenar. La cuestión es que llegó el día, pagó él la cena, que nos costó seis duros, y cuando nos fuimos a la cama le recordé que no me había felicitado y que había perdido la oportunidad de que pagara yo. Nos llevábamos muy bien”.

Pero no toda la conversación con José Esparza se centra en el pasado, ya que el lodosano es un ferviente seguidor de la actualidad pelotazale. “Ahora están jugando la Feria de San Mateo y veo los partidos que dan por televisión. Mi mujer se murió hace seis meses después de estar enferma durante muchos años, pero, cuando estaba bien, íbamos a Logroño a comer y luego nos guardaban dos asientos en el Adarraga. Y al Labrit iba siempre que podía”, revela. También escoge a su favorito: Aimar Olaizola. “Ha tenido siempre más juego que el resto, pero Martínez de Irujo también ha hecho diabluras. Es una pena que haya tenido que dejarlo por ese problema cardíaco que le salió”, analiza en otra exhibición conocimiento de la actualidad. Para rematar, añade que “Bengoetxea VI también me gusta”, momento que aprovecha para recordar que ejerció de botillero del tío del leitzarra, Juan Mari, y de otras estrellas de la época como Lajos y Martinikorena. “Lo dejé porque me gastaba más de lo que recibía”, concluye.

No caben en estas líneas todas las historias que vivió y que aún recuerda José Esparza, al que solo le apenan las lesiones. “Lo peor son las roturas”, admite, pero su condición de pionero en la consecución de un título mundial y en la participación en la inauguración del frontón Labrit son parte de la historia de la pelota. Y eso es mucho.

El documental

El sábado, otro pase de ‘Labrit 65’

A las 17.00 horas en civivox Condestable. José Esparza es uno de los ocho protagonistas del corto documental Labrit 65, obra audiovisual elaborada por la Fundación Kantxa Pelotazale y Pandas Producciones para conmemorar las bodas de platino del frontón. Tras el preestreno de hace una semana, Labrit 65 volverá a proyectarse el sábado a partir de las 17.00 horas en civivox Condestable.

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