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Alberto García FOTÓGRAFO

“En mis autorretratos reconozco mi angustia, aunque trate de disfrazarla”

‘La línea de sombra’ es el título del documental que protagoniza el fotógrafo leonés. Dirigida por Nicolás Combarro, opta al Premio Nuevos Directores

Nagore Olkoz Esti Veintemillas - Lunes, 25 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Alberto García Alix, fotógrafo.

Alberto García Alix, fotógrafo. (ESTI VEINTEMILLAS)

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  • Alberto García Alix, fotógrafo.

san sebastián- “Si ayer fotografiaba silencio, hoy fotografío mi propia voz”, dice García Alix en uno de los poemas visuales de La línea de sombra. El documental desnuda al fotógrafo y muestra las luces y las sombras de su intensa vida como creador. Ha sido dirigido por Nicolás Combarro, su colaborador desde hace años, que le ha permitido mostrar a la persona detrás del artista de un modo más naturalista, “a diferencia del trabajo de Alberto, que es una persona a la que le gusta construir la imagen hasta la extenuación”, afirma Combarro. La línea de sombra es el testimonio de una búsqueda, de un renacer constante. Narrada desde la intimidad de su estudio, la película plantea un viaje entre presente y pasado, un diálogo abierto entre su vida y su obra. Como no, en riguroso blanco y negro.

¿Cómo se ha sentido al exponerse ante una cámara que no es la suya?

-Ha sido cansado, han sido cientos de horas de entrevistas y francamente, no me he sentido cómodo, porque soy muy pudoroso. No me gusta verme cuando otros me retratan. Pero, Nicolás Combarro, el director, ha trabajado muchos años conmigo y es un gran amigo. Me contó que quería hacer el proyecto y me pidió que participara. Le dije que sí, pero con la esperanza de que no lograra poner en marcha el proyecto (ríe), pero finalmente se cumplió. Ya no podía echarme atrás.

La línea de sombra es también el título de una novela de Conrad, uno de sus escritores predilectos. ¿Qué encuentra en este autor?

-El título para el documental nace de una exposición que comisarié en Madrid y Valencia, y en la que también estaba Nicolás, y elegimos ese mismo título. Me gusta mucho Conrad, es uno de esos escritores a los que vuelvo, porque alimenta mi romanticismo. Es un hombre que se hace matar por una culpa que no tiene, y siempre a través de una revelación, no después de pasar mucho tiempo pensando.

Es usted un gran lector. ¿Hay algún otro título que le haya marcado especialmente?

-Con 19 años leí Viaje al fin de la noche, de Céline, y me dejó “tocado” para siempre. Nunca llegué a pensar que se podía contar tan profundamente la vida. Había leído a Bukowski y a más autores, pero Céline tocaba al alma. Y siempre me pregunté a quién me parecía más de los dos personajes protagonistas. O era un cobarde como Bardamu, o un perdido como Robinson.

Robinson persiguiendo una felicidad ilusoria y Bardamu rechazándola. Podría albergar un poco de los dos.

-Sí, dependiendo del día, me siento más Bardamu o más Robinson (ríe).Como en la novela, el documental recoge esa toma de conciencia del paso de la inocencia a la madurez, ¿Cómo vive su particular línea de sombra?

-Como fotógrafo soy muy consciente del paso del tiempo. Veo que lo que más atrapa la fotografía es el tiempo. Tiene ese valor añadido. Y como la fotografía sigue rodeando toda mi vida, no me permite reinventarme. Lo que tengo es lo que hice.

Quizás no reinventarse, pero sí renacer. ¿No tiene la sensación de haber vivido muchas vidas en una?

-Sí, muchísimas. He vivido muchas experiencias y muy intensas, a veces no estamos preparados para ellas. Somos como somos, ¿o somos como éramos? Cuando estás viviéndolas, muchas veces no las ves, es el tiempo el que las coloca en un lugar. Somos producto de un tiempo y de un pensamiento, y sin aquellos años convulsos que viví, por ejemplo, en los 70 y 80, no sería lo que soy.

Aunque el primer carrete que tiró fue en color, optó enseguida por el blanco y negro, que es una de sus señas de identidad. ¿Qué le aporta?

-Así es, mi primer carrete fue en color, fotografié una carrera de motos a la que solía acudir mi hermano. El color me gusta, pero es cierto que hay demasiadas opciones para elegir, es un modo de expresión en sí mismo. Con el blanco y negro encontré la manera de expresarme.

Su apuesta rotunda por el sistema analógico, ¿es también inamovible?

-El sistema digital no me ofrece las propiedades que yo busco, ni más velocidad ni más poesía. En un aspecto más personal, creo que el digital me arrebataría ese gran momento que para mí es soñar con lo que voy a descubrir al revelar una foto. El tempo que se produce desde que tiro una foto hasta que la veo me permite soñar con si acerté o no con aquello que vi.

¿Qué ve cuando se mira a sí mismo en sus autorretratos? ¿Encuentra algo nuevo?

-Sigo encontrando mi angustia, mi angustia vital, la reconozco, aunque la intente disfrazar.

La fotografía le ha enseñado a descubrir sus profundidades.

-Sin duda, la fotografía ha sido una gran formación. No nacemos con la “mirada”, la “mirada” se educa, y con el tiempo aprendes a descubrir y a descubrirte.

¿Ha dejado de mirar en algún momento?

-Mirar es un ejercicio, y para ello se necesita una predisposición. Cuando tengo la cámara, nunca dejo de mirar. La cámara capta una fragmentación de un todo, y es ahí donde me ejercito, eso es lo que me conduce al trance de mirar.

las claves

“No nacemos con la ‘mirada’, es algo que se educa, y con el tiempo aprendes a descubrir y a descubrirte”

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