Música

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Por Teobaldos - Lunes, 25 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

PROXIMA CENTAURI

Festival de Música Contemporánea de Navarra. Proxima Centauri: Marie Bernardette Charrrier, saxos y dirección. Sylvain Millepied, flauta. Hilomi Sakaguchi, piano. Clement Fauconet, percusión. Christophe Havel, electrónica. Programa: obras de Cage, Dudebout, Havel, Fernández, Thierry de Mey, y Gilles Racot. Lugar: civivox Condestable. Fecha: 22 de septiembre de 2017. Público: lleno el espacio habilitado (gratis).

Proxima Centauri, el grupo bordelés que nos visita en este interesantísimo panorama de nuevas músicas, añade a sus extraordinarias dotes musicales detalles visuales. Dominan sus respectivos instrumentos convencionales -saxo, piano, flauta, percusión-, con momentos francamente brillantes en el piano y vibráfono, por ejemplo;y establecen una relación muy acertada y novedosa entre el instrumentista y el ordenador, es el caso de Havel -electrónica- y Charrier -saxo-. Su altísima cualificación, además, les permite abordar obras complejas, desde cierto sentido del humor. En ese ambiente humorístico comenzó la velada, al abordar el cuarteto de John Cage con unos tubos de cartón, de distintos tamaños, a los que lo mismo percutían, que soplaban, sacando cierta variedad de sonidos, según su oquedad. Era como traer a la complejidad de la partitura -y del ritmo sincopado- la, tan extendida hoy, percusión callejera. Buen comienzo. Mandala de B. Dubedout fueron seis minutos fulgurantes de corriente surgida del saxo, flauta, piano y vibráfono, en la que éste último aporta, además, una visualización de su complicada ejecución que ayuda a entender el sonido. Christophe Havel, el electrónico del grupo, da una lección de la buena relación que debe haber entre los instrumentos en vivo, su amplificación, y la manipulación en la mesa. Al virtuosismo de la excelente pianista, que lo mismo tocaba el teclado, que el arpa del piano, y que lanzaba sobre ésta pequeños rodillos metálicos;se unía el saxo de la directora del grupo -M.B. Charrier- que ella misma manipulaba, en sus volúmenes, con un pedal;-a modo de la organista que saca y mete la expresión-, de acuerdo con lo ella misma produce. Me gustó, especialmente, esta experiencia, porque, a mi juicio, el gran peligro de la intromisión de las grabaciones en los instrumentos en vivo, es que éstos últimos pierdan su voz propia. Aquí todo se manipula, pero el instrumento permanece. Ignacio Fernández, con su Holstenwall nos ofrece dos estupendos dúos, flauta y saxo, al comienzo, y, piano y vibráfono, francamente espectacular;de nuevo aquí la música se enriquece con la visión del intérprete. La electrónica aparece como un fondo un tanto impreciso, pero se imponen los instrumentos. Musique de tables de T. de Mey, es, en realidad, una coreografía;concretamente se hizo para el prestigioso coreógrafo Wim Vandekeybus. Es un alarde de disciplina para los tres intérpretes y de delicadeza, en su levísima tímbrica y cuidado de las manos. La idea me recordaba un poco a los nudillos de nuestros flamencos. La última obra -Versus de G. Racot- es un resumen de todo lo expuesto: sutileza del vibráfono, riqueza y dificultad del piano, variedad de sonido en el saxo (soprano o barítono), y la flauta, e introducción de la electrónica, en esta obra un poco más difuminada. Excelente velada. Por los intérpretes, el programa y, quizás, también, porque, al ser la quinta, ya tenemos el oído hecho a estas músicas.