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la carta del día

Arte contemporáneo: el público (y III)

Por Natxo Barberena - Lunes, 25 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

¿qué ha pasado con el público del arte contemporáneo? Venimos del siglo XX donde en el arte se ha llevado hasta sus últimas consecuencias la renovación continua. Y para ello, la estrategia casi siempre ha sido la provocación, la exageración y la exaltación de lo absurdo. Era una forma de llamar la atención del público, de la crítica, de hacerse un hueco con un gesto que se vestía de novedosa actualidad. Todo se hacía provocando o fingiendo la provocación, llegando a tal nivel de abuso, de reiteración de la misma estrategia, que se volvió falsa, vacía. El público se saturó de lo mismo, se le convocó tantas veces a la exhibición la supuesta novedad, que cuando acudía a admirarla lo único que veía era una proclama disparatada aburrida y repetida. La misma crítica de arte ya no sabía ni qué decir, la desorientación era tal que enmudeció antes de hacer el ridículo.

La ansiedad del artista por llegar a la gloria cuanto antes, sin esfuerzo ni rigurosidad; la avariciosa irresponsabilidad del mercado queriendo vender todo a base de poner en valor lo que no valía; y la falta de una crítica seria, analítica y valiente, vació de contenido al arte que se presentaba una y otra vez en las salas de exposición. Esto conllevó al cansancio y hartazgo del público. Así, poco a poco, se fueron vaciando las salas hasta quedar en ellas, el artista, el cuidador de sala y como mucho el día de la inauguración las amistades del artista. La reflexión que se hacían estos artistas no era si lo estaba haciendo bien, sino que la gente no les entendía, que la gente no estaba a la altura, que la gente se había quedado atrás mientras él evolucionaba. Podemos cuestionar al público, seguir cargando las culpas sobre su falta de sensibilidad, su falta de interés por la cultura. Esta parte del público siempre ha existido y existirá, eso es en parte inevitable. La pregunta que entiendo que hay que hacerse es: ¿qué hacemos para atraer al público que sí está formado, es sensible y disfruta de la cultura?

Porque hay mucha gente que estamos ávidos de saber, de ver, de sentirnos algo más que meros autómatas en una sociedad del consumo. Como bien dice Rosa Olivares: “Vivir no es solo respirar y andar, es entender, intentar descifrar las claves de nuestro entorno, de eso que llamamos sociedad, de eso que creemos que puede ser la vida. Para entender esas claves tenemos la cultura y el conocimiento, que generan opiniones y dudas, capacidad y necesidad de mejorar, de cambiar, de ser”.

El público de arte contemporáneo existe, claro que existe. Lo que pasa es que se ha vuelto muy exigente, ya no es un mero espectador de la extravagancia del artista de turno, de la supuesta rareza creada. No, eso ya no le atrae. Al público hay que explicarle lo que se le presenta y esa explicación tiene que ser convincente, asentada en una reflexión y análisis profundo. El público tiene que sentir que lo que se expone (cualquier tipo de modalidad artística) tiene un sentido con lo que se le dice, que la obra no esté vacía de contenido ni que sus palabras se vuelvan palabrería sin conexión con la obra. Ya no admite el engaño.

Pero si el artista se empeña en seguir mirándose al ombligo, en seguir manteniendo que crea exclusivamente para él mismo sin importarle el público… desprecia al público y este le dará la espalda. El grave problema es que esta actitud no solo es individual, sino colectiva y además respaldada por organismos oficiales donde estos artistas buscan refugio y amparo. ¿Va a dejar el público que paga con sus impuestos, mantener durante más tiempo esos espacios que le menosprecian? El modelo que triunfa y se mantendrá vivo es aquel que lo tiene en cuenta, es decir, aquel espacio o centro que programa múltiples actividades diversas que atraen a múltiples pequeños públicos diferentes. Donde se aprovechan las sinergias creadas y sepas que cuando acudes a tu actividad preferida, allí pasan más cosas que invitan también a verlas. Donde sí hay residencias de artistas se les dotan de talleres preparados y equipados, se les exige exponer y explicar su trabajo elaborado durante su estancia. Donde se tenga en consideración al artista local fomentando la exposición de su trabajo. Un centro donde se posibilite el encuentro entre artistas, el intercambio con otros centros, el acercamiento del público. Un lugar de enriquecimiento continuo, porque continuamente pasan cosas interesantes. Porque el público se crea y se hace grande por contagio.

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