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Teresa Catalán música y compositora

“Quizá ahora pueda oírse más claro y alto todo lo que he defendido; un premio no te cambia, te impulsa”

Algo abrumada, humilde pero consciente del trabajo realizado durante años, Teresa Catalán responde con la amabilidad pegada a la palabra, como siempre

Fernando F. Garayoa - Martes, 26 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Teresa Catalán, música y compositora, Premio Nacional de Música.

Teresa Catalán, música y compositora, Premio Nacional de Música. (OSKAR MONTERO)

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Pamplona -¿Cómo ha recibido la noticia?

-Con alegría. Ha sido una llamada oficial, y la verdad es que me ha sorprendido y me he quedado un poco paralizada, no sabía qué decir ni qué hacer... solo dar las gracias, no se me ocurría otra cosa. Ha sido el ministro de Cultura (Iñigo Méndez de Vigo) quien me ha llamado y me ha dicho que era un premio muy merecido pero que se remitía a las opiniones del jurado que había otorgado el galardón para la consideración de los méritos. En cualquier caso, estaba encantado; ha sido un llamada protocolaria pero cariñosa.

-¿Qué siente cuando le llama el ministro de un Gobierno que casi ha defenestrado la música de las aulas en educación primaria para darle un premio nacional de composición?

-No era el momento exacto para ponernos a hablar de eso (risas). Pero espero que, desde la posición que uno puede tener en el hiperespacio musical o de la cultura de este país, pueda oírse más alto y más claro todo lo que he defendido yo a lo largo del tiempo, porque un premio no te cambia, te impulsa.

Lorenzo Ondarra, Acilu, Remacha, Goicoechea... Navarra siempre ha sido excelente cantera de compositores, ¿se siente heredera de todos ellos?

-Sí. Navarra tiene que estar muy orgullosa de los músicos que ha tenido y que tiene. Hay que tener en cuenta que la Comunidad Foral probablemente sea uno de los pocos lugares pequeños que ha tenido representación interesante en cada una de las generaciones de compositores que se han sucedido a lo largo de los siglos XX y XXI. Lorenzo Ondarra ha sido Premio Nacional de Música, González-Acilu ha sido dos veces Premio Nacional de Música... Y luego nombres como los que has mencionado y otros muchos más, porque también hay gente joven con unas capacidades y cualidades fantásticas. Y también, por otra parte, está el Grupo de Pamplona, y mucha gente que sigue trabajando. Es un orgullo que Navarra debería sentir al pensar que de aquel conservatorio de Remacha han salido muchos músicos y que se ha mantenido esa tradición. Ojalá no se pierda la música en Navarra, siga siendo potente y continúen las generaciones de compositores navarros estando presentes y activas en los distintos grupos que se formen en el futuro... A mí me preocupa el futuro, el pasado nos tiene que enorgullecer, pero eso solo es ejemplo e impulso para el futuro, que es hacia donde hay que mirar.

Mezclando su preocupación por el futuro, su trabajo con los jóvenes compositores y el hecho de que Teresa Catalán estrenara tres obras el pasado año, ¿por qué no se programan más obras de compositores contemporáneos, y ya no digamos estrenos?

-Hay un problema de fondo que se debería solventar... El problema siempre está en la educación, en los planes de estudio; la música antes era colateral, pero ahora ya ni es. La gente no está formada para disfrutar la música en toda su expresión, no solamente en lo que se refiere a música de consumo. Y esto es un mal de fondo que se va reflejando con el paso de las generaciones; cada vez hay menos público en las salas de conciertos, y los programadores, lo que quieren, lógicamente, es que vaya gente. Y, ¿a dónde va el público mayoritariamente? A las obras históricas; digamos que los clásicos nos hacen una especie de competencia desleal. Es mucho más seguro ir a escuchar una obra que ya conozco, me da igual decir la novena de Beethoven que la sexta de Tchaikovski, que ir a escuchar una obra que van a estrenar y vete a saber qué es. Porque es muy complicado comprender, y además no hemos generado la expectativa de saber a dónde vamos y qué vamos a recibir. Esa situación lleva a que vayan desapareciendo programaciones que incluyan música contemporánea, y los que más sufren esta situación son los jóvenes. Pero bueno, cuando empecé tenía la misma sensación, de por qué a los jóvenes no se nos programaba, y la realidad es que cuando uno está empezando tiene pendiente el camino. En cualquier caso, lo que hay que decir es que el que resiste, vence, y, personalmente, estoy volcada en la formación de gente joven porque creo que somos portadores de un conocimiento que no solamente hay que salvar sino acrecentar y transmitir.

“Una sociedad sin educación, muere; pero sin educación artística, dejará de soñar”, ha afirmado. ¿Estamos dejando de soñar?

-Sí, sí, hace mucho ya... Estamos pensando en divertirnos y no nos acordamos ni de soñar. Solo pensamos en lo lúdico y, además, en el instante, con urgencia y con prioridad, no se piensa ni en el antes ni el después. Y soñar es proponerse algo, es perseguir, alcanzar, esforzarse o amar algo. Y si uno solo piensa en divertirse, se le ha olvidado todo esto...

Ha recibido el Premio Nacional de la Música, que llega tras otros cuantos reconocimientos, la mayoría estatales, a sus obras y trayectoria... Y, sin embargo, en Navarra, su tierra, nada de nada. Quizá debiéramos hacérnoslo mirar y reflexionar...

-Pero a mí no me corresponde esa reflexión. Yo lo único que he hecho es trabajar, y seguiré trabajando, y sigo mi camino. Amo a Navarra, soy navarra por encima de todo y allá donde estoy, está Navarra. Ni me acuerdo de esto, no es algo que me ocupe ni me preocupe.

Miembro del actual consejo navarro de la cultura, tras unos cuantos años anteriores muy duros para la cultura, ¿hemos reconducido el camino a la hora de apostar por la educación, la promoción y la potenciación de los jóvenes músicos y compositores navarros?

-Estamos haciendo camino. En Navarra, si queremos pensar en el futuro de los jóvenes músicos y compositores, de toda esa potencia y calidad que tiene la gente joven, que es verdaderamente impresionante cuando se ve de cerca, casi aturde, en lo que tenemos que pensar no solo es en la cultura sino también en la educación. Y ahí tenemos mucho pendiente por hacer, nosotros y todo el mundo. La educación necesita una revisión profunda. En los planes culturales se están dando pasos que hasta ahora no se habían dado, pasos que son de fondo, que ocurren en la infraestructura y que apenas se ven. Y voy a poner como ejemplo que el Archivo General de Navarra cuenta ahora con un presupuesto para la música, lo que permitirá que sea contenedor de todo el legado de los compositores navarros. Se ha hecho un convenio con Eresbil y todo ello es un paso muy importante, algo que nadie puede entender cómo no existía. Se van a hacer más cosas, y queda mucho pendiente, pero sin olvidar que hay que pensar en educación y cultura.

“La moda te hace sobrevivir, pero lo que te pone en el mundo es el estilo”. Está claro que el suyo ya le ha puesto en el mundo, pero ¿cómo lo define usted?

-No soy capaz. Desde el punto de vista compositivo hago lo que sé y lo que quiero. Nunca me ha entretenido pensar qué es lo que va a vender. Que luego se toca una obra mía y alguien la identifica, pues es un honor, porque eso significa que puede haber una coherencia, pero visto de cerca, como yo lo veo, no lo sé apreciar.

Compositora contemporánea, rebelde casi por naturaleza, mirando a los tiempos que corren, ¿no sé muy bien con qué llenará los pentagramas de su próxima obra?

-No sé si soy rebelde, lo que siempre he sido es muy libre. Y siempre que tienes un pensamiento autónomo y te comportas con libertad, asumiéndolo con responsablidad mientras sufres porque te aleja de la mayoría, un poco... desde ahí, la próxima obra será el reflejo de una consolidación técnica y necesariamente, también estará reflejado el cansancio de la madurez personal, porque la madurez es equilibrio pero también cansancio.

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