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Música

Otro hermoso rincón del Baluarte

Por Teobaldos - Martes, 26 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

URACQUAGUA

Festival de Música Contemporánea de Navarra. Tania Loza, David Cantalejo, piano. Sergio Eslava, Manuel Gil, saxo. Aitor Urkiza, txistu. Javier Navascués, chelo. Irene Villar, flauta. Uxue Roncal, Javi Pérez, clarinete. Xabier Olazábal, acordeón. Bea Monreal, oboe. Monográfico sobre el agua: obras de Ignacio Fernández Galindo, David Cantalejo, Patxi Damián y Yolanda Campos. Lugar: Muralla del Baluarte. Fecha: 23 de septiembre de 2017.

otro hermoso rincón del Baluarte -en su subterránea muralla- que se nos ofrece como un buen espacio para la música;por lo menos para este concierto. Sobre fondo austero de paredes blancas, se ha preparado un escenario, a diferentes alturas, que simula la espuma rompiente de las olas;la iluminación es levemente azulada;las proyecciones ilustran diversos estados del agua -lluvia, subterránea, ríos, mar-;y todos los intérpretes visten de blanco -(“blanco España”, se decía antes)-. El ambiente, así creado, es francamente agradable y relajante. Las músicas que van a incidir en el, descriptivas de esos estados del agua: bravas, incipientes, torrenciales, calmas, etc. Hablamos del monográfico sobre el agua, Uracqua, que ha cerrado el hermoso ciclo de música contemporánea -(añado el castellano al título porque una señora me preguntó el significado de la palabra que junta el euskera y el latín)-. Abre la sesión una muy bella descripción del agua de lluvia de F. Galindo: una obra pianística que retoma cierta tradición de repiqueteo onomatopéyico en el teclado agudo, que contrasta con los atronadores golpes, en la zona más grave, de la tormenta. Tania Loza hace una excelente versión;se entiende bien, es obra con unidad, de contraste controlado: la lluvia, también tiene momentos de monotonía. David Cantalejo corre a cargo del agua subterránea. Soberbio tanto en la composición como en el piano. Su tema le da para un comienzo misterioso, críptico, -(violonchelo)- que desemboca en los primeros deslizamientos del sonido, que se harán continuos, hasta la formación del gran lago subterráneo en un solo de piano potentísimo. Aunque estamos en el tiempo de la imagen, y las proyecciones ayudan, aquí, la fuerza -y la sutileza- del agua, la pone la música. El tratamiento del sonido del txistu es muy universal, a veces suena como flauta japonesa. Y el enorme regulador que va engordando los riachuelos, hasta la inundación sonora final, está muy bien hecho. No la voy a comparar conLa Catedral Sumergida de Debussy, pero, me la recordó. El agua en curso de Patxi Damián, es, claro está, descriptiva del fluir, pero, a mi juicio, más abstracta, como de ensimismamiento ante la mirada extasiada del paso de la corriente. Y el agua oceánica de Yolanda Campos es un acercamiento muy respetuoso desde la orilla. Opta Yolanda por un mar más bien tranquilo, se aleja de la espectacularidad del maremoto, pero así abarca mejor su misterio: sonidos de viento -literal, el del acordeón-, de amigable y profunda caracola, de gaviotas lejanas -un acierto el recurrir al flautín, en fin, del litoral donde, más adelante rompen las olas, con el acordeón, de nuevo, y el resto de intérpretes -(magníficos, como siempre)-, que desmiga y vuelve a juntar, el agua. Es una obra más bien calmada -las imágenes así nos lo muestran-, pero acertada en dar detalles, captar atmósfera, y no querer abarcar lo inabarcable. Un ciclo “la mar” de interesante. Hasta el próximo.

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