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la carta del día

Alemania en la encrucijada

Por Fátima Frutos - Martes, 26 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

De Merkel siempre se han destacado cualidades muy del gusto alemán: pragmatismo, seriedad, reflexión, defensa de valores y un liderazgo enormemente influyente en el conjunto de Europa. Pero lo que, casi con toda probabilidad, la lleve a desempeñar su cuarto mandato sea el desarrollo de un proyecto inclusivo, una gestión de la diversidad ideológica dentro de su propio partido y en el país, que antaño tuvo escaso éxito en la mejora de la calidad de vida de las clases populares, y no digamos ya en los países del sur de Europa. Lo que va a poner en un brete la tradicional política de pactos en Alemania es la entrada con fuerza de la ultraderecha al Bundestag.

AFD es un partido radical, irrespetuoso con los valores democráticos, intolerante y estudiadamente impreciso, que recibe votos de todas las clases sociales, pero principalmente de la clase media. Minimiza el holocausto, pero no verán ustedes en los grandes mítines cabezas rapadas; defensores de la familia tradicional pero liderado por una ultranacionalista germánica lesbiana que vive en Suiza…; critica a los medios de comunicación a los que califica de elitistas, pero durante esta campaña electoral han estado más en ellos que Merkel o Schulz; con plataformas civiles, movimientos identitarios, revistas y organizaciones juveniles que hablan de cohesión en la derecha, pero a la vez hacen llamamientos al Ejército alemán para que hagan valer “sus instrumentos de poder”, por ejemplo, en la crisis de los refugiados. En definitiva, pocos skinheads con botas militares y sí muchos hípsters ultras que acusan al líder socialdemócrata de “amariconado” mientras aplauden a una euroescéptica que ha hecho negocios en la China comunista, vive con dos hijos, producto de una inseminación artificial, y tiene pareja de hecho siendo contraria al matrimonio homosexual además de publicitarse en Facebook con todo tipo de perfiles, algunos de ellos muy polémicos, -ni que les hubieran asesorado desde el regionalismo nuestro de cada día, vamos-.

Por otro lado tenemos a una socialdemocracia alemana que ya no es ni sombra de lo que fue, desgastada por su continuo apoyo al CDU de Merkel y con un liderazgo que no ha dado los resultados esperados y que expresa ahora abiertamente su deseo de estar en la oposición. Schulz no ha acertado en la campaña. La gente necesita soluciones concretas a problemas conocidos, y hablar del concepto justicia social, así, sin aterrizar en lo real y palpable, cuando lo que le preocupa a la gente es la seguridad, las pensiones, la integración…, pasa factura: no superar el 25% de los votos es una derrota sin paliativos. La única postura cabal si es que quieren salvar los rescoldos tras tantos años de estrecha colaboración con la derecha es hacer una oposición firme y responsable. Dejar el protagonismo a los líderes ultras es un riesgo que la democracia alemana y europea no se puede permitir.

Auguro un cuarto mandato complicado para Frau Merkel, y no se podrían descartar unas elecciones anticipadas o repetición de las mismas con abandono de la política de varios de los líderes que han interactuado en la reciente campaña, Merkel incluida, ya que la alternativa a la prácticamente descartada Große Koalition sería una Jamaika Koalition; es decir liberales y verdes apoyando al CDU, cosa que es prácticamente imposible pues sus programas económicos son antagónicos. Die Grünen entraría en una crisis interna importante y con su electorado si apuntalase un cuarto mandato de Merkel y sus políticas sociales regresivas, aunque no ha sido una canciller insensible al cambio climático y aboga de forma decidida por las energías renovables, cosa que ya quisiéramos ver en España en un líder conservador.

No obstante, “cosas veredes amigo Sancho” en un país con un alto sentido de Estado, y lo mismo se da la carambola de no repetir las elecciones para que gobierne Merkel en minoría con apoyos externos de SPD, Verdes y FDP con el objetivo de arrinconar al nazismo que se muestra de nuevo con fuerza tras la Segunda Guerra Mundial. Ni qué decir que si el CDU de Merkel hiciese cualquier amago de acercamiento a la ultraderecha para completar su mayoría estaría violentando los pilares democráticos de todo un país e incluso del continente. Experimentos con gaseosa.

La autora es escritora

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