Editorial DE DIARIO DE NOTICIAS

Alternativas sin concretar

Frente al inmovilismo del PP, el PSOE desempolva la idea del federalismo aunque no es probable que, tras años de obstruccionismo y cerrazón, ambos partidos tengan ya respuestas para las demandas soberanistas de Catalunya

Martes, 26 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

las continuas referencias de las formaciones políticas españolas a las recetas que cada una de ellas aplicaría ante el las demandas nacionales de Catalunya -que van más allá de la convocatoria de referéndum del próximo domingo-, denotan hasta qué punto la configuración del Estado es, además de endeble, una asignatura aún hoy pendiente 39 años después de que se aprobara una Constitución que aparentemente iba a ser la respuesta a todos los interrogantes. En los últimos días, destacados dirigentes del PSOE con Pedro Sánchez al frente tratan de desempolvar la idea del federalismo, un objetivo contemplado en sus documentos programáticos, pero nunca desarrollado en las etapas en las que los socialistas ocuparon el poder. De hecho, vuelve a salir de la chistera como muro de contención ante el reto que supone el imparable movimiento catalán y las exigencias de un nuevo marco que algunas fuerzas reclaman desde la CAV, Navarra, Galicia o la Comunidad Valenciana. Ante el inmovilismo del Ejecutivo de Rajoy y de toda la sociología política y mediática que rodea a la derecha, el socialismo español trata de hacer ver que cuenta con una alternativa que asuma la plurinacionalidad del Estado, a pesar de que la misma sigue siendo fuente de contradicciones y enfrentamientos internos en el PSOE. Sánchez va más allá e insta a Rajoy a iniciar un cambio de la Constitución hacia un modelo federal que aborde la realidad de Catalunya, pero el intento suena a un nuevo ejercicio para amortiguar las fuertes tensiones internas y las contradicciones que el proceso catalán ha generado en el socialismo catalán. Nunca ha estado claro -al menos hasta ahora- de qué habla el PSOE cuando se refiere al federalismo, más allá de una nueva equiparación de competencias entre las 17 autonomías;es decir, al fin y al cabo, otro café para todosque diluya el reconocimiento de los derechos históricos de territorios como Navarra. Quizá en lo que se equivocan es que ese discurso está ya superado y no solo en Catalunya. Décadas de reivindicar el ejercicio de derechos y el cumplimiento de normas como los Estatutos han dejado sobradas pruebas de la enorme dificultad (si no imposibilidad) de las máximas instituciones del Estado español a admitir la diferencia frente a la uniformidad y la dependencia. Quizá porque, si lo hicieran, incurrirían en el peligro de dotar de legalidad a la legitimidad democrática de la potestad de elegir por sí mismo.

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