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Por Jesús Barcos - Martes, 26 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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“No pensábamos ir a votar el 1 de octubre, ahora votaremos y será por el sí”. Una amiga catalana me cuenta así su decisión y la de su pareja, a raíz de las medidas de un Gobierno de España que echa mano del autoritarismo. Aquella “España en serio” que prometía el PP en las últimas elecciones se ha convertido en un extemporáneo estado policial que provoca una mezcla de indignación, determinación y pitorreo en una gran parte de los catalanes. Esa España de la cachiporra ha quedado retratada como una mayúscula muestra de nacionalismo potencialmente represor contra todo partidario de un referéndum de independencia (o pertenencia). Nacionalismo español que ha puesto de acuerdo -ahora sí- a todos los partidarios del derecho a decidir. Imágenes que ya han dado la vuelta a medio mundo y dejan herido el orgullo del españolismo más destemplado. Aquel anuncio de Rajoy, recién muerto Fraga, de que su mentor le iba “a guiar en el futuro”, ha tomado cuerpo. A ver qué relato que no sea el de la ocupación puede ofrecer el Gobierno de Rajoy con una Barcelona tomada policialmente en pleno siglo XXI.

Asistimos estos días a una defensa multitudinaria y polifacética de las libertades en Catalunya que nos retrotraen a hace cuarenta años. Rajoy ha tenido cinco años para hacer política y evitar este estropicio. Su estrategia -confiar en que el soberanismo catalán no perseveraría- “arrastra al Estado y a su monarquía”, ha publicado Suso de Toro, escritor compostelano que me subraya una de las claves que a su juicio ha marcado la errónea posición del Estado: la falta de conocimiento del “orgullo profundo pero sordo” del catalanismo. Para de Toro, “el desenlace de esta crisis de Estado se juega fuera de aquí, en Europa”. A su modo de ver, una vez que Alemania ha dejado de estar en suspenso tras las elecciones, Merkel incluirá el asunto en su agenda como “un problema que afecta a la estabilidad financiera de Europa”. Con la posibilidad no excluyente, se plantea, de una crisis de Gobierno auspiciada desde la jefatura del Estado. En todo caso, de Toro cree que el día del referéndum los catalanes que deseen votar saldrán con su papeleta y de una manera u otra, depositando su voto o haciendo colas en las calles sin poder hacerlo, ahondarán en esa crisis de Estado.

La tesis de de Toro es curiosamente contrapuesta a la que sostiene el escritor sevillano Isaac Rosa, que cree que “precisamente porque esos poderes del Estado saben del crecimiento y arraigo del soberanismo, se resisten a aceptar un referéndum que no tienen seguridad de ganar”. Para Rosa “lo que vemos estos días es solo la confirmación de la desastrosa gestión que las derechas españolas (la derecha política, la mediática y la judicial) han hecho del problema catalán desde hace años”. Y considera “sorprendente y tranquilizadora la distancia abismal que había en España entre el discurso político y mediático sobreactuado e histérico y la calma e indiferencia en la calle frente al “golpe de Estado catalán”. Mucho más pesimista se muestra de Toro, que ve una “anomía absoluta” en la sociedad española para con Catalunya, y un vacío en la izquierda. Para Rosa, en cambio, en la hipótesis de una independencia, “cada vez somos más los que desde España entendemos que no solo perdería Cataluña, sino que la pérdida para España sería enorme en términos sociales, económicos y culturales”, al mismo tiempo que ve en “la crisis catalana la única ‘ventana de oportunidad’ verosímil y a corto plazo para cambiar una España fallida y necesitada de una profunda transformación”.

Veremos. Me pregunto qué papel puede jugar aquí esta semana histórica -no a partir del 2 de octubre- un Sánchez que mejor que muchos debería intuir cuál es la capacidad de resistencia y amor propio de quienes se sienten vapuleados por el poder. Esto no va de marketing , pero en esta urgente exigencia el ‘nuevo’ PSOE se parece de momento demasiado al de siempre.

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