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Benidorm o Roma: por un turismo sostenible

Por Marta García Alonso - Miércoles, 27 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Hace unos días tuve la suerte de reencontrarme en Roma con una Fontana de Trevi limpia, resplandeciente… y llena de turistas. Tanto es así que uno de los colegas con los que compartía el viaje, me comentó: “Sinceramente, ¿no estarían muchos de los que están aquí mejor en Benidorm?”.

La verdad es que eran las siete de la tarde y la marabunta que rellenaba el teatral espacio creado para el disfrute de la vista y del sonido parecía cansada, agotada… Poco se podía gozar de los colosales tritones y del caer del agua en un ambiente en el que, a cada segundo, se oía el pitido de un agente del orden pidiendo que alguno de aquellos cansados visitantes se levantara del borde. Las sonrisas creadas para los selfies de unos y otros teléfonos duraban eso, el instante de una foto, para después pasar a unas muestras de agotamiento total.

Roma y Benidorm, al fin y al cabo, no son sino dos puntos de atracción del turismo de masas, ejemplifican dos formas actuales de entender el tiempo de descanso: el denominado cultural, ligado a la visita de la ciudad eterna, cuna de la cultura occidental; el de playa y ocio en nuestra mediterránea ciudad de rascacielos. Aquel que posee un itinerario marcado por la visita a los grandes monumentos; este que se mueve, a ritmo de sol, entre los diferentes espacios urbanos, siempre con el mar de fondo.

Este año 2017 el Día Mundial del Turismo, celebrado hoy 27 de septiembre, se acoge al lema El turismo sostenible como instrumento de desarrollo. La proliferación del turismo rural y del impulso de una economía creada en torno al renovado interés hacia lo natural apoya esta atención, además de una preocupación por lo sostenible en todas las áreas del conocimiento.

Pero, más allá de estos ámbitos, el lema nos llama a la responsabilidad de cómo debe evolucionar el turismo en ejemplos como los anteriormente citados: tanto en ciudades invadidas por turistas debido a su gran patrimonio cultural, como en poblaciones costeras que multiplican su densidad en los meses de estío en busca del beneficio de un sol universal y gratuito.

Y es que, como está pasando en relación al término sostenible en la arquitectura, las actuaciones han de llevarse a cabo tanto en lo nuevo como en lo ya existente. Y así, esta misma disciplina y en relación con las diferentes formas de turismo, debe tratar de cuidar y mantener nuestro valioso patrimonio cultural, velar por un desarrollo equilibrado de las zonas costeras y ordenar los espacios urbanos que acogen a los miles de visitantes cada año.

Si tuviera que decir cuál de las dos situaciones de turismo masificado puede llegar hoy a ser más sostenible, posiblemente me inclinaría por ciudades como Benidorm en las que, al menos, la gente anda despacio y carece de prisa. El tiempo de consumo del turismo (y no solo el climatológico) hace que pueda imaginar un desarrollo más adecuado al medioambiente y a la llamada sostenibilidad que se me hace más difícil manejar en las consolidadas calles de Roma.

Aquel día en la ciudad eterna, a pocos pasos de la fuente, en otra plaza cualquiera fuera del circuito de los grandes monumentos, se nos apareció la Roma de los romanos, ciudad eternamente vivida y que a esa hora de la tarde muchos disfrutaban con una birra fresca.

Es una pena que Roma pueda parecer Benidorm. Y al mismo tiempo, es una lástima que no aprendamos a gestionar nuestro tiempo de descanso en las visitas culturales. La llamada este año a la sostenibilidad puede ser el momento de atacar esta asignatura pendiente; mientras tanto el buen visitante de la ciudad tratará de sortear las masas del turismo para buscar sus propios espacios.

La autora es Dra Arquitecta. Profesora de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra

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