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Amor entre dos extremos

La cineasta serbia Ivana Mladenovic presenta en Donostia ‘Soldatii. Poveste din Ferentari’, un drama sobre una relación homosexual dentro de la conservadora sociedad rumana.

Un reportaje de Harri Fernández - Jueves, 28 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Adrian Schio, Vasile Pavel-Digudai e Ivana Mladenovic .

Adrian Schio, Vasile Pavel-Digudai e Ivana Mladenovic . (Foto: Efe)

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el amor es complicado de por sí. Pero cuando se da entre extremos y en una sociedad que no lo acepta, lo es muchísimo más. Es lo que traslada Soldatii. Poveste din Ferentari (Soldiers. Story from Ferentari), la historia de un romance entre dos hombres, en unas sociedades, la rumana y la romaní, en las que las relaciones homosexuales no están normalizadas.

Este relato, dirigido por Ivana Mladenovic y que compite por la Concha de Oro, está basado en el libro del mismo título del escritor rumano Adrian Schiop. Es dato es importante, dado que Schiop no solo es el autor de la obra original, sino que también codirige la película, es uno de los guionistas y, además, interpreta el papel del protagonista principal Adi, un doctorando en Antropología que se asienta en el pobrísimo barrio de Ferentari, en Bucarest, después de que su novia le abandone. En este enclave urbano, en el que Adi estudia el manele, género de música popular de la comunidad romaní, conoce a Alberto, interpretado por Vasile Pavel-Digudai, un exconvicto que se ha pasado catorce años en la cárcel y que acaba de ser liberado. Ambos comienzan una historia de amor disfuncional entre un hombre de clase media y un romaní del gueto, al que su propia familia ha dejado atrás por su homosexualidad.

Schiop reconoció que su obra “tiene raíces autobiográficas” y que él mismo antes de reconocer públicamente su orientación sexual salió durante un tiempo con una mujer. “Soy rumano y allí normalmente la gente oculta su orientación sexual. En cierto modo quería mostrar la homosexualidad dentro de la comunidad romaní y cómo esta no era tan distinta a la sociedad de carácter general en Rumania”, explicó el escritor y guionista, quien aseguró que durante mucho tiempo no reveló su condición por “miedo”.

Madlenovic aclaró que uno de los temas que también quería tratar era el de aquellas personas que, como Alberto, tras salir de la cárcel, les es imposible integrarse en la sociedad y encontrar trabajo. Precisamente, la situación “marginal” del romaní y la constante demanda de dinero a su pareja, supone uno de los puntos conflictivos principales de la relación.

integrada en el barrio Además de los dos actores protagonistas, Ferentari es un tercer ente con peso en el filme. Es más, todas las tomas en exteriores en este enclave están protagonizadas por los propios habitantes del gueto, ninguno de ellos profesional.

Antes de iniciar el rodaje, Madlenovic colaboró durante dos meses con una ONG antisida que trabaja en el enclave. Lo hizo para que los habitantes “se acostumbrasen” a ella y así tener facilidades a la hora de iniciar las grabaciones. En este sentido, afirmó que no hubo ningún tipo de incidente de gravedad.

El escritor de la obra, por su parte, explicó que se trata de un barrio en el que existen problemas de “drogas y prostitución”, pero que las redes mafiosas fueron destruidas entre 2007 y 2010.

En cuanto a la estética del filme, el director de fotografía, Luchian Ciobanu, comentó que querían darle a la película un aire de documental. Es por ello que grabaron muchísimas improvisaciones de los protagonistas para que el proyecto tuviese una estética más natural. “Además, intentamos observar el barrio y robar de esas secuencias, de alguna manera, y otorgarle así al filme una estética de documental”, explicó Ciobanu, quien añadió que a la hora de montar el proyecto tampoco lo hicieron como se hace habitualmente.

“Para montar las partes más interesantes de la obra -continuó Ciobanu- y conservar esas improvisaciones que habían sido grabadas, intentamos construir la historia partiendo de lo que teníamos sin seguir el guión de manera demasiado estricta”.

críticas Soldatii ha pasado con éxito por el Festival Internacional de Toronto, no obstante, la productora de la película, Ada Solomon -que el pasado año fue miembro del jurado de Ikusmira Berriak del Zinemaldia-, reconoció que es posible que la obra cause “rechazo”, no únicamente por tratar el tema de la homosexualidad, sino por mostrar la pobreza en la que vive parte del pueblo rumano. “Dirán que ya ha venido la productora judía no rumana, una vez más, para echar tierra sobre nuestro país”, ironizó Solomon.

No obstante, la productora aseguró que para nada esa es la intención de la película; esta quiere enseñar la “mucha poesía y mucha vida propia” de Ferentari. “La intensidad de la vida diaria es mucho mayor en un barrio como Ferentari, en comparación con otros barrios más ricos de Bucarest”, afirmó Solomon.

En relación a la denuncia social que pueda subyacer en el filme y la polémica que pueda generarse en torno a él, la directora serbia quiso aclarar que Soldatii es ante todo una historia de amor entre un “hombre marginal y otro hombre de clase media”. Y es que cuando los extremos se tocan, el amor cobra sentido.

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