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María Pagés bailaora

“En el flamenco, lo físico no es fundamental, el virtuosismo no hace al arte sino la capacidad de emocionar”

El Teatro del Museo Universidad de Navarra acoge hoy el espectáculo flamenco ‘Óyeme con los ojos’, a partir de las 19.30 horas (20 y 26 euros)

Fernando F. Garayoa Iñaki Porto - Jueves, 28 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

María Pagés observa el rotundo y amplio vestido con el que cubrirá hoy el escenario del Teatro MUN.

María Pagés observa el rotundo y amplio vestido con el que cubrirá hoy el escenario del Teatro MUN.

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  • María Pagés observa el rotundo y amplio vestido con el que cubrirá hoy el escenario del Teatro MUN.

Pamplona- María Pagés desliza sus reflexiones con el mismo sentido y emoción con el que los palos flamencos brotan de su interior sobre un escenario. En Pamplona presenta su espectáculo más intimista y personal, hasta el punto de que la miradas son capaces de escuchar bañadas en la poesía de Tagore, Juan Agustín Goytisolo o Mario Benedetti.

¿Cómo se bailan las palabras?

-Las palabras tienen un contenido, una emoción... y la danza puede interpretar y expresar cualquier contenido emocional. A partir de ahí, todo es muy fácil.

¿Por qué tras una dilatada y exitosa trayectoria ha decidido que es el momento de, por primera vez, subir sola a un escenario?

-Es una decisión que tomamos El Arbi El Harti y yo, que es mi compañero en la vida y en la profesión. Y vimos que, en cierta manera, era como cuidarme, hacerme un poco de caso, mimarme... Una compañía es una empresa, nosotros llevamos ya casi 28 años, lo que requiere una dedicación enorme y, aunque parezca una contradicción, en María Pagés Compañía no soy el centro del mundo, soy una obrera más de todo este entramado, muy ocupada en cada proyecto y en la gestión, ya sea artística o empresarial, de toda la gente que forma parte de este equipo. Por lo tanto, prácticamente todas las obras están muy orientadas hacia el grupo, a lo que somos, un formato de 10 bailaores, 8 músicos, más técnicos, etcétera... Y yo era como la última de todo (risas). En este caso, sin embargo, es más como una puesta a punto, una reflexión sobre cómo me encuentro, qué soy y en qué momento estoy tanto física como intelectual y creativamente. Cincuenta años son muchos y ya los he pasado, es mucho tiempo dedicada a esto y hay que actualizarse, igual que un ordenador. Así, esta obra significa hacer esa paradita para poder seguir.

De esa actualización personal, de esa reflexión sobre el momento de su propio arte, ¿qué conclusiones ha sacado? ¿Se entiende y se disfruta el baile de la misma manera? ¿Se le pide y demanda otras cosas?

-La experiencia es fundamental en cualquier recorrido vital. Tengo ya un cúmulo de experiencias como para afrontar la vida y la profesión, que van totalmente unidas, de otra manera diferente a como lo hacía hace años. Ahora soy capaz de crear obra, por el conocimiento que tengo de la vida, que, al fin y al cabo, es lo que expresa el arte. Además, físicamente, con 50 años empiezan a aparecer achaques, es lo normal. ¿Cómo gestionas todo eso para seguir disfrutando? Yo he hablado con muchos bailarines sobre esa cuestión, flamencos, de clásico, de contemporáneo... y dicen que lo que te retira no es el desánimo sobre la profesión, sino el dolor;el dolor físico es lo que te impide, a veces, seguir adelante. Yo estoy en esa situación. Pero, ¿qué sucede? Que el flamenco tiene la virtud de que la cuestión física no es lo fundamental, no es el virtuosismo lo que hace al arte, es la capacidad de emocionar a través de lo que tú eres y de tu expresividad. Esto, por una parte, y, por otra, la experiencia te hace conocer la vida y tener más instrumentos para contarla.

¿Cómo se hace contemporáneo un arte con tanta solera como el flamenco, sobre todo teniendo en cuenta que, además, en este espectáculo, la poesía que lo sostiene recorre un amplio abanico de años?

-Efectivamente, el abanico es amplio y representa un misticismo no solo religioso sino también laico;es decir, un misticismo espiritual y humano. Todos tenemos algo de místicos en nuestro ser, porque todos buscamos en esa sombra de la sombra, siempre intentamos conocernos mejor o tenemos la sensación de que, conforme vamos cumpliendo años y afrontando diferentes circunstancias de la vida, hay más cosas que saber sobre uno mismo. Y, ¿quién no piensa en el más allá? Esa trascendencia, o ese querer trascender, forma parte del ser humano. En cuanto al flamenco, se trata de un arte contemporáneo, ya que tardó siglos en gestarse y se manifiesta con un identidad configurada a mediados del siglo XIX, y de eso no hace tanto... Y es un arte que vive en continua evolución, que forma parte de la vida, es un arte popular que empieza en los espacios marginales, donde no se consideró ni se apreció como tal hasta que fue escalando posiciones gracias a los propios artistas. Es un arte que sigue reflejando lo que vivimos cada día y necesario para las demás artes, porque tiene la capacidad de dialogar con ellas sin complejos. Al fin y al cabo, lo contemporáneo es una reinterpretación de la tradición. El flamenco no es el mismo en los años 20, durante la dictadura, en la transición o en estos días, porque se ha visto afectado por lo que vivimos. Toda esa experiencia es lo que le hace ser tan interesante. El flamenco nace en un lugar en el que se bailaba muchísimo, con los ecos de los árabes, de los gitanos, de los judíos... El cante mismo es un recopilación enorme de la poesía popular, por esto también es tan rico.

No solo rico, sino también ejemplo de que la cultura es el clave a la hora de hermanar seres humanos por encima de países e ideologías.

-Fueron muchas las culturas que convivieron, incluso la de los esclavos que venían de África. Por eso digo que la marginalidad es la que une a la gente, porque crea solidaridad. Si tú sufres junto a otra persona, aunque no sea de tu misma cultura, la solidaridad es más fuerte y une. Y la fuerza del flamenco nace de esa solidaridad.

A la sombra de su sombra, ¿cuáles son esas reflexiones que intenta transmitir en este espectáculo a los que le van a escuchar con los ojos?

-Que siempre hay algo más que descubrir sobre uno mismo, que la vida es un viaje para descubrirse. ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Cómo me sitúo? Son preguntas que intentan conectar el mundo exterior con nuestro interior. Probablemente, la locura sea esa desconexión.

No debemos olvidar que actúa en el auditorio de una universidad, ¿cambia la manera de bailar sabiendo que hay jóvenes enfrente a los que hay que transmitir no solo una emoción sino unos valores?

-El arte yo lo entiendo como un compromiso. Sean jóvenes o no, siempre tengo la responsabilidad de intentar dignificar el flamenco, porque no siempre está bien valorado, interpretado y conocido;de la misma manera que intento mostrar cómo el arte hace a los seres humanos más dignos. Estos valores están en cada obra que creamos y en cada actuación que ofrecemos. Es fundamental que se conozca el flamenco real y no el que se cuenta basado en estereotipos.

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