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Infartos con nombre y apellidos

Por Maddi Olano Lizarraga - Viernes, 29 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Que las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de morbimortalidad en nuestra sociedad quizás no es nada nuevo para nadie. Padecer un ictus, un infarto agudo de miocardio, una angina de pecho, una insuficiencia cardíaca, una valvulopatía o una malformación congénita, entre otros, está a la orden del día. Teniendo en cuenta la globalidad de la población, son estas personas las que más atención sanitaria requieren y, por tanto, las que mayor gasto sanitario generan, ya que una vez atravesado el momento agudo, son enfermedades que tienden a cronificarse.

Para ayudar a controlar esta situación, se están llevando a cabo numerosas investigaciones sanitarias dirigidas principalmente a la prevención de estas enfermedades, a mejorar el control de los síntomas, a optimizar los tratamientos que se administran y a evitar posibles complicaciones. A esto también hay que sumarle que están apareciendo servicios sanitarios cada vez más especializados. Noticias de este tipo resultan alentadoras, positivas y necesarias, más aún cuando hoy conmemoramos el Día Mundial del Corazón. Sin embargo, yo misma me pregunto: ¿Qué papel tienen las personas con una enfermedad cardiovascular en todo esto? ¿Cómo es su día a día con la enfermedad? ¿Qué es lo que más les preocupa? ¿Alguien les pregunta sobre ello?

Desde el área de investigación de Innovación para un cuidado centrado en la persona de la facultad de Enfermería de la Universidad de Navarra hemos podido observar que vivir con un proceso cardíaco crónico es un hecho que marca intensamente la vida la persona. Los numerosos cambios que sufre en su estado físico le llevan a experimentar un gran impacto a nivel emocional, social, laboral y espiritual. La mayoría de ellos deben adaptarse a nuevos estilos de vida que suponen un gran cambio, viendo repercutida su vida familiar y las amistades, dejando de hacer algunas cosas que hacían antes e intentando aceptar su nueva situación vital. Pero vayamos más allá. Cuando alguien se encuentra en esta tesitura de tanto cambio y ha visto peligrar, al menos en algún momento, su vida, deja de preocuparse de sus tratamientos o revisiones, ya que confía plenamente en los profesionales sanitarios que le atienden y sabe que hacen todo lo que está en su mano para que su situación mejore. Pero en esas consultas, ¿algún profesional les pregunta sobre cómo están viviendo todo eso que les está ocurriendo? Y si lo hace, ¿atiende verdaderamente a esos aspectos que le plantea el paciente?

En su día a día, cuando están en su casa por ejemplo, se cuestionan miedos y preocupaciones más personales y profundas que los profesionales no están cubriendo plenamente. Desde la facultad de Enfermería de la Universidad de Navarra estamos apostando fuerte por una vía de investigación que ayude a las personas con insuficiencia cardíaca crónica a vivir mejor su proceso y mejorar así su bienestar. En concreto hemos diseñado un proyecto en colaboración con varios hospitales de Navarra y otros a nivel nacional para seguir avanzando en ello.

Hoy, en este día tan señalado en el calendario, deseo alentar tanto a las personas que padecen una enfermedad cardíaca como a los profesionales que les atienden, así como a los familiares que los acompañan día tras día, para detenerse más a hablar, a mirarse a los ojos, a compartir, a confiar el uno en el otro. En definitiva, abrirnos como personas para atender también lo que hay en su interior, las emociones y los miedos, fomentando así lo que verdaderamente da sentido a sus vidas, lo que les da esperanza y les anima a seguir y a esforzarse. Porque detrás de cada infarto hay una persona, no solo un expediente.


La autora es doctora en Ciencias de la Enfermería. Profesora e investigadora. Facultad de Enfermería. Universidad de Navarra

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