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Luis Pastor Cantautor

“Para ser cantautor no hay que dejar que la vida te relegue, te ahogue, hay que sentir y seguir siendo niño”

El Bardo Escaldao acoge hoy a uno de los cantautores referenciales (22.00 horas), con entrada libre para los amigos del bardo (asociarse cuesta 15 euros al año)

Una entrevista de Fernando F. Garayoa - Sábado, 30 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

El Bardo Escañdao acoge hoy a uno de los cantautores referenciales.

El Bardo Escañdao acoge hoy a uno de los cantautores referenciales.

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  • El Bardo Escañdao acoge hoy a uno de los cantautores referenciales.

PAMPLONA- A las puertas de un domingo intenso, entre otras muchas cuestiones que nos atenazan, para alguien que las ha visto de todos los colores,¿ya no hay revolución, ya no hay esperanza?

-Eso dice el poema que cierra el disco de los cantautores, “ya no hay revolución para los que no trabajan, para los que no comen, para los que no duermen, ya no hay revolución ni utopía. La esperanza se perdió en las alcantarillas del siglo XX”. Pero bueno, la esperanza es lo último que se pierde y los análisis que uno hace a partir de las reflexiones y de la poesía tocan la esencia de lo que estamos viviendo, de lo que somos y del futuro que nos aguarda. Y, a veces, siente uno que ya no es como antes, como cuando yo era joven.

¿Para ser cantautor no hay que dejar de soñar?

-No hay que dejar de ser niño, de sentir, no hay que dejar que la vida te relegue, te ahogue. Hay que disfrutar de cada día que vivimos, con toda la fuerza y la ilusión. En mí hay un ser musical que nació conmigo;soy así desde niño, cantar me apasiona, me hace feliz, me realizo... y además me da de comer desde los 20 años. Para mí no hay cosa más linda en la vida, aunque hay muchas otras bonitas, como el amor, el cariño y la ternura. Pero a mí me ha salvado siempre cantar. La música, para mí, es el espejo donde mi alma se mira cada día, también la poesía. Creo que sigo siendo un soñador, y sigo siendo un iluso que todavía es capaz de creerse cosas, porque si no, no estaríamos aquí.

Cuando ve a la jóvenes ensalzar estilos musicales como el trap con millones de visionados en YouTube, ¿qué le viene a la cabeza?

-El dirigismo hacia el consumo, en todos los frentes de nuestra vida, incluida la cultura, crea no robots pero sí jóvenes que se dejan atrapar por lo que el sistema les ofrece;o no, ya que, a veces, el sistema ni se los ofrece, y son las redes alternativas, Internet, las que hacen que los jóvenes sigan a un cantante. Creo que la música, y la cultura, nunca ha sido asumidas por los que gobiernan, más allá de la fama o de salir en la foto con el artista del momento. No hay planteamientos que incidan en la necesidad de una cultura. Nuestra generación no tuvo estudios, trabajamos desde niños, y fue la cultura la que nos salvó, fueron las charlas, los libros, las reuniones, las canciones, los poemas, las discusiones, las asambleas... Fuimos capaces de crear jóvenes con conciencia crítica y pensamiento propio. La cultura es importantísima y desde ahí se juega con el ser humano;para el que gobierna es mejor un ciudadano que aprieta un botón y no se plantea nada más, o que mete la papeleta en una urna y se desentiende de la vida política. Eso es lo que a ellos les interesa y es el prototipo de hombre que quieren fabricar. La cultura siempre va a estar generando o ayudando a abrir ventanas para a jóvenes, a la sensibilidad, a la poesía, al sentimiento, a la ternura, al conocimiento, al amor, a tantas cosas... Mi hijo Pedro, que a sus 22 años es, para mí, el ejemplo de cantautor comprometido, cuando tenía 13 años oía rap todo el día, o flamenquito de ese rumbero, y de la noche para la mañana empezó a escuchar otras cosas. Hoy en día tiene una cultura musical muy amplia que le ayuda a crear y componer, y a ser el cantautor que está siendo, haciéndoselo todo él a través de Internet, y se va a Colombia y llena teatros... Y no tiene un aparato detrás, hasta el punto que viene a contratarle la Warner y les dice que por aquí, que él no se vende, que quiere ser él aunque venda 1.000 discos. Creo que, a veces, es verdad que todo juega en contra de un futuro para estos jóvenes, pero ellos mismos también nos dan lecciones, y te puedo hablar de los jóvenes que conozco, que se replantean la vida, el desaprender lo que les han enseñado o volver a la ecología... En el fondo, estamos en otra realidad, en otro siglo, y estamos cometiendo los mismos errores que se cometieron en el siglo pasado, a pasos agigantados. Hasta la locura de los políticos que nos están gobernando, o los nacionalismos que están creciendo, tienen que ver con los síntomas enfermos de aquel siglo XX que nos llevó a la primera y segunda guerra mundial. Creo que tendríamos que ser ciudadanos del mundo, más allá de banderas, de países, de fronteras;ciudadanos de este planeta, que nos da la vida y está amenazado de muerte porque lo está matando este sistema de consumo y despilfarro.

¿Tiene la sensación de que no hemos aprendido nada, o casi nada?

-Desde final del siglo pasado, ha triunfado una forma y un modelo de sociedad que tiene que ver con el retroceso de unos avances que nos habíamos dado desde la mitad del siglo XX. En todas las luchas, en todos los frentes, obreros, culturales, sindicales, políticos, sociales, creo que habíamos avanzado, pero ellos han triunfado. La izquierda ha perdido y no ha hecho autocrítica ni reflexión ni aceptación de que lo que ha triunfado ha sido una manera de ver el mundo desde la reacción, desde volver atrás y anular las conquistas sociales. Creo que hay que reinventarse, está todo por hacer;la sensación es como si tuviéramos 16 años, cuando éramos muchachos que con todas las ilusiones luchábamos por transformar nuestro barrio, nuestra propia vida, la de nuestros amigos y la de nuestra ciudad. Pienso que estamos en un barco que va hacia no se sabe donde, pero el capitalismo triunfante es el que está marcando las pautas de nuestras vidas y de este planeta;y el futuro es negro porque el capitalismo es depredador y asesino. Estamos imbuidos en esa dinámica y hemos aceptado como única forma y alternativa de vida lo que ellos nos plantean, más allá de pequeños colectivos que se rebelan y quieren interactuar con esta realidad desde otras premisas y valores, siendo capaces sumarse a todas las utopías y luchas. Pero lo cierto es que hemos perdido, porque han ganado en todos los frentes, hasta en el de la cultura.

La democracia nos trajo libertad, y como cuenta, devolvió a los cantautores a sus trincheras, pero, ¿mató también nuestra rebeldía?

-Yo no sé si mató nuestra rebeldía o la hemos matado nosotros, no creo que la democracia sea un ente abstracto que funciona por sí mismo. Somos los ciudadanos los que tenemos que ejercer la democracia o los que hemos ejercido mal la democracia estos años con la clase política que hemos elegido. Esto tiene todos los tintes de ser una partitocracia. Pero creo que somos nosotros los culpables, la democracia nos trajo la libertad y muchos cambios, porque este país no es el que era cuando yo tenía 16 años. Hemos cambiado, evolucionado, hemos traído cosas buenas pero también nos hemos olvidado de quienes somos, de dónde venimos, nuestras señas de identidad, nuestra cultura, nuestra memoria, nuestras raíces...

Precisamente, ¿qué siente cuando mira ahora a España, usted que se la ha peleado desde los 16 años?

-Siento que la España que nos hemos dado, a veces, ha cerrado fronteras, incluso por el tema lingüístico. Por ejemplo, yo canté en Cataluña, en los años 70 y parte de los 80, más que en ningún lado de España. Pero en estos últimos años mi única opción de cantar allí pasaba los encuentros Barnasants, que era la rendija para los que cantábamos en castellano. Y en el País Vasco, tres cuartos de lo mismo. A mí, España, con la ñ marcada, no me preocupa. Nosotros hemos luchado contra ese tipo de nacionalismo durante mucho tiempo;lo que no podemos es pasar de un nacionalismo a otro y ver que hay tics que nos recuerdan a aquel primer nacionalismo desde la parafernalia y las banderas. A mí, me queda Portugal (risas). En estos cuatro últimos años de crisis yo he estado en Portugal haciendo una obra de teatro, El viaje del elefante, de Saramago, con seis músicos en la calle, 20 actores, casi 100 voluntarios en cada ciudad... Y lo hicimos cantando en plazas públicas para 2.000 personas. Posiblemente me he sentido más cómodo en Portugal, o mejor acogido, que en otros sitios de España. Creo que estamos abriendo zanjas que nos van a separar más de lo que ya estamos. Lo de Cataluña está tomando una deriva que... los que compartimos que la democracia va más allá de las puras elecciones, apoyamos un referéndum en Cataluña, pero llevado desde un entendimiento, un diálogo y un acuerdo, pero no desde la exclusión de media sociedad. Lo que estamos haciendo es abrir unas brechas tremendas en la convivencia de nuestros hijos en el futuro. Pero más allá de eso, creo que juegan con nuestros sentimientos, unos y otros, juegan con nuestro bolsillo, con nuestras emociones, con nuestras tradiciones... todo es utilizado por unos y por otros para estar en el sillón, en el poder. Unos, porque han necesitado huir hacia delante para tapar la mierda, porque han sido cómplices de la mierda de corrupción que ha habido en Madrid, bien cuando gobernaban los socialistas en los 80 bien con el Gobierno de Aznar y su calaña en los últimos años. Corrieron un tupido velo tras el que unos y otros se han protegido, y una vez que esto se ha caído, en Cataluña se va hacia una deriva con un partido que no era independentista y que ahora, de la noche a la mañana, la plantea, pero para salvar su culo, y el de los patriarcas Pujol y Mars. No nos dejemos engañar, no seamos ilusos, tengamos pensamiento propio, no seamos marionetas en manos de una clase política que ha demostrado que no está ahí por nosotros sino para medrar, por el poder. Es verdad que las cosas, a veces, hay que lucharlas y romperlas, y que todo no pasa por lo que digan las leyes, y las leyes están para cambiarlas, pero cambiémoslas en el Parlamento, ¡cojones!. Yo creo que son los catalanes los que tienen que tener la palabra, la voz y el voto para cambiar, no el resto de los españoles, como dicen aquí en los valores. Cataluña tiene que decidir su futuro y su destino, pero hagámoslo bien.

A raíz de este conflicto, ¿le da miedo ver cómo resurgen actitudes casi franquistas que creíamos olvidadas?

-Miedo no me dan;miedo cuando éramos jóvenes. Las estructuras franquistas no están intactas pero están, ese fue el error de la izquierda en la transición: tragar con todo y no juzgar al franquismo. O permitir una ley de olvido para los republicanos que todavía siguen enterrados en las cunetas. Hay una realidad de extremos que se tocan. Y gente como nosotros que hemos tenido que tragar con su bandera, porque es la bandera de ellos, por más que digan que es la bandera de España. Esa realidad nos toca los cojones, y las banderas también, sean de un signo o de otro, yo ya no quiero banderas.

las claves

“La izquierda ha perdido y no ha hecho autocrítica ni aceptación de que es el capitalismo depredador y asesino el que marca la pauta”

“Somos los ciudadanos los que hemos ejercido mal la democracia durante estos años con la clase política que hemos elegido”

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