Ballet flamenco

Noche de estreno

Por Teobaldos - Sábado, 30 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

ballet flamenco sara baras

Programa: Sombras. Dirección y coreografía: Sara Baras. Intérpretes: Con Sara Baras y José Serrano al frente del reparto. Tim Ries, saxo. Keko Baldeomero y A. Martínez, guitarras. Rubio de Pruna, Israel Fernández, cante. A. Suárez, M. Muños, percusión. Iluminación: O. Gómez de los Reyes. Vestuario: Luis F. Dos Santos. Programación: ciclo del Baluarte. Lugar: sala principal. Fecha: 28 de septiembre de 2017. Público: casi lleno (40, 28, 18 e. con rebajas en Baluarte Joven).

Como era noche de estreno, Sara Baras subió al escenario, al final de la representación, a todos los técnicos del espectáculo: al pintor de telones, a los responsables del vestuario y la luz, y, quizás, sobre todo, a su madre -y maestra-, la señora Concha Baras, que se marcó unos pasos con tal autoridad y elegancia, que explican de dónde viene su hija. Aunque Sara Baras lleva ya muchos años de carrera, se mantiene en un estado físico admirable;su arrebatador taconeo -único e inigualable- sigue siendo tan elocuente y parlanchín como siempre;se adapta al virtuosismo de la guitarra, adorna el cante, y cimienta un baile que es muy bello, también, en brazos, manos y cuerpo entero. En el espectáculo Sombras, Sara Baras y su elenco se han querido adornar de una puesta en escena un tanto barroca, marcada, sobre todo, por el manejo de la luz: acotaciones muy concretas en cuadrados y círculos, penumbras misteriosas que tardan en revelarse, y efectos que adornan el suelo, sobre todo, inundándolo de lunares. Variedad, también, en el vestuario que, aún manteniendo el vuelo de la tela -vestido verde- que acentúa los giros;y con la base flamenca -batas de cola y mantón-, hace incursiones en la belle epoque, y da categoría al pantalón. En cualquier caso, todos lucieron muy elegantes, incluso lo que se quería más popular. Y al fondo, unas bien proyectadas sombras de la bailarina, al principio;y las pinturas de Andrés Mérida. Insisto en toda esta descripción, porque hay momentos en los que el envoltorio casi se come el baile. No es el caso, claro, de la protagonista, que en cuanto desmiga el taconeo prodigioso, todo palidece;pero sí el del cuerpo de baile cuando sale con bata de cola y mantón, por ejemplo;una combinación colorista que pasa un poco en penumbra. Son efectos buscados, pero, el resultado final, quizás esté un poco a falta de luz del día normal;la que hay en el jaleo final, donde Baras se marca una horizontal taconeando sin aditivos, tal como es.

Sara, también se pone poética: “mi farruca es mi sombra”;y, ciertamente, su farruca, haciendo dúo entre taconeo y cante, y taconeo y guitarra es de escalofrío;porque, además, ese virtuosismo se completa con el vuelo de los brazos y manos, los giros infinitos, los plantes que meten al público en su metro cuadrado de escenario. Excelente el cuerpo de baile, muy disciplinado siempre: en el martinete, con bastón, que redobla el taconeo;equilátero en el zapateado;espectacular en las poses con abanico;o como mariposas nocturnas en la travesía. Con autoridad, José Serrano, da la réplica de taconea a la diva en los tangos. Y hay un vals -Serrano y Baras-, de indudable originalidad, llevado a una libertad en la que casi no se marca el tres por cuatro. Como las bulerías interrumpidas por el Jazz de Tim Ries, y al que Sara vuelve a meter en el palo. Son detalles novedosos a añadir a la ya conocida y superlativa Sara Baras. El elenco de músicos, a la altura. El éxito, apoteósico.