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Diez años de trincheras y campos sin reconocimiento de Francia ni España

La familia de Dimas Fernandino recuerda las vivencias de este joven de Uharte Arakil que conoció el “barro” de Gurs

Sábado, 30 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Dimas Fernandino.

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  • Dimas Fernandino.

pamplonaA Dimas Fernandino, natural de Uharte Arakil y padre de Anita -una de las familiares que hoy hablará en Gurs-, la guerra le sorprendió estudiando en Toledo. Por su ubicación geográfica y por el compromiso ideológico de la familia su destino fue el ejército republicano, al que entró con apenas 18 años, formando parte de la famosa “quinta del biberón” en mayo del 38. Con él hizo lo que quedaba de la guerra hasta que pasó, con un intento fallido, a Francia por la frontera catalana. Lejos del esperado apoyo aliado o el reconocimiento de la república vecina, lo que le esperaba allá era el frío húmedo, la arena y las alambradas de Argelés Sur le Mer. “Nos contaba que se sintió muy humillado al tener que dejar el fusil en un montón en la muga y que las condiciones de aquel campo eran tremendas. Les trataban como a animales y sólo el reencuentro fortuito con su hermano Luís, médico de profesión y miembro del batallón sanitario, le salvó la vida”, recuerda su hija Anita. El traslado a Gurs no supuso una mejora muy notable. “Nos decía que allá sólo había barro, barro y lluvia”, decía. Pero Dimas era un luchador inquieto y después de esquivar los batallones de trabajo y con los nazis ya ocupando Francia, contactó con la resistencia española (capitaneada por Luis Fernández) en este país que preparaba el esperado asalto por el valle de Arán. Aquello fue un fracaso, pero no le restó fuerzas para seguir combatiendo contra el fascismo en plena II Guerra Mundial, aunque ni él ni otros maquis lograron nunca el prestigio que tuvo la “Novena”, por ejemplo. “Ni Francia ni España, países por los que dejó 10 años de su vida en trincheras y emboscadas, nunca le reconocieron nada”, recuerda con amargura Anita. Pasada la guerra y tras otra desmoralizante incursión clandestina en Pamplona -a donde llegó andando por el monte-, Bilbao y Madrid, retornó a Francia como refugiado con un reagrupamiento familiar (tenía varias hermanas en el norte que habían colaborado con la salida de niños de la guerra) y se casó en París. “Siempre tuvo el dolor de no poder volver a su tierra. Incluso le fue imposible acudir al funeral de su madre en 1961”, explica su hija. Dimas murió en 1996 tras una estancia final apacible y arropada por su familia en varias partes de Francia (Montpellier, Baiona...) dejando tras de si un gran ejemplo de compromiso por sus ideas y episodios que bien pudieran servir para el guión de una película del periodo más intenso del siglo XX. Su hija, Anita, ve complicado poder resumir todo esto en los “tres minutos que me han dado en el acto” aunque se muestra satisfecha por este reconocimiento: “Aquí, donde había barracones sólo hay árboles, pero quedan los recuerdos. Es un acto que ha llegado tarde, pero más vale tarde que nunca. Navarra no podía quedar al margen de Gurs”, dice.

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