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Historias de Gurs

El campo francés de Bearn acoge hoy un acto institucional al máximo nivel para reconocer el compromiso de los 500 navarros que lo padecieron: aquí están algunos de sus testimonios.

Un reportaje de Txus Iribarren Fotografía cedidas - Sábado, 30 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Arriba, promero izda. Lucio Sembroiz. Abajo, primero derecha, amigo de Cáseda, y segundo derecha, Félix Sembroiz.

Arriba, promero izda. Lucio Sembroiz. Abajo, primero derecha, amigo de Cáseda, y segundo derecha, Félix Sembroiz.

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  • Arriba, promero izda. Lucio Sembroiz. Abajo, primero derecha, amigo de Cáseda, y segundo derecha, Félix Sembroiz.
  • Imagen del interior de un barracón cedida por Mylene Lacoste.
  • El campo era un amasijo de barro y alambradas.

Luis Roa, Félix Sembroiz, Dimas Fernandino o Florentino Maisterra posiblemente ni se conocieron. Pero compartieron una dura parada en su azaroso viaje por el exigente siglo XX, si te tocaba vivir en la Península Ibérica y eras de izquierdas. Los cuatro, como otros 500 navarros y navarras, conocieron el barro, las alambradas y el frío de Gurs. Pero también el calor humano, la solidaridad y la fuerza de la utopía. A dos horas y media de Pamplona se construyó un campo de refugiados, al principio, y de concentración después (con los nazis) que en poco envidia a las malas condiciones que otros presos soportaron en el cercano fuerte de San Cristóbal. Ezkaba y Gurs eran hasta hace poco los dos grandes desconocidos de la represión fascista en Navarra. Gracias al empeño de algunos investigadores y el aliento de cientos de familias que no quisieron olvidar, se ha puesto en el mapa foral de la memoria histórica. Hoy el Gobierno le pondrá el sello oficial con un acto en el que participará la presidenta Barkos, aunque los verdaderos protagonistas son los familiares de estos héroes anónimos.

La mala ‘estrella’ de la familia Roa: una huida a Chile propia de una película

Su evidente compromiso socialista llevó a los propietarios de la famosa churrería La Estrella de Pamplona a acabar diseminados o asesinados por los fascistas. La historia de Luis tiene un amplio componente familiar ya que la represión llegó a su padre (José Roa, concejal socialista fusilado en Ibero en 1937), su hermano Pablo (muerto en el frente), su madre (juzgada acusada de colaborar con una red de evasión) y su prima, dejando esquilmada esta familia conocida en la capital por regentar la churrería Estrella de la calle Eslava.

Dentro de lo que cabe Luis tuvo cierta suerte al final (murió con 90 años en Chile) aunque su vida daría para una película. Luis fue detenido en julio del 36 por su militancia socialista y por ser “ hijo de quien era”, apunta su sobrino Joaquín Roa. La intercesión del capellán de la cárcel, amigo de la infancia de su abuela, le permitió caerse de la lista de una saca y salir de prisión. Tras pasar escondido dos meses en una finca de un tío, Mateo Lasa, en San Juan, logró pasar en enero de 1938 la frontera gracias a una red de evasión. Al parecer su madre pagó 500 pesetas a unos contrabandistas. Una vez en Francia, decidió volver a Catalunya para combatir en el frente donde se juntó con su hermano Pablo, que tras haber llegado a alférez en el ejército franquista, logró pasarse con su tropa al lado republicano.

Pablo acabaría muriendo en combate mientras que Luis, tras perder la guerra, recaló en Gurs. Aquel campo era un infierno. Según contó a sus familiares, los refugiados dormían en los nichos de un cementerio para protegerse del frío y él mismo llegó a vender algunas piezas de oro de su dentadura para poder comer. La salida del campo de refugiados se produjo gracias a la mediación de los hermanos José y Salvador Goñi Urriza. Este último, con la colaboración de Pablo Neruda, consiguió contratos de trabajo para una industria papelera que se iba a instalar en Chile y organizó un viaje para llevar refugiados, cuenta Ángel García Sanz en su libro Diccionario del Socialismo Español. Por su parte, José Goñi solicitó en el citado campo trabajadores con conocimientos en ese ramo.

Entonces Eslava, que tenía experiencia en tal industria, reunió a 40 paisanos y amigos (entre ellos Luis) y sin esperar la llegada de José Goñi, el grupo salió del campo y, por sus propios medios, llegó al puerto de Le Havre, donde se encontraron con aquél. Su hazaña fue muy importante, ya que primero había que huir del campo -y de paso de la II Guerra Mundial- y luego cruzar media Francia a pie. Lo consiguió, pero cuando pensaba que estaba todo hecho a punto de desembarcar en Latinoamérica, su buque se vio inmerso entre el fuego cruzado de tres barcos ingleses contra un crucero alemán (Graf Spee) en la costa del Pacífico. El episodio se llamó “batalla del Río de la Plata” al celebrarse en al costa de Uruguay. Fue el último obstáculo a su nueva vida en Chile donde formó una familia que allá sigue.

Las aventuras de los quintos roncaleses que buscaron la paz en dos guerras sin tregua

El valle del Roncal tiene una doble ligazón con el campo de Gurs: por un lado su proximidad geográfica y por otro el importante número de presos que procedía de sus pueblos, especialmente Isaba y Burgi. Pero el caso de Uztarroz fue muy novelesco. En julio del 36 los quintos de la localidad celebraron una cena. En ella, viendo lo que se avecinaba (el frente o la cuneta....) todos menos uno decidieron cruzar los Pirineos. En esa expedición iban cuatro amigos: Florentino Maisterra Larriketa, Ubaldo Sola Calvo, Damián Sola Cebrian y Agustín De Miguel Martín.

A partir de ese momento sus destinos iban a ser tan dispares como su suerte final. No se sabe cómo fue el proceso, pero en plena guerra cruzaron la frontera de nuevo para entrar por el lado republicano. Realmente su aventura no había hecho más que empezar. Cada protagonista con su argumento y desenlace. Alguno no muy feliz... Florentino Maisterra tenía un hermano, Jacinto, que fue llamado a filas por los franquistas. Cuál sería su sorpresa -rememora Rosario Orduña Larriketa, sobrina- cuando estando en Barcelona unas vecinas de Isaba (del bar Cartucho) que habían huido por sus ideas izquierdistas, le dijeron que su hermano estaba entre los presos “fascistas” de un barracón de la ciudad .

Florentino fue a ver el grupo de retenidos, pero no encontró a Jacinto. Las isabarras insistieron en que en el listado figuraba su nombre por lo que volvió a realizar esa gestión. Cuando Jacinto dio un paso adelante en la fila de reclusos su hermano Florentino casi no le reconoció de lo demacrado que estaba. Entonces se enteró de sus peripecias tras <i>pasarse</i>, con otros amigos de Pamplona, del bando franquista al republicano cruzando la línea de fuego.... Finalizada la guerra, Florentino acaba en Gurs. Se desconocen lo detalles de su estancia en el campo, aunque parece que logró salir ante la llegada de los presos judíos y se instaló en Mauleón con los otros compañeros.

Sin embargo, al escuchar que sin delitos de sangre (en realidad se había escapado por no hacer la mili) podría volver a Roncal “sin problemas” decide dar ese paso: le esperaba un batallón de trabajo y castigo que encima le iba costar la vida tras un fatal accidente de camión que le quebró la columna vertebral. ¿Qué sucedió con el resto? Hay datos de que Damián logró exiliarse en Chile gracias al barco fletado por Neruda, mientras que Ubaldo se convirtió en un reputado guerrillero el maquis con numerosas incursiones por el norte de Navarra, algunas bélicas y otras más humanas para preguntar por cosas como la chicas de Uztarroz...

Acabaría muriendo en Mauleón donde dejó diez hijos, algunos de los cuales posiblemente estarán hoy en Gurs. Como también estarán familiares de otros roncaleses, un valle que aportó un contingente muy significativo a la nómina de presos con 24 de Isaba, 19 de Burgi, cuatro de Garde y otros cuatro de Uztarroz, solo superado por Pamplona. Aunque zonas como la Sakana, la Ribera Alta y la Ribera también presentan en sus pueblos una larga lista de héroes hasta ahora casi anónimos.

Diez años de trincheras y campos sin reconocimiento de Francia ni España

A Dimas Fernandino, natural de Uharte Arakil y padre de Anita -una de las familiares que hoy hablará en Gurs-, la guerra le sorprendió estudiando en Toledo. Por su ubicación geográfica y por el compromiso ideológico de la familia su destino fue el ejército republicano, al que entró con apenas 18 años, formando parte de la famosa “quinta del biberón” en mayo del 38. Con él hizo lo que quedaba de la guerra hasta que pasó, con un intento fallido, a Francia por la frontera catalana.

Lejos del esperado apoyo aliado o el reconocimiento de la república vecina, lo que le esperaba allá era el frío húmedo, la arena y las alambradas de Argelés Sur le Mer. “Nos contaba que se sintió muy humillado al tener que dejar el fusil en un montón en la muga y que las condiciones de aquel campo eran tremendas. Les trataban como a animales y sólo el reencuentro fortuito con su hermano Luís, médico de profesión y miembro del batallón sanitario, le salvó la vida”, recuerda su hija Anita. El traslado a Gurs no supuso una mejora muy notable. “Nos decía que allá sólo había barro, barro y lluvia”, decía.

Pero Dimas era un luchador inquieto y después de esquivar los batallones de trabajo y con los nazis ya ocupando Francia, contactó con la resistencia española (capitaneada por Luis Fernández) en este país que preparaba el esperado asalto por el valle de Arán. Aquello fue un fracaso, pero no le restó fuerzas para seguir combatiendo contra el fascismo en plena II Guerra Mundial, aunque ni él ni otros maquis lograron nunca el prestigio que tuvo la “Novena”, por ejemplo. “Ni Francia ni España, países por los que dejó 10 años de su vida en trincheras y emboscadas, nunca le reconocieron nada”, recuerda con amargura Anita.

Pasada la guerra y tras otra desmoralizante incursión clandestina en Pamplona -a donde llegó andando por el monte-, Bilbao y Madrid, retornó a Francia como refugiado con un reagrupamiento familiar (tenía varias hermanas en el norte que habían colaborado con la salida de niños de la guerra) y se casó en París. “Siempre tuvo el dolor de no poder volver a su tierra. Incluso le fue imposible acudir al funeral de su madre en 1961”, explica su hija.

Dimas murió en 1996 tras una estancia final apacible y arropada por su familia en varias partes de Francia (Montpellier, Baiona...) dejando tras de si un gran ejemplo de compromiso por sus ideas y episodios que bien pudieran servir para el guión de una película del periodo más intenso del siglo XX. Su hija, Anita, ve complicado poder resumir todo esto en los “tres minutos que me han dado en el acto” aunque se muestra satisfecha por este reconocimiento: “Aquí, donde había barracones sólo hay árboles, pero quedan los recuerdos. Es un acto que ha llegado tarde, pero más vale tarde que nunca. Navarra no podía quedar al margen de Gurs”, dice.

“Su sueño era volver a casa al día siguiente y pasó 40 años sin poder pisar Olite”

Félix Sembroiz tuvo que huir en el verano del 36 de Olite ante la amenaza de los golpistas junto a tres de sus hermanos. Hijos de un pastor, no tenían la red familiar que a otros les pudo servir para protegerse tras haberse significado por sus ideas comunistas. La amenaza era cierta. De hecho, uno de ellos, José, volvió al pueblo para no dejar solos a sus padres y acabó fusilado. Y estos expulsados. A partir de ahí los tres supervivientes, entre ellos Félix (con 23 años), iniciaron un larga peripecia hasta poder volver, casi 50 años después, a Olite. Porque según cuenta su hija Maribel, su padre siempre tuvo la esperanza de volver “al día siguiente” de su huida. Pero no pudo hacerlo hasta morir Franco y conocer tanto las trincheras como varios campos de concentración. De hecho su primer destino tras cruzar las líneas fue el frente de Aragón.

Ahí vio morir, en un bombardeo del tren que los transportaba, a otro hermano, Gregorio. Como muchos otros fue retrocediendo con el ejército rojo hacia Catalunya hasta que en enero de 39 acabó cruzando la penúltima frontera, entregando su fusil y viendo cómo eran recluidos en un campo “entre el mar y las alambradas”, recuerda Maribel, en un referencia a lo que pudo ser Argeles sur le mer. “Luego estuvo en otros tres campos hasta recalar en Gurs”, continúa. “Al llegar la II Guerra Mundial se vio que los alemanes necesitaban este campo para los judíos y, en cambio, hacía falta mano de obra, por lo que muchos presos salieron del campo y se pusieron a trabajar en distintas zona de Francia”, recuerda su hija Maribel. Félix acabó asentándose en Olorón junto a otros amigos y vecinos, pero su hija recuerda -a través de las cartas que recibían y el testimonio de su madre que, sólo tras verla casada en Olite, aceptó instalarse en Olorón- que Félix nunca quiso “echar raíces” ni tener casa propia al otro lado de la muga.

“Su sueño era volver. Así se pasó 40 años, pensando que la vuelta sería al día siguiente pero Franco no murió hasta 1976... Mientras tanto las noticias les llegaban vía epistolar con un ingenioso sistema de doble sobre y reenvíos desde Andorra, donde la censura era menos estricta. Félix por fin pudo retornar a su querido Olite, donde falleció ya mayor junto a los suyos. Entre ellos se encuentra su hija Maribel, que también tiene hoy 81 años, y que se alegra del reconocimiento oficial de Gurs al que acudirá con su hija Vitori. “Llevamos calladas tantísimo tiempo.... Pero es empezar a hablar y surge todo. Los recuerdos sólo tenían polvo por encima porque realmente no son recuerdos, son vivencias”, explica emocionada su hija, que hoy vive en Olite.

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