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“Su sueño era volver a casa al día siguiente y pasó 40 años sin poder pisar Olite”

La hija de Félix Sembroiz, uno de los tres hermanos que hicieron la guerra en Catalunya y se exiliaron en Olorón

Sábado, 30 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Arriba, primero izda, Lucio Sembroiz. Abajo, primero dcha, amigo de Cáseda, y 2º dcha, Félix Sembroiz.

Arriba, primero izda, Lucio Sembroiz. Abajo, primero dcha, amigo de Cáseda, y 2º dcha, Félix Sembroiz.

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  • Arriba, primero izda, Lucio Sembroiz. Abajo, primero dcha, amigo de Cáseda, y 2º dcha, Félix Sembroiz.

Pamplona- Félix Sembroiz tuvo que huir en el verano del 36 de Olite ante la amenaza de los golpistas junto a tres de sus hermanos. Hijos de un pastor, no tenían la red familiar que a otros les pudo servir para protegerse tras haberse significado por sus ideas comunistas. La amenaza era cierta. De hecho, uno de ellos, José, volvió al pueblo para no dejar solos a sus padres y acabó fusilado. Y estos expulsados. A partir de ahí los tres supervivientes, entre ellos Félix (con 23 años), iniciaron un larga peripecia hasta poder volver, casi 50 años después, a Olite. Porque según cuenta su hija Maribel, su padre siempre tuvo la esperanza de volver “al día siguiente” de su huida. Pero no pudo hacerlo hasta morir Franco y conocer tanto las trincheras como varios campos de concentración. De hecho su primer destino tras cruzar las líneas fue el frente de Aragón. Ahí vio morir, en un bombardeo del tren que los transportaba, a otro hermano, Gregorio. Como muchos otros fue retrocediendo con el ejército rojo hacia Catalunya hasta que en enero de 39 acabó cruzando la penúltima frontera, entregando su fusil y viendo cómo eran recluidos en un campo “entre el mar y las alambradas”, recuerda Maribel, en un referencia a lo que pudo ser Argeles sur le mer. “Luego estuvo en otros tres campos hasta recalar en Gurs”, continúa. “Al llegar la II Guerra Mundial se vio que los alemanes necesitaban este campo para los judíos y, en cambio, hacía falta mano de obra, por lo que muchos presos salieron del campo y se pusieron a trabajar en distintas zona de Francia”, recuerda su hija Maribel. Félix acabó asentándose en Olorón junto a otros amigos y vecinos, pero su hija recuerda -a través de las cartas que recibían y el testimonio de su madre que, sólo tras verla casada en Olite, aceptó instalarse en Olorón- que Félix nunca quiso “echar raíces” ni tener casa propia al otro lado de la muga. “Su sueño era volver. Así se pasó 40 años, pensando que la vuelta sería al día siguiente pero Franco no murió hasta 1976... Mientras tanto las noticias les llegaban vía epistolar con un ingenioso sistema de doble sobre y reenvíos desde Andorra, donde la censura era menos estricta. Félix por fin pudo retornar a su querido Olite, donde falleció ya mayor junto a los suyos. Entre ellos se encuentra su hija Maribel, que también tiene hoy 81 años, y que se alegra del reconocimiento oficial de Gurs al que acudirá con su hija Vitori. “Llevamos calladas tantísimo tiempo.... Pero es empezar a hablar y surge todo. Los recuerdos sólo tenían polvo por encima porque realmente no son recuerdos, son vivencias”, explica emocionada su hija, que hoy vive en Olite.

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