Y tiro porque me toca

Ayer, hoy y mañana

Por Miguel Sánchez-Ostiz - Domingo, 1 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Como no soy adivino del porvenir me hubiese gustado escribir este artículo el domingo, primero de octubre, 1-O, al anochecer, y casi mejor el lunes, porque ahora mismo lo que esté sucediendo al tiempo de que usted, lector, pueda leer estas líneas es para mí un misterio o una catástrofe anunciada y planificada al detalle, en una estrategia de toma y daca, de acción-reacción, que augura siempre lo peor.

No soy adivino del porvenir, insisto, y no sé lo que va a pasar dentro de unas horas, es decir, lo que ya estará pasando, solo sé lo que ha sucedido hasta ahora y el vendaval de enconos, abusos, fraudes de ley, malos modos y reacciones patriótico-cuartelera que ha levantado la convocatoria del referéndum por la independencia de Catalunya.

¿Y mañana lunes? Mañana quién sabe, pero lo más lógico es que empiece un proceso político en el que la trinchera gubernamental busque afianzarse y sacar réditos de la avalancha de patriotismo y sobrevenido constitucionalismo totémico de estas últimas semanas , y que la oposición busque la manera de encarar un proceso constituyente de una reorganización del estado que conlleve la escritura de una nueva constitución. Un pulso renovado pues y para rato imagino, y muchos picos y palas, dialécticos y no dialécticos, para seguir ensanchando y ahondando las trincheras que ya nos separan. El panorama no puede ser más borrascoso si tenemos en cuenta el daño que ya ha sufrido nuestra convivencia.

Ignoro sobre qué base se puede llegar a un compromiso político que ponga fin o remedio a esta situación de conflicto permanente con tendencia a gravarse día a día, o si por el contrario, el partido en el Gobierno, con ayuda de sus aliados, se va a lanzar a una represión de largo alcance, una prohibición sobre otra, en una escalada que ya produce asombro. ¿Pactar, convenir, acordar...? ¿Sobre qué bases, acerca de qué...? ¿De un nuevo referéndum acaso? Sería raro que mañana se pudiera votar lo que hoy se impide, como sería raro que lo ya sucedido fuera sin más la puerta para la III República Española. Pero de que ha comenzado la pugna por una reorganización del Estado, de eso no me cabe ninguna duda, y de que los actuales figurantes y actores del tablado político están muy gastados, tampoco. Sería extraordinariamente raro que busquen y faciliten soluciones los mismos que se encuentran tan cómodos en un callejón sin salida que siempre ha provocado otro. Ignoro cuánto tiempo será necesario para conseguirlas. La vida política no puede ser la misma, no lo es ya, si la comparamos a una legislatura atrás. El deterioro de las instituciones ha sido algo imparable, por muchos golpes de puño sobre la mesa que den ahora para afirmar una autoridad dañada y se abanderen con una democracia de la que han hecho confetis, serpentinas y matasuegras. El autoritarismo no es una forma de convivencia ni segura ni plácida, conduce sin remedio al sometimiento y al régimen policial. Todas las veces que lo digamos serán pocas. La condena sistemática del opositor y el disidente político, convertido no ya en enemigo encarnizado, sino en traidor a la patria a cazar, remite a tiempos que se ve no han quedado del todo atrás. No todo consistía en abrir fosas comunes y enterrar de manera digna a los asesinados del pasado. La negativa a hacerlo tiene una explicación sociológica, además de política, clara, cuando con pachorra ahora mismo se habla de manera tabernaria de fusilamientos, ajustes de cuentas, prisiones, palos... y mucha patria, mucha, que en la práctica ha sido un balón de oxigeno para la losa nacional de la corrupción y el descrédito de las instituciones. Tal vez el patriotismo se afirmara de mejor manera no amparando un sistema de corrupción generalizada y cumpliendo lo prescrito en la Constitución, tan traída y llevada, en todos sus términos, los que prevén ese elemental bienestar ciudadano tan dañado en los últimos años, y no solo en los que en cada momento convengan de manera sectaria al gobernante de turno. Constitución, sí, pero otra.