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“Nuestra única arma es la no violencia”

DIARIO DE NOTICIAS visita algunos de los colegios electorales del referéndum, donde un movimiento cívico de cientos de vecinos espera poder dejar sin argumentos a la Guardia Civil y de esta forma evitar una intervención policial

Un reportaje de Miriam Vázquez - Domingo, 1 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Algunos vecinos se concentraron no solo en el interior de la Escola dels Encants, sino que sus exteriores también estaban concurridos. Fotos: José Luis Gómez Galarzo

Algunos vecinos se concentraron no solo en el interior de la Escola dels Encants, sino que sus exteriores también estaban concurridos. (José Luis Gómez Galarzo)

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  • Algunos vecinos se concentraron no solo en el interior de la Escola dels Encants, sino que sus exteriores también estaban concurridos. Fotos: José Luis Gómez Galarzo

Como en la batalla de David contra Goliat, Catalunya parece tenerlo todo en contra a la hora de celebrar su referéndum de independencia. Tiene en frente a todo un Estado, a los fiscales, los jueces, la Guardia Civil y la Policía española. ¿Cómo es posible ganar el pulso en esas circunstancias? Este periódico se acercó ayer a varios colegios electorales de Barcelona, donde se ha gestado un movimiento cívico y escrupulosamente pacífico para mantener los centros ocupados hasta la jornada de votación de hoy y que el referéndum pueda tener lugar, incluso pasando la noche en los centros. Intentan que esa presencia ciudadana llame la atención de las instancias internacionales y, sobre todo, que desactive cualquier intervención policial por el coste que tendría en términos de imagen para el Estado. “¿Quién va a desalojar a alguien porque está jugando a la consola? ¿Quién se va a llevar a dos señoras jubiladas que están tomando algo mientras se enseñan fotografías con sus móviles?”, se preguntan.

Uno de los centros neurálgicos de la movilización es la escuela de primaria Fort Pienc, situada cerca de la avenida Meridiana. Un centenar de personas se dedica a las más variopintas actividades: un maratón de PlayStation, competiciones deportivas, taller de maquillaje... Un joven se pasea con el símbolo de la paz pintado en blanco en la frente. El civismo y la resistencia pacífica son la principal seña de identidad que persigue este proceso para ganar legitimidad internacional. Sobre todo, sorprende ver a gente de todas las edades. Muchos de los presentes son ancianos y niños. Buena parte de las familias del barrio están allí, y se busca dar una imagen de fuerza y trasladar que la demanda es muy ampliamente compartida.

Joaquín se enorgullece, e incluso de emociona, explicando que el movimiento ciudadano es muy transversal, y que “hay gente a la que ni le va ni le viene la independencia, pero no le gusta la actitud que está teniendo el Estado”. “Son personas que piensan que, si el Estado actúa así contra Catalunya, también podrá hacerlo ante cualquier otra reivindicación”, argumenta. También cita el caso de una familia que ha venido desde Mallorca, que ha querido apoyar el proceso aunque ni siquiera vaya a votar, y recalca que la única baza que tiene el referéndum es esta exhibición ciudadana. “La única arma que tenemos es la no violencia y el civismo”, dice.

¿Y qué pasará cuando actúen las fuerzas de seguridad? ¿Darán al traste con a votación? Joaquín relata que los Mossos se han presentado tres veces en el centro, pero dice que fueron muy correctos y actuaron con profesionalidad. No hubo ninguna incautación ni desalojo. Todos los colegios visitados por este periódico coincidieron en esa versión. Poco después de la conversación con Joaquín, en torno al mediodía, aparecen otra vez los Mossos. Curiosamente, media hora antes de que se presentaran, había corrido la voz de que los agentes catalanes iban a entrar en el colegio. Se abren paso dos uniformados, sonrientes. Dan los buenos días, y uno de ellos se quita la visera como gesto de cortesía. Helena, una de las madres, enseña al agente las dependencias del colegio y le explica las distintas actividades. El mosso busca la razón que justifique una presencia continuada en el centro. “Es una fiesta muy larga, de muchas horas”, dice Helena. Termina la conversación y se despiden con un apretón de manos. Uno de los presentes muestra una captura fotográfica de un acta de los Mossos del día anterior, en la que despacharon el asunto asegurando que solo se estaban celebrando actividades lúdicas.

El periodo de gracia, sin embargo, acaba hoy a las 6.00 de la mañana, cuando los Mossos tienen la orden de precintar los centros. Existe el convencimiento generalizado de que no actuarán si observan que hay muchos ciudadanos en las inmediaciones. Otro cantar será la actuación que pueda tener la Guardia Civil. Pero Joaquín cree que no encontrarán ninguna justificación para cargar. Piensa ya en los preparativos de la noche y en conseguir colchonetas para que todo aquel que lo desee pueda dormir en el gimnasio.

Desde Mallorca Aina Comas ha venido desde Mallorca con su hija de 17 años, sus dos hijos de 13 y 5 años, y su pareja. Es concejala en Artà por una agrupación de ecologistas, IU-Verds y Podem. “Estamos aquí porque nos sentimos parte de los Països Catalans, compartimos lengua e historia. Pero, al margen de la independencia sí o no, este momento es histórico porque están en juego la libertad de expresión y reunión y derechos fundamentales. Hay que destacar la movilización pacífica, de jóvenes y adultos, lo que da fuerza y credibilidad al proceso. Va a ser difícil que carguen las fuerzas de seguridad, menos aún cuando lo que se defiende es el derecho a voto”, recalca.

En la Escola dels Encants, cerca de la plaza de Glòries, una pancarta ondea a pocos metros de la entrada, invitando a todo aquel que lo desee a sumarse a la fiesta. Miguel es uno de los más madrugadores en todos los sentidos. Él ha votado ya. Lo ha hecho por correo porque reside en Francia, en el departamento de Gard, y asegura que el procedimiento fue muy sencillo. Como formaba parte del registro de ciudadanos españoles en el exterior (CERA) y del registro de catalanes, la Generalitat le envió un correo electrónico con un enlace que conducía a una página de internet, donde introdujo sus datos e imprimió el modelo de papeleta para votar. Toda esa información estaba ligada a un código QR para evitar que alguien suplantara su identidad. Envió todos los documentos a la delegación de la Generalitat en París. “Ya he votado pero, ¡a ver si vale para algo! Todo depende de que el referéndum tenga lugar”, dice.

Jordi forma parte del comité de defensa del referéndum. Es padre, votante e interventor en este centro. Está convencido de que, si vienen los Mossos a impedir la votación, “aplicarán la mediación y la proporcionalidad, y todo acabará dilatándose”. “Pero, si viene la Guardia Civil, no sé lo que pasará”, dice. Jordi asegura que las urnas no están aún en el colegio, y que a lo largo de la tarde o de hoy mismo vendrá la autoridad electoral de la Generalitat a traerlas. Apunta a la posibilidad de organizar una comitiva humana y una especie de muro para blindar a quien traiga las urnas a lo largo de todo su recorrido hasta el colegio. En otros ámbitos se da por hecho que los recipientes están ya en todos los centros o en la mayoría de ellos.

Ya avanzada la tarde, Juan coge un megáfono e improvisa una asamblea para dar una consigna a los presentes: acudir al colegio a las 5.30 de la mañana de forma masiva para evitar el precinto del centro. Si los Mossos ven a mucha gente, no actuarán para evitar una batalla campal y problemas de orden público mayores que los que se pretenden solucionar. Juan quiere que todo transcurra con normalidad, y defiende que el voto es un derecho democrático, y que el debate va más allá de la independencia. “De hecho, mis padres están por el no a la independencia”, revela. Los presentes en los centros escolares ofrecen su testimonio con gesto relajado y solo ponen una condición: no fotografiar a los niños, porque están protegidos por ley y no quieren que nadie los acuse de utilizar su imagen a favor del referéndum o, incluso, como escudo humano ante la Policía.

VISITA DE COLAUEn el instituto de secundaria de la Sedeta, en el barrio de Gràcia, cuarenta personas han pernoctado en las instalaciones para defender la votación. Por la puerta principal y por sorpresa, sale la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. Va con su bebé en brazos, y acompañada de su marido. Es un momento familiar, y se marcha con discreción y como un relámpago. Dentro del centro, Dani y Françesc se muestran tranquilos y convencidos de que todo transcurrirá con normalidad. En torno a una paella, Dani asegura que habrá un maratón de 50 horas. ¿50 horas de paella? “¡No, hombre! 50 horas de volley. Las 50 horas comiendo las dejamos para los vascos”, bromea Dani. Explica que han recibido la visita de Colau porque este es su colegio electoral. La alcaldesa ha querido interesarse por la situación y comprobar si todo transcurría con normalidad. Ya ha anunciado que votará en blanco, y todo este tiempo se ha mostrado preocupada por las garantías del referéndum.

“Aquí estamos todos tranquilos”, dice Dani en este centro con historia, que nació en el solar ocupado antiguamente por una fábrica textil tras las protestas vecinales que querían reutilizar el espacio y construir un equipamiento educativo. El Govern ha habilitado para hoy 2.315 colegios electorales. La delegación del Gobierno español redujo la incidencia de estas movilizaciones asegurando que, de los 1.300 centros que visitaron los Mossos, solo 163 estaban ocupados. Eso supondría que el 88% de los centros están cerrados. Hoy llegará la hora de la verdad y la jornada más histórica para Catalunya desde la transición.

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