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Un día para votar: ni más, ni menos

Por Alicia Ezker - Domingo, 1 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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Las fechas siempre llegan y pasan, es lo que tiene la rueda de la vida, que nunca se detiene, y más en estos tiempos de inmediatez donde el tiempo, aún siendo el mismo, parece como si fuera todavía más rápido. También el 1 de octubre ha llegado. El día esperado y soñado para miles de catalanes, temido por otros tantos. Llega, tras un largo y tortuoso proceso, con forma de referéndum, con toda su incertidumbre tras la vorágine informativa cargada desde algunos medios estatales más de medias mentiras que de verdades;llega con todo el atropello mediático, judicial y policial desde el Estado pintando un gris escenario más propio de tiempo pasados que de lo que debería ser el espacio multicolor de la democracia, por suerte todavía a tono en Catalunya con una ejemplar movilización social. Llega el 1 de octubre para convertir en realidad las hipótesis de unos y desmontar las de otros, y dejar al descubierto las grandes carencias democráticas del Gobierno estatal y la imagen inolvidable de un pueblo que sale a la calle para reivindicar sus derechos, el derecho a decidir en este caso, pero también el derecho a ser y a expresarse. Llega el 1 de octubre como la única opción política que siempre ha estado sobre la mesa, y si ha llegado de manera unilateral es porque la otra parte nunca ha querido estar donde debería haber estado, al otro lado del diálogo para lograr, o al menos intentar, un acuerdo. Y aquí estamos, en este día en el que no sabemos qué nos vamos a encontrar por mucha palabra y análisis previo que se quiera hacer. Día de votaciones y tensiones;de colegios electorales sin votantes y votantes sin colegios, de urnas sin papeletas que contar y papeletas sin urnas que llenar, de ciudadanos y ciudadanas sin libertad para ejercer un derecho, de escrutinio quien sabe de qué y con qué resultado, con votos que nunca llegarán a contarse por no haber podido llegar a su destino;de acusaciones políticas y declaraciones cruzadas cual fuego abierto... todo, en un día en el que nadie gana porque todos hemos perdido ya en esa pérdida irremediable de democracia que ha sido este “proceso” que como bien dijo Puigdemont en su cierre, debería dar lugar al “progreso” social, económico, cultural y nacional de Catalunya. No es mala la frase. Quizá es una segunda parte de aquel otro juego de palabras que utilizó otro president catalán (socialista, para que se vea de manera más clara que esto va de democracia más que de nacionalismo, ya que cada vez hay más independentistas catalanes no nacionalistas....) en un momento histórico que también fue una oportunidad perdida. Maragall, en su discurso de investidura en 2003 antesala de aquel otro “procés” de negociación, debate y votación del famoso Estatut habló de que hacía falta pasar de la Catalunya de la “protesta” a la de la “propuesta”. Y cumpliendo escrupulosamente todos los preceptos de la hoy sacrosanta legalidad, lo hicieron: un Estatut que superó todos los trámites y refrendos populares pero que la aplicación torticera de la ley desde el mismo tribunal Constitucional, lo redujo a una caricatura normativa. No se puede humillar dos veces la dignidad de todo un pueblo en menos de 15 años. ¿Habrá “progreso” después del “proceso”? Eso es ya mucho adelantar. Es hablar del 2 de octubre, que es mañana pero queda lejos cuando hoy mismo todo está en el aire ante esta jornada decisiva para Catalunya y para el resto del Estado y de Europa;un día que seguro nos abre un escenario nuevo a partir de mañana que necesariamente tiene que pasar por el diálogo, el acuerdo y el respeto a Catalunya, una comunidad que no se rinde en su objetivo, en hacer realidad algo tan sencillo y complicado al mismo tiempo como que los catalanes puedan pronunciarse en libertad y legalmente sobre qué Estado quieren ser o a cuál quieren o no pertenecer. Exigir el derecho a decidir no es ejecutar la decisión, eso llega después y está en manos de los políticos que tienen que gestionar la voluntad de los ciudadanos, es tomar el pulso a la sociedad y actuar en función de ese pulso. Pero hay muchos, demasiados, políticos que precisamente lo que mas temen es a la libertad y a la democracia cuando intuyen que los resultados que esta arroja no son los suyos. En las puertas del 1-0 se nos acumulan un torbellino de imágenes, sensaciones, opiniones, sonidos... multiplicados por la aceleración y potencia de las redes sociales. Futbolistas que hablan de pólitica, políticos que actúan como forofos futboleros, cantantes que ponen música a una melodía u otra, vídeos virales, sobredosis informativa, millones de tuits, informáticos rusos, líderes americanos, tractores, barcos, piolines, claveles, papeletas, papelones, Mossos, guardias civiles, colegios y escuelas como centros de resistencia, pancartas, banderas, muchas banderas.... Pero quizá, si hubiera que quedarse con un icono que resuma el final de esta fase del proceso es el de la urna presentada por Junqueras. Por un lado es el símbolo de que los impulsores del procés han logrado mantenerlo vivo hasta la fecha indicada contra viento y marea. Por otro, ha despertado las chanzas en Internet sobre su forma de tupper, su precio y su origen chino y comentarios tan machistas y antidemocraticos como el de Albiol, que dijo que su mujer usaba una de esas para la ropa sucia... No entienden nada. Porque lo importante de hoy no es el “continente”, sino el “contenido”: los votos, la voluntad popular. Lo relevante no es el “precio” de estas cajas de plástico sino el “valor” de la democracia. De esto va la jornada que ojalá nos vuelva a dejar imágenes de civismo, participación y respeto. Sólo se trata de votar.

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