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Cartografía del euskera: mapas para una lengua andarina

Hace 30 años, un grupo de investigadores de Euskaltzaindia se empeñó en registrar las variedades de la lengua vasca allá donde se había trasmitido de forma natural y dibujarlas en un atlas. Ahora, su trabajo se podrá visitar desde el día 6 de octubre en el Parlamento de Navarra en la exposición ‘Euskara ibiltaria’.

Un reportaje de Daniel Burgui Iguzkiza - Domingo, 1 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Imagen de los cuadernos usados en el trabajo de campo realizado por los investigadores de Euskaltzaindia.

Imagen de los cuadernos usados en el trabajo de campo realizado por los investigadores de Euskaltzaindia.

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¿Cómo denomina usted al dócil animal doméstico que está en casa y se ata con una cuerda? ¿Cómo designa usted en euskera al sentimiento de pena profunda y de añoranza del hogar materno? ¿De qué forma se grita para espantar las ocas? ¿Qué nombre recibe la comida que sobra tras un banquete? ¿Cómo se llama el fenómeno meteorológico que en el cielo forma un semicírculo de colores después de una jornada de lluvia? Estas son algunas de las 2.857 preguntas que durante los años 1986 y 1992, formularon un grupo de investigadores de la Real Academia de la Lengua Vasca - Euskaltzaindia a más de 320 vascohablantes esparcidos por todo el territorio del euskera. No necesariamente toda Euskal Herria, sino aquellos lugares donde la lengua vasca pervivía y se había transmitido de forma natural. Y allá donde el euskera de forma más auténtica se había modificado, mutado o errado de un lado a otro, creando variantes locales, euskalkis.

De hecho, la ambiciosa idea de aquel grupo de científicos, lingüistas y académicos -que surgió tras unas jornadas de dialectología en Markina en 1983- era precisamente esa: dibujar mapas, cartografiar exhaustivamente la lengua vasca y en el futuro elaborar un atlas que recopilase gráficamente, de forma divulgativa y accesible esas variedades locales.

El proyecto arrancó en 1984, momento en el que se fijaron las preguntas del cuestionario, el perfil de las personas a las que había que preguntar, y la propia metodología de trabajo. Así, el cuestionario abarcaba todos los aspectos del lenguaje: léxico, fonética, morfología y sintaxis. Se seleccionaron 145 municipios donde recopilar datos, se formó al equipo que saldría a realizar el trabajo de campo en 1986 y comenzaron a tomar registro de esta realidad. El resultado fueron más de 4.000 horas de grabaciones (una media de 27 horas por localidad) almacenadas en 2.400 cintas magnetofónicas BASF, que han sido diligentemente digitalizadas -y ahora accesibles también online en internet-, más de 1.450.000 palabras registradas, y cerca de 10.000 respuestas tipo test.

El resultado -aun en curso- es la obra Atlas de las Variedades Locales del Euskera (Euskararen Herri Hizkeren Atlasa, en euskera) que tiene ya ocho tomos publicados y llegará hasta los doce volúmenes en el futuro.

Ahora, la parte más didáctica, lúdica y divulgativa de todo ese descomunal trabajo que ha realizado durante tres décadas la Real Academia de la Lengua Vasca se ha trasladado a una exposición denominada ‘Euskara ibiltaria’ (traducido algo así como “el euskera errante o andariego, ambulante”) que desde el próximo día 6 de octubre estará abierta en el atrio del Parlamento de Navarra, y que cuenta con el apoyo de DIARIO DE NOTICIAS y Laboral Kutxa. En la muestra no solo habrá paneles y mapas informativos sino también los cuadernos originales con las transcripciones, las encuestas con sus dibujos e ilustraciones, las cintas de cassette, objetos y materiales que se usaron durante estos 30 años de investigación. “Esta exposición pretende acercar a la sociedad navarra de forma digna, atractiva y potente la riqueza y diversidad del euskera, centrándonos en la Comunidad Foral y especialmente para despertar la curiosidad tanto de vascoparlantes como de los que no lo son”. Así lo afirma Adolfo Arejita, director académico del Atlas de las Variedades Locales del Euskera de la Academia y responsable del proyecto expositivo.

“Se trata de poner en relieve el trabajo de la Academia y revalorizar el euskera vivo y, al margen de cualquier otro tipo de consideración política, que se sepa y se divulgue el patrimonio oral que hemos tenido y en muchos caso se ha perdido”, añade el académico.

no solo lo rural Los resultados que fueron encontrando los investigadores, a menudo excedieron sus expectativas, tal y cómo relata Amaia Jauregizar, filóloga y técnica de la Real Academia de la Lengua Vasca y que lleva trabajando en este proyecto la última década. Jauregizar nació en 1985, así que, obviamente, no estuvo presente en la recogida de datos, pero al revisar las grabaciones se va encontrando con joyas: “A menudo en los cassettes y transcripciones encontramos que los informantes cuentan un chiste, cantan una canción, hablan de una experiencia personal, en definitiva aportan un valor y un patrimonio etnográfico difícil de clasificar”. Se va componiendo así un universo entero no solo de cómo era el euskera en 1986 sino de una sociedad. Por ejemplo, en muchos lugares del interior ni si quiera había una forma autóctona de designar a la merluza, salvo en los lugares de costa (legatza, en euskera) porque era un pescado caro o no había costumbre de consumirlo, hasta que se popularizó en bodas, bautizos y comuniones.

Dentro del gran elenco de temas que aborda el estudio (muchos de ellos publicados y disponibles online: animales domésticos, labores, oficios, pájaros, partes de la casa, comida, bebida, ropa...) también se registraron realidades complejas como la espiritualidad, poner nombre a sentimientos o ideas (“tonto”, “cachondearse”, “libertad” o “nostalgia”) que dependen mucho de la subjetividad. E incluso se abordó de forma más discreta la sexualidad -un tema pendiente aun de publicación en próximos volúmenes del atlas-. “Quizás ni en aquel momento ni ahora era sencillo hablar con personas mayores de algunos temas más íntimos, pero también era interesante conocer de qué forma el euskera local designaba las relaciones”, detalla Amaia Jauregizar.

En definitiva, esta obra es un mapa amplio para guiarse por un ámbito geográfico pequeño en el que nuestra lengua, el euskera, viajó mucho, pero en distancias cortas, de casa a casa, Puerta a puerta. A pasitos. Como hicieron los propios investigadores de la Academia.

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