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la carta del día

Cultura de refugiados

Por Gabriel Mª Otalora - Lunes, 2 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

El pasado 30 de septiembre se cumplieron dos años de la fotografía del niño kurdo Aylan Kurdi, ahogado una playa turca mientras huía de la guerra siria. Era la fecha tope para que España acogiera a los miles de refugiados comprometidos que no acaban de llegar. Refugiados o asilados en el lenguaje de las Naciones Unidas, perseguidos, a los que hay que proteger conforme a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Nuestra cultura occidental ha propiciado que los refugiados deben recibir la ayuda básica y los mismos derechos que cualquier otro extranjero residente legal. Derechos civiles básicos, incluyendo la libertad de movimiento y el derecho al respeto como persona: a la asistencia médica, a trabajar si son adultos y derecho a la escolarización para los niños. ¿Puede Occidente seguir presumiendo de civilizado después de un proceso inverso de incivilización deshumanizada entre el miedo egoísta y la indiferencia?

Sin minusvalorar el impacto que trae consigo la llegada de miles de personas, no podemos obviar el compromiso humanitario que reclaman. El secretario de Estado para la Unión Europea (UE) afirma que va a ser “imposible” cumplir la cuota de acogida de 17.500 refugiados a la que se comprometió España antes del 30 de septiembre porque “no existen tantas personas reubicables”, mientras que para Oxfam Intermón el motivo es que el sistema diseñado por Europa es “discriminatorio” ya que “un 40% de ellos no cumplen las características que se han impuesto para este sistema de reubicación como fechas de llegada o país de origen”. Da la impresión, además, como si en octubre el problema y los refugiados se fueran a volatilizar y con ellos la obligación humanitaria.

La tragedia se vive en el mismo lugar que se forjó la democracia básica y con ella la cultura helenística basada en la filantropía (amor y amistad hacia los seres humanos). ¿Dónde aplicar el término spoudaios, persona decente, si la educación era la solución y hemos echado la ética por la borda? Suena a sarcasmo la decencia viendo la realidad actual en Grecia y en todo el Mediterráneo.

En 2015, bajo el impacto emocional de la muerte del niño Aylan, la UE acordó reubicar a finales de septiembre de 2017 a 160.000 solicitantes de asilo procedentes de Italia y Grecia y acoger a 22.504 refugiados de Oriente Medio y de África. Pero en marzo de este año la Comisión Europea admitió que solo se acogerá a 40.000 de las 160.000 comprometidas. El cupo de refugiados marcado por la UE para el Estado español es de 17.337 personas, pero hasta julio tan solo habían llegado 1.724 personas.

Euskadi ha pedido insistentemente acoger refugiados pero el sistema diseñado por la UE genera retrasos a los que sumar la inercia negativa del propio gobierno español. El Gobierno vasco preparó un documento marco que recoge una estrategia completa sobre la respuesta a la crisis humanitaria en el Mediterráneo: el Programa Auzolana. Otros países más pobres que la UE acogen a muchos refugiados: Jordania tiene 6 millones de habitantes y 320.000 refugiados. España, en comparación con los otros países miembro, está a la cola en el número de solicitantes de asilo, según denuncia Amnistía Internacional.

En un mundo civilizado necesitamos cultura porque enriquece el espíritu; esto es algo que firmaría la mayoría de nosotros. Pero antes que una sensibilidad susceptible de ser educada, fue una creación impulsada por necesidades mucho más básicas como la necesidad de comunicación y de convivencia. Nos hemos olvidado que lo que hace posible la cultura, la convivencia enriquecedora entre los seres humanos, no es sino un juego de fuerzas entre los principios opuestos del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto. Lo terrible es que para muchos, esto no son más que palabras propias de incautos. Han hecho lo peor, han bajado los brazos y, sin darse mucha cuenta, se están desentendiendo de la terrible tragedia de los refugiados.


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