Educación financiera y responsabilidad social

Por Antonio Argandoña - Lunes, 2 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Hoy es el Día Nacional de la Educación Financiera. El lector quizás piense que hay ya demasiados días nacionales o internacionales de demasiadas cosas. Pero quiero aprovechar este contexto para reflexionar sobre si tiene algo que ver la Educación Financiera con la Responsabilidad Social.

Si el lector se pregunta esto desde una entidad financiera, la respuesta es claramente afirmativa. Si la Responsabilidad social es la responsabilidad de las empresas por sus impactos en la sociedad, la Responsabilidad social de un banco, un fondo o un asesor financiero debe empezar por sus impactos en los que tiene más cerca de su negocio, o sea, en sus clientes y en sus empleados.

Bien, dice el lector: pero, ¿de qué es responsable una entidad financiera para con sus clientes? Pues de los efectos que tengan sus acciones (y sus omisiones): de la calidad de sus productos, de su rentabilidad y de su riesgo, de sus implicaciones fiscales y, en definitiva, de todo lo que aparece en su contrato, también la llamada letra pequeña.

La entidad financiera, sus directivos y empleados tienen que ser conscientes de esos impactos. Y aquí aparece la educación financiera. Porque muchas veces el cliente no entiende lo que es una TAE, o qué significa un riesgo de interés, de tipo de cambio o de liquidez. Por tanto, el primer deber de las entidades es explicar a sus clientes todo esto. Y como la cultura financiera de las personas es muy distinta, habrá que adaptarse a sus condiciones. El primer deber de la entidad es, pues, dar al cliente toda la información necesaria. Y no solo por escrito, con largos párrafos llenos de términos raros, sino con sencillez.

La Educación Financiera tiene dos dimensiones, o incluso tres. La primera, la más importante, afecta directamente al cliente y es explicarle con claridad lo que necesita saber sobre la operación que tenemos entre manos. Esta es una Responsabilidad social directa, como la que tiene el fabricante de medicamentos cuando nos recuerda ese listado larguísimo de los cientos de males que nos pueden suceder si nos tomamos esas pastillas.

Ciertamente, todas esas aclaraciones se hacen para proteger al fabricante o al vendedor de las reclamaciones que le pueden llegar si el cliente hace un mal uso del producto. Pero lo que importa es que, si el cliente hace un mal uso del producto, sufrirá un daño: y eso es lo que preocupa a la Responsabilidad social. Si acaban ante los tribunales o no ya no es un tema de Responsabilidad social, sino del departamento jurídico o del de cumplimiento normativo.

La segunda dimensión consiste en educar a la población en general, sobre todo a los jóvenes, porque están en edad de aprender y porque tienen toda una vida por delante para poner en valor esos conocimientos. Porque, además, la entidad financiera no sabe quién será su futuro cliente, de modo que todos salimos ganando si aumentamos la capacidad de todos para comprender los productos y las operaciones, los riesgos y las rentabilidades. Y porque si el cliente viene más preparado, la conversación con él será más sencilla, breve y directa.

La educación financiera tiene lo que los economistas llamamosefectos desbordamiento: si mejoramos los conocimientos económicos y financieros de nuestros conciudadanos, es más fácil que ellos cometan menos errores y que nos ayuden a no cometerlos nosotros, y todos saldremos beneficiados. Y esto es, de nuevo, Responsabilidad social en sentido amplio: mejora de las personas, de los negocios y de las decisiones, mejora de la sociedad en general.

Pero, ¿quién tiene esta última responsabilidad? No lo sé: cada uno, cada entidad, debe preguntarse sobre esto. En principio, el que conoce el tema y tiene formación y medios tiene también la responsabilidad.

Y esto me lleva, para acabar, a la posible tercera dimensión de la Responsabilidad social de las entidades financieras en la Educación Financiera. Porque esas entidades hacen muchas cosas que se proyectan en sus clientes y en la sociedad en general, y a las que no llaman de Responsabilidad social. Y pueden aprovechar todo eso para cumplir una Responsabilidad social amplia. Por ejemplo: cuando publican su balance, añadiendo unos párrafos que expliquen las partidas que no sean de fácil interpretación. O cuando anuncian un producto nuevo, remitiendo a una página web en la que se explican aspectos relevantes del mismo. O publicitando artículos o blogs en los que se comenten aspectos de Educación Financiera.

Decididamente, hay demasiados días nacionales o internacionales de demasiadas cosas. Pero cuando las empresas se sientan a pensar cuáles son sus responsabilidades ante la sociedad y ante sus clientes, con un poco de imaginación se les ocurrirán muchas cosas relacionadas con la Educación Financiera, que serán muestra de que son responsables. Y todos saldremos ganando.


Cátedra CaixaBank de Responsabilidad Social Corporativa del IESE