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La otra crónica

Botar con los pies en el suelo

Por Enrique Conde - Lunes, 2 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

La cantimplora sabe distinta si se trata de jugar un domingo a la tarde en casa en un horario que no dé por saco. Es tan inusual que la gente suele apurar el vaso, el habano, la partida y la charla porque hay mucho de qué hablar de toda la semana, había resultados ventilados de rivales, clasificación que mirar y, ayer, además, temática de sobra en casa y allá por otros Estados no muy lejanos como para al palique en la sobremesa. También era un día que olía a partido gordo, con una afición rival acostumbrada a patearse kilómetros y ante la que se guardó un respeto importante y una congregación de fieles rojos que tenían ganas de botar con el equipo. No se quedó con las ganas. Los rojillos -con dos canteranos en el once titular y Barja sin seguir rascando minutos porque el entrenador quiso hacer otra cosa con los cambios y, lo cierto, es que le salieron de perlas- arrancaron eléctricos el choque y fundieron las conexiones del Sporting, un equipo diseñado para la asociación, el toque y la posesión abrumadora, que se colapsó merced a un despliegue arriba de Osasuna que gusta más que un dulce al graderío. Torró y Mérida se batieron como maratonianos en la medular y encalomaron al equipo a la chepa del rival, porque en cada contacto encontraban una presa e igual repartían cera que arrinconaban a los peloteros asturianos para que el balón saliera mordido o sin sentido. Roberto Torres, que tuvo con el árbitro un diálogo de sordos a lo largo de todo el choque, le puso proyección a todo ese despliegue y abanderó las primeras acometidas con su fútbol, ayer vertical y decidido. Lo coronó con un gol que habló de las virtudes por banda del equipo, donde el delantero centro, Quique, habilitó un espacio precioso para que Coris entrara hasta la cocina. De ahí al gol medió el toque de Torres. Eso desató la tormenta rojilla con hasta media docena de ocasiones clamorosas para marcar. A Quique se le escaparon no menos de tres remates a bocajarro, pero si bien ayer le persiguió el desatino, su tajo en la punta de lanza es encomiable. Le sobra talento con y sin balón. A él se le unió un David Rodríguez inédito en las dos últimas jornadas y al que el técnico puso como ejemplo. Lo fue. Se desfondó en el repliegue y, aún así, llegó al remate. La tuvo en un cabezazo cruzado en la primera parte. Y luego la embocó de zurda. Es un lujo porque ambos tienen la portería en el entrecejo y una pericia innata en el remate. A todo esto, el portero estuvo inmenso en la única aproximación con peligro y la defensa solventó la tarea con seriedad y aseada con el balón. Como el día transitaba sobre ruedas, el cambio de sistema que propuso el técnico para cerrar el encuentro terminó por liquidarlo y ofreció otra versión de los rojillos galopando a la contra. Hay mimbres, variedad y convicción. Pero es la jornada 7, recordó Martínez. Quedan unos cuantos largos. Y también días felices. De bote en bote, con el taco en el suelo y el ánimo encendido.

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