Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

El seny y la resistencia

Por Maitane Moreno - Lunes, 2 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Amanece a las 7:15 en el instituto público Lluís de Peguera de Manresa y 200 personas hacen cola en la entrada a la espera de que lleguen las urnas y las papeletas. En su interior hay familias que han estado haciendo guardia durante todo el fin de semana para evitar el cierre del centro de votación, pasando las horas entre charlas y talleres. La incertidumbre es la norma, nadie sabe qué ocurrirá durante las próximas horas, pero todos tienen la conciencia de estar participando en una jornada histórica.

Dos horas después, decenas de furgonetas de la Policía Nacional entran en Barcelona y los agentes requisan las primeras urnas en el instituto Ramón Llull y en el colegio Pau Claris, ambos en el barrio del Eixample. Las imágenes de las cargas policiales y de los ciudadanos heridos por la fuerza bruta utilizada por la policía en el desalojo no tardan en dar la vuelta al mundo. Sin embargo, nadie se marcha a casa. Al contrario. Bajo una lluvia intensa e intermitente, y sin atisbo de resignación, marchan a otro colegio electoral. Y es ahí dónde quizá resida el éxito del procés, en una sociedad que ha sabido organizarse y desafiar la ley sin perder el seny, esa palabra catalana que textualmente significa “cordura” y “sensatez” pero que en Catalunya va más allá y sirve para describir una forma de ser y de actuar. Paciencia y organización como la clave para perseverar. Un ejemplo es la cola que se formaba ayer a las once de la mañana en el colegio Fort Pienc de Barcelona, a medio camino entre los dos centros de votación cuyas urnas habían sido requisadas poco tiempo antes. La cola daba la vuelta a la manzana y no avanzaba ni un milímetro, el sistema electrónico de votación se había caído y todos sabían que la espera iba a durar varias horas. Sin embargo ahí seguían todos, prácticamente en silencio, en ocasiones interrumpido por las hélices del helicóptero policial que sobrevolaba Barcelona o por el grito ‘Votarem’ que arrancaba algún espontáneo.

Barcelona ha sido el centro de la noticia y el lugar que ha acaparado todas las portadas informativas, en contraste con la relativa calma que se ha vivido en pueblos del interior como Granollers. Una visita a esta localidad industrial a media hora de la capital catalana mostraba una estampa insólita a las tres de la tarde de ayer: no había presencia policial y los responsables de la votación comían tranquilos sentados en el patio del centro escolar. En su interior, dos mesas con dos urnas y nadie haciendo cola para votar;las papeletas tan sólo llenaban un tercio de la caja electoral y el sistema informático funcionaba. Eso sí, faltaban voluntarios. El presidente de la mesa le recuerda a un votante que necesitan gente para cubrir la tarde. La petición parece una anécdota pero resume lo que ha sido para Catalunya este 1 de octubre: un referéndum sin las garantías que han querido los del ‘Sí’ pero también una parte importante de los que han optado o habrían optado por la casilla del ‘No’.

Herramientas de Contenido