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entrevista Iñigo Martínez de Mandojana Valle

“No podemos dejar en manos de la cultura popular o de nuestras intuiciones la atención a la infancia y adolescencia”

La educación social debe jugar también un papel importante desde una visión preventiva, defiende Íñigo Martínez de Mandojana en el Día de la Educación Social

Una entrevista de Ibai Fernandez Fotografía Miguel Ángel Pascual - Lunes, 2 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Iñigo Martínez de Mandojana, autor del libro ‘Profesionales portadores de Oxitocina’ sobre educación social y buenos tratos.

Iñigo Martínez de Mandojana, autor del libro ‘Profesionales portadores de Oxitocina’ sobre educación social y buenos tratos. (Miguel Ángel Pascual)

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Pamplona - Las personas estamos diseñadas genéticamente para ejercer los buenos tratos sobre nuestras crías. Lo dice Iñigo Martínez de Mandojana (Vitoria, 1973), educador social, psicopedagogo y director de la Asociación Biraka, profesionales del buen trato, que subraya que esos buenos tratos y la parentalidad positiva van más allá de los besos, las caricias o las cosquillas. “Hablamos de proteger, de cuidar, de amar y de poner límites”. Estas y otras reflexiones están recogidas en el libro Profesionales portadores de oxitocina, en el que recuerda que “tan importante es proporcionar un envoltorio afectivo como ser capaces de poner límites”. “Prescindir de una de las dos puede llevar al caos o al autoritarismo”, apunta coincidiendo con la celebración del Día Internacional de la Educación Social.


Resiliencia, parentalidad positiva, apego... ¿Son términos solo para profesionales?

-Para nada. La parentalidad positiva es una manera de entender los buenos tratos desde la cotidianeidad en los contextos, tiempos y espacios donde aparentemente no sucede nada: comer, ir a la ikastola, ir a dormir, vestirse... Es donde se sintoniza, se comparte, se establecen límites y se generan vínculos. Todo ello desde el respeto al ritmo de cada niño, dejando que se equivoque, y desechando la humillación, la agresividad y el sometimiento. Al fin y al cabo, hablamos de crear espacios de seguridad, de escucha y de confianza donde van adquiriendo habilidades para enfrentarse a retos cada vez más difíciles.

Quizá el problema es que muchos padres y madres se enfrentan a esos mismos retos por primera vez. Y acertar en la respuesta no es nada fácil.

-Por eso las administraciones tienen un desafío por capacitarlos en esa dimensión con el fin de conseguir ciudadanos más sanos y competentes. Hay una necesidad clara de empoderar a las familias a partir de conocimientos y de habilidades basadas en la evidencia científica con el fin de optimizar el desarrollo de nuestros niños y niñas. No podemos dejar en manos de la cultura popular o de nuestras propias intuiciones la atención a la infancia y adolescencia.

¿Y qué hacemos con el clásico “no cojas a un bebé en brazos que lo malcrías” o el “ya se le pasará la tontería de la adolescencia”?

-Todo el mundo puede tener una opinión acerca de cómo educar, pero eso no garantiza que sea responsiva ni competente. No se puede malcriar a los hijos por darles demasiado de ti mismo.

Siempre me ha llamado la atención que en el hospital enseñen a cambiar un pañal y no a consolar un llanto.

-Y sin embargo tan importante es generar protocolos de cuidado pediátrico como promocionar una sensibilidad parental. Un progenitor tiene no solo que Querer, sino también Saber y Poder ejercer esa parentalidad. Desde la Asociación Biraka estamos trabajando por confluir aspectos pediátricos con salud emocional. En colaboración con el Gobierno Vasco este año vamos a formar de manera experimental a matronas, enfermeras pediátricas, pediatras y ginecólogos en buenos tratos.

¿Está relacionada la salud física con la salud emocional?

-Cada vez son más y mejores las investigaciones que relacionan apego seguro con salud. Y a su vez, la correlación que la incompetencia, el maltrato y el abandono tienen en la enfermedad y patología psico-física de niños y niñas. Un niño y una niña tiene que ser querido, atendido, calmado, escuchado y abrazado desde el minuto cero y además se deben mantener esos criterios de manera sostenida en el tiempo. Los profesionales de la salud gozan de un privilegiado rol para ser transmisores de esa sensibilidad.

¿Nos preocupamos mucho por las necesidades físicas y poco por las emocionales?

-Nunca ha habido una generación de padres y madres que sepan más de aspectos pediátricos. Conocen lo que es el estreptococo, toda la casuística de la vacuna Prevenar o incluso tienen un plan individualizado de parto. Pero muchos desconocen la importancia de generar un apego seguro, del juego o de su presencia.

¿Les dedicamos poco tiempo a nuestros hijos e hijas?

-Nuestra experiencia nos habla de que cada vez hay más niños y niñas solos, más abandonados, aunque no lo parezca. Hay una sensibilidad extrema hacia los primeros meses de vida que se va perdiendo en detrimento de la infancia mediana. Es lo que se conoce como el abandono próximo, niños y niñas que tiene todas las necesidades físicas cubiertas pero no las emocionales. A veces los quebraderos de cabeza van más por el tipo de colegio que elijo para mi hijo que por cómo puedo organizarme para pasar más tiempo con él.

¿Qué es necesario saber para lograr un desarrollo óptimo de los hijos e hijas?

-Los cuatro ejes cardinales son la afectividad, el cuidado, la protección y la participación. Eso garantiza cuidadores empáticos, con unas buenas estrategias para solucionar problemas. Me gusta recordar que la crianza es una carrera de fondo y no de tirones. Muchos cuidadores vuelcan todos sus esfuerzos en el embarazo y primeras etapas obviando la importancia del resto de la infancia y adolescencia. Por eso insistimos en lo que se conoce como “slow parenting” o “crianza a fuego lento”.

¿En qué consiste?

-En poner en valor el tiempo, la presencia, la calidez frente a un modelo económico y rentable del tiempo. Vivir viviendo. Es decir, no importa tanto el beneficio último sino el beneficio integral de todos los factores del proceso. Hay padres y madres que están deseando que su bebé sea capaz de sentarse, que empiece a andar, quitarle el pañal, para luego hablar, para luego ir solo al colegio, para que luego vaya a la universidad... para luego darse cuenta de que todo ha ido muy rápido. Hay que dejarles descubrir lo que son y no lo que queremos que sean. Dejar que las cosas sucedan en lugar de forzarlas. Eso significa una apuesta por experiencias y aprendizajes no tangibles en linkedin o en un currículum.

¿Las reglas están para romperlas?

-La crianza tiene que ser un baile tan complejo como el tango. Lleno de cambios de ritmo donde a veces manda lo rápido y otras lo lento. Hay veces que hay que ser rutinario, previsible y rígido, y otras flexible o condescendiente. Con dos años, por ejemplo, el niño o niña por proceso evolutivo querrá hacerse el dueño de la casa e imponer sus normas a todo el mundo. En ese caso necesitará de unos límites firmes y sostenidos que le permitan interiorizar la importancia del otro en el mundo. En cambio, en la adolescencia, nuestros hijos e hijas necesitarán de mayor flexibilidad y diálogo por su mayor capacidad para mentalizar.

¿Negociar no es de débiles?

-Negociar es de sabios, pero depende cuándo y cómo. Tenemos que enseñarles a entender cómo funciona el mundo, a que tengan un criterio sobre él. Y cuantas más herramientas les posibilitemos, mejor preparados estarán para adaptarse y superar retos.

¿La flexibilidad es una de ellas?

-Ser capaz de empatizar con el que tienes enfrente y ofertar posibilidades es un don. La flexibilidad le ayuda a conocer las consecuencias de sus actos, a entender las emociones propias y las del otro. Otras veces, claro, habrá que decirle que con terroristas no se negocia y habrá que ser implacable. Hablamos en este sentido de pataletas, amenazas, chantajes, etc… He visto cómo niños de 3 años dominan a sus progenitores y me dan mucha pena, porque si un niño o niña se da cuenta de que es más fuerte que su padres, ¿quién le va a proteger?

¿El adolescente es un incomprendido o rebelde por naturaleza?

-Pensamos en la adolescencia como la etapa más turbulenta y borrascosa de la vida cuando en realidad es una etapa maravillosa donde el cerebro vuelve a rediseñarse para aprender mejor, sentir, desarrollar criterios… Y para ello es necesario, como en la infancia temprana, tener unos cuidadores empáticos y sensibles a su lado.

¿Hay que ser compresivo, entonces?

-Muchos niños y niñas que han tenido un desarrollo muy sano y adecuado en sus primeras etapas ven truncadas sus posibilidades por una adolescencia no comprendida y mal atendida. Tenemos que apostar por una adolescencia positiva, lejos del paradigma de la hormona. Es una etapa para vivir, disfrutar, equivocarse, llenarse de experiencias y no una etapa que “haya que pasar cuanto antes”. Los adolescentes necesitan afecto y diálogo, y dormir mucho.

¿Dormir?

-Sí, dormir. Muchos padres y madres piensan que sus hijos e hijas son unos holgazanes por dormir tanto, pero en realidad lo que están haciendo es darle tiempo a su cerebro a rearmarse y configurarse.

¿Una experiencia traumática infantil marca toda una vida?

-Si las guerras, violaciones de los derechos humanos, muertes trágicas o el maltrato hubieran defenestrado a los damnificados, el ser humano se habría extinguido. Sin embargo, la historia del ser humano está llena de ejemplos que demuestran que nos podemos rehacer y salir reforzados de esos golpes.

¿Cómo?

-Con un canto a la vida. La resiliencia nos habla de la magia de poder abordar situaciones traumáticas de una manera adaptativa, constructiva. Conocemos ejemplos como Víctor Frank, Nelson Mandela, Nick Vujicic o el propio Harry Potter. Si alguien ha tenido la mala suerte de vivir abandono, maltrato o cualquier tipo de trauma, sabemos que es posible una reparación transformadora.

¿Prejuzgar a un niño conflictivo es una forma de mal trato?

-Totalmente. Muchos niños, niñas y adolescentes disruptivos o generadores de conflictos son unos incomprendidos. No son lo que hacen. Hay que ser capaz de ver más allá de la conducta, porque el dolor se esconde siempre debajo de la piel. El profesional inexperto se quedará en la conducta y el auténtico en entender qué le sucede y cómo le puede ayudar.

Como padres y madres, ¿qué podemos exigir a los profesionales?

-Debemos exigir lo mejor de los profesionales que van a atender a nuestros niños y niñas, y eso solo pasa por profesionales empáticos, formados y sensibles a las necesidades de éstos. Yo no dejaría que me operara un médico con los conocimientos y recursos de los años 80. Lo mismo debe de ocurrir con los profesionales de la ayuda y de la educación. A día de hoy somos cada vez más conocedores del cerebro y del impacto que el maltrato genera en su funcionamiento y obviarlo no solo es una irresponsabilidad profesional sino una negligencia.

las claves

“Nuestra generación sabe más que nunca de aspectos pediátricos, pero a veces descuidamos la importancia de la seguridad parental”

El libro

Resiliencia y apego. Profesionales portadores de Oxitocina es una invitación del autor a cruzar un puente al mundo de la reflexión, al mundo de los pequeños detalles, de las pequeñas nadas, al mundo de los buenos tratos profesionales.

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