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Danza

Bailar como pollos sin cabeza

Por Javier Escorzo - Martes, 3 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

CONCIERTO DE MFC CHICKENFecha: 28/09/2017. Lugar: Sala Zentral. Incidencias: Primera jornada del Beltza Weekend. Muy buena entrada, y más teniendo en cuenta que era jueves. Los británicos de MFC Chicken hicieron vibrar a un público que, aunque en su gran mayoría no conocía sus canciones, cayó rendido ante el poderío de su directo.

Los melómanos de Pamplona estamos de enhorabuena;nuestra ciudad cuenta cada vez con más propuestas, algunas centradas en estilos que, hasta ahora, han carecido de la proyección necesaria. Si a principios de septiembre disfrutábamos del festival Pim Pam Ville, este fin de semana llegaba el Beltza Weekend, tres jornadas centradas en la música negra. Las actividades principales fueron los conciertos celebrados en Zentral las noches del jueves, viernes y sábado, pero también hubo programación especial en varios bares, con música dedicada e incluso guiños gastronómicos. Centrándonos en los conciertos, el jueves inauguraron el festival los londinenses MFC Chicken (sus componentes provienen de varios países, pero es en Londres donde mantienen su centro de operaciones), que llegaron con una formación reducida (cuarteto de guitarra, bajo, batería y saxo tenor), pero, como pudo comprobarse, igualmente efectiva. Saludaron entre bromas, recordando que la última vez que habían visitado Pamplona habían actuado en un local mucho más pequeño (lo hicieron en el Nébula en noviembre del año pasado).

Desde el primer acorde, su música se desveló tan grasienta y adictiva como la del pollo frito al que alude el nombre de la banda: rock’n’roll, garaje, surf, rockabilly… Un cóctel explosivo y verdaderamente irresistible. Abrieron fuego conStudy hall y Gross people, dos temas de su anterior álbum, antes de empezar a intercalar canciones de su flamante nuevo lanzamiento (Goin’ chicken crazy, 2016). Spencer Evoy, perfectamente trajeado, lideró al cuarteto cantando y sacando fuego de su saxofón. Fue el instrumento protagonista, el encargado de ejecutar la mayor parte de los solos, aunque estuvo perfectamente acompañado por Zig Criusculo en el bajo y su hijo en la guitarra, y por Ravi Low Beer en la batería. Su gran baza fue la pasión imprimida durante todo el concierto, sin apenas pausas entre canción y canción, consiguiendo un bloque granítico y homogéneo, aplastante. Además del saxofonista, en ocasiones cantó el guitarrista, como en Chicken rock, una suerte de Jailhouse rock trasladada a la iconografía de los pollos.

En Night train, los músicos (a excepción del batería) bajaron a tocar entre el público, para después subir a la parte trasera de la sala, por lo que el público tuvo que darse la vuelta para ver lo que acontecía en el nuevo e improvisado escenario. La banda supo trasladar su fervor a la audiencia, que se involucró y bailó sin parar, contagiada, como pollos sin cabeza. En el comienzo deSit down disminuyeron las revoluciones, aunque solo momentáneamente, pues el final de la canción terminó con la algarabía habitual. La fiesta continuó ya sin descanso, con una gran versión de Lucille, de Chuck Berry. Tras los bises, cuando ya se había echado el telón, la insistencia del público hizo que la música de megafonía se detuviera y los músicos tuviesen que regresar para tocar una última canción que certificó su triunfo.

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