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Edurne Portela escritora

“Queda mucha autocrítica por hacer para poner fin a la mentalidad que hizo a ETA posible”

Edurne Portela, invitada de hoy del Foro Auzolan (19.45 horas), debuta en la novela con el relato de una familia de Portugalete atravesada por la violencia de las duras décadas de los 80 y 90

Una entrevista de Paula Etxeberria - Martes, 3 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

La escritora vizcaína Edurne Portela.

La escritora vizcaína Edurne Portela. (CEDIDA)

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  • La escritora vizcaína Edurne Portela.

pamplona- ¿Cómo se sobrevive a la violencia cuando se ha crecido con ella? En torno a esta pregunta gira Mejor la ausencia, primera novela de Edurne Portela (Santurtzi, 1974) narrada desde la voz de Amaia, la menor de cuatro hermanos en el seno de una familia marcada por una época difícil en que la heroína, las pelotas de goma y la amenaza del terrorismo ponían el ruido de fondo a todas las acciones. La escritora hablará de todo ello esta tarde en la librería Auzolan de la calle San Gregorio.

Después del ensayo El eco de los disparosopta por la ficción para seguir haciéndose preguntas sobre el conflicto vasco, ETA y la violencia en general. ¿Qué le ha aportado este género?

-Me ha permitido ahondar más en un tema que me interesaba mucho: cómo nos afecta a un nivel más afectivo e individual el haber convivido con esta violencia, el haber crecido en un ambiente en el que no solo la presencia de ETA era parte de nuestra cotidianeidad, sino también otros tipos de violencia. Empecé a escribir esta novela cuando acabé el manuscrito de El eco de los disparos, incluso antes de saber si iba a poder publicar el libro. Lo que me pasó es que al acabar El eco de los disparos todavía tenía ganas de seguir indagando sobre el tema, pero las herramientas del ensayo ya las había agotado. La ficción me ha permitido entrar en esas zonas mucho más subjetivas, más opacas y oscuras de la realidad, y elaborarla sin la restricción que puedes tener a la hora de escribir un ensayo.

Y le ha permitido, por lo que se ve en su novela, dar muchos más matices, con personajes que no son o blancos o negros, o víctimas o verdugos, sino que pueden ser incluso las dos cosas al mismo tiempo. Víctimas y verdugos de sí mismos....

-Eso es. A través de los personajes la ficción te permite indagar todas esas zonas grises que desde el discurso político, incluso desde el discurso del ensayo, aunque yo lo intenté enEl eco de los disparos, siempre es mucho más difícil. Ahora he podido meterme en esos comportamientos, en todos los matices del gris.

Desde luego el lector sufre con Amaia de principio a fin. Ha logrado transmitir la dureza que implica recibir la violencia como herencia familiar...

-Yo lo veo ahora, una vez acabada la novela. Pero en realidad, cuando la estaba escribiendo, tampoco tenía la intención de reflejar esa dureza, sino que iba saliendo así. Yo la vida de Amaia no me la planteé de principio a fin antes de ponerme a escribir;ni siquiera me la planteé. Me fui dejando llevar por el contexto en el que esta niña iba creciendo y las dificultades con que se iba encontrando. Sí es cierto que el resultado es una novela dura, y con una protagonista que se tiene que enfrentar a un mundo tremendamente hostil, pero tampoco fue intencional. Fue algo que fue surgiendo porque está muy arraigada a un contexto que en sí es muy duro y rodeada de una serie de personajes que insertan en su vida todas esas experiencias de violencia.

Las mujeres son las auténticas protagonistas de Mejor la ausencia, mujeres que sufren pero también mujeres fuertes que se empoderan pese al entorno cruel y hostil que les rodea...

-Sí, son personajes por una parte muy vulnerables, Amaia, su madre, que pueden tener también sus formas problemáticas de encarar la violencia, incluso muchas veces la reproducen, pero al mismo tiempo son personajes fuertes y no son unidimensionales, en el sentido de que no son solo víctimas. Tienen sus propios recursos para enfrentarse a este mundo, incluso a veces reproduciendo la violencia, algo que responde a la complejidad de lo que somos;muchas veces, sin quererlo, somos capaces de reproducir una violencia que nos ha dañado sin pensar en las consecuencias del daño.

Aunque la novela surge en parte de preguntas sobre el conflicto vasco y ETA, pesan más en la historia otras formas de violencia derivadas del machismo, el paro, las drogas...

-Sí. El contexto para mí era muy importante. Yo quería escribir una novela sobre la margen izquierda del Nervión durante los años 80 y 90, y claro, ahí la cuestión del conflicto vasco era no solo inevitable, sino necesaria. Pero como desde el primer momento no me planteé esta obra como una novela sobre el conflicto, sino sobre esta familia, pues entraron otras formas de violencia, porque son cuestiones que siempre me han preocupado y que de alguna manera siempre tengo presentes: la violencia contra la mujer, la violencia en el seno de la familia... los personajes se me fueron un poco por ahí. Y la heroína, la juventud desarraigada, la crisis económica brutal que se vivió entonces con la reconversión industrial... todo eso formaba parte de ese mundo.

Le tocó vivir en aquel Bilbao difícil de los 80 y 90, ¿cuánto ha rescatado de su propia memoria para contextualizar esta novela?

-He rescatado mucho del ambiente que yo recuerdo, de ciertos comportamientos, de esa inquietud que nos acompañó a la gente de mi generación, que veíamos a nuestro alrededor la devastación que supuso todo ese proceso socioeconómico, ese desarraigo, y la idea de nuestros hermanos mayores, cómo veíamos a los jóvenes que tenían cinco, seis, siete años más que nosotros caer de una forma tremenda en el mundo de la heroína;eran como zombis que se paseaban por nuestros pueblos... A mí eso me ha marcado mucho y lo he tenido muy presente siempre como esa imagen del desarraigo, también de una polución tremenda, la suciedad de nuestros pueblos, la grisura, la tristeza... fueron años muy duros. Y luego la amenaza que suponía la presencia de ETA y su entorno, pero también la presencia policial, que en los años 80 fue tremenda en nuestros pueblos;la agresividad constante que se vivía. De todas esas sensaciones que me quedaron de la infancia y la adolescencia hay muchísimo en la novela. Y también la manera en que concebíamos nuestra propia juventud, desde una rebeldía que podría ser la rebeldía de Amaia, que se rebela contra ese mundo como puede, o la rebeldía de Kepa (hermano de Amaia en la novela), porque dentro de ese desarraigo la rebeldía política tuvo una función muy importante, ver en el proyecto abertzale una forma de canalizar ese desarraigo. Los personajes no es que reflejen mi vida;la vida de Amaia no es mi vida. Pero aquella época me dejó un poso y una memoria afectiva bastante fuerte, que de alguna manera he desarrollado en estos personajes.

Sí le da a Amaia algo suyo, ese regalo que es la literatura, que le ayuda a sobrevivir en la violencia...

-(Ríe) Sí, eso sí. Sí hay cosas de Amaia que tenemos en común: ese refugio en la literatura, el descubrir en esos mundos que te regalan esos autores formas diferentes de estar en el mundo;el ver que no todo es ese mundo asfixiante que te rodea, que hay más. Y también que la imaginación te puede llevar a otros lugares.

Y la literatura te abre la mente, algo importante precisamente para salir de problemáticas como el conflicto vasco.

-Sí, te da esas ventanas por las que te puedes asomar y ver otros mundos, y a la larga también a Amaia le da la herramienta para intentar resolver su propio pasado, que es la escritura.

¿Hacer memoria es el mejor ejercicio para avanzar como sociedad, para no repetir errores?

-Por lo menos es un excelente ejercicio para reconocer nuestro pasado y nuestra implicación en él. Cuando hemos vivido en una sociedad que ha sido atravesada por una violencia importante, como ha sido ésta, es muy difícil reconstruir los lazos sociales y formar una sociedad con ciertos valores de convivencia y de respeto si no se ha hecho ese ejercicio de memoria y si no se le ha dado un espacio importante de reconocimiento a las víctimas de esa violencia. Sin esa reflexión y sin un buen ejercicio de autocrítica es muy difícil establecer unas bases estables en las que afianzarse.

¿Cree que vamos avanzando en este sentido? Porque la mentalidad que hizo a ETA posible, esos extremos en la política, siguen todavía vigentes.

-Sí, siguen vigentes y queda mucho trabajo por hacer. Pero se han dado pasos importantes, sobre todo en cuestión de convivencia. Hay muchas iniciativas ahora a nivel de asociaciones que quieren crear un debate público. Yo creo que sí hay parte de la población y de nuestros agentes políticos que lo consideran importante, pero por supuesto hay muchos a los que ese ejercicio de memoria y de autocrítica les viene muy mal, y no solo hablo de la izquierda abertzale, que yo creo que parte de ella sí ha hecho esa autocrítica y parte todavía no, sino también del Estado español, al que le queda mucho por reconocer: que la tortura ha sido una práctica metódica y habitual, investigar como es debido todo el asunto de los GAL, que ha quedado con una justicia así de brocha gorda... El trabajo por hacer está en muchos lugares, a nivel político y a nivel social.

Por lo menos para un escritor ahora es más fácil hablar sobre estos temas. Sobre ETA.

-Claro. Cuando ETA mataba había escritores que escribían sobre ello, como Jokin Muñoz, Ramón Saizarbitoria, Iban Zaldua, Arkaitz Cano... un montón de escritores que cuando ETA mataba se expusieron a hablar sobre el tema. Ahora, para los que continuamos esa labor es muchísimo más fácil. Porque no tenemos la amenaza del tiro en la nuca, así de simple.

¿Cómo ve estos tiempos para los escritores de su generación? La literatura no se valora como un oficio...

-No. Lo tenemos muy difícil. Dicen que han subido las ventas de libros, que se está editando más volumen, pero yo no sé si los escritores como yo, que no somos de grandes ventas ni mucho menos, sentimos de alguna manera esa mejora o no. De hecho la mayoría de nosotros no podemos vivir de las ventas del libro, tenemos que completarlo con otras actividades. Son tiempos difíciles para la literatura, o eres un best seller o es muy difícil vivir de ello, y bueno, nuestra voz no sé hasta qué punto está valorada. Tampoco sé hasta qué punto se debe valorar, porque los escritores podemos decir muchas tonterías... Pero sí es cierto que la literatura ha perdido ese prestigio que solía tener, de referente. Ya no es respetada de esa manera.

Han cambiado mucho las formas de ocio, de consumo, cada vez se valora menos el hecho de pensar, de leer algo degustándolo lentamente. No se invierte tiempo en ello y se pierde algo valioso, la oportunidad de abrir la mente, de hacer memoria y conocernos a nosotros mismos.

-Claro, yo sí lo creo. Pero transmitir esa importancia y hacer que la gente se lo crea... se crea que esto es importante, que es una forma de representación que puede ayudar a un cambio imaginativo, ayudar a desarrollar la empatía... La literatura sirve para muchas cosas que son absolutamente necesarias en nuestra época contemporánea, pero que de alguna manera se han dejado de relacionar con la experiencia de lectura.

las claves

“La ficción me ha permitido entrar en todos los matices del gris;en esas zonas mucho más subjetivas, más opacas y oscuras de la realidad”

“En aquellos años tan duros muchos jóvenes vieron en el proyecto abertzale una forma de canalizar el desarraigo”

“Al Estado español le queda por reconocer que la tortura ha sido una práctica habitual, que no ha investigado los GAL como es debido”

la novela

Editorial. Galaxia Gutenberg.

Páginas. 240.

Precio. 19,90 euros.

Argumento. Cuando la vida transcurre en un pueblo de la margen izquierda del Nervión durante los años 80 y 90, y todo es heroína, paro, detritus medioambiental, pelotas de goma y consignas asesinas en las calles, la violencia no es solo un problema personal. Mejor la ausencia presenta una familia destruida, atravesada por la violencia de su entorno, a través de la voz de Amaia, la pequeña de cuatro hermanos.

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