San Fermín de los navarros

Alfredo Yoldi Arrieta - Martes, 3 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Madrid, sábado 8.15 de la mañana. Me acerco a la iglesia de San Fermín de los Navarros de la calle Dato. Abierta, a pesar de que la primera eucaristía es a las 9. Puedo recoger una hoja con comentarios al evangelio dominical escritos por José Antonio Pagola. Carteles con propuestas de espiritualidad franciscana en Aranzazu. Información en relación a un concierto en Fuenterrabia de un coro con nombre euskaldun. Dedico unos minutos a la oración y me despido de San Fermín y San Francisco Javier allí representados.

Leo con tristeza las lápidas que permanecen en los laterales de la puerta de entrada. Una con el reconocimiento a los navarros, por su entusiasmo en la Guerra Civil, premiado con la laureada en su escudo, y la otra en reconocimiento a los miembros de la Congregación de los Navarros fallecidos en dicha guerra.

A pesar de ellas, siempre que viaje a Madrid no faltará mi visita a esa iglesia, ni mi oración para que ese templo sea lugar de encuentro, de acogida, de reconciliación para madrileños, navarros y personas de todo el mundo. Lugar de oración en todas las lenguas, también en la de Francisco de Javier. Una casa en la que se sientan acogidos todos los navarros.