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Reflexiones

O mediación o mediación

Por Jesús Barcos - Martes, 3 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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Del procéscatalán a un proceso constituyente. El independentismo sale del domingo con la moral reforzada, consciente de estar en horas claves. Tiene mucho que ganar, y acepta el riesgo de perder sin rendirse a la represión del Estado. La palabra clave es la mediación. El espacio, Europa. El Govern catalán y las entidades independentistas asumen que si dicha mediación no llega, el Estado ahondará en la fuerza y la violencia. Vista la calamitosa ocupación policial ante una población que se jugó el tipo, el escenario que se adivina es muy duro.

Ayer fue un día de sensaciones mezcladas en Barcelona. Dolor, indignación y orgullo en extraña mezcolanza. De la comparecencia de Puigdemont salieron dos conclusiones alternas pero no necesariamente excluyentes. El resultado se confirma vinculante. Pero el president reclamó insistentemente una mediación, sabiendo que ésta daría y quitaría razones. “Nos hemos ganado el derecho a ser escuchados”, dijo. Una hipótesis plausible es un estatus transitorio, que no espante una labor de fontanería discreta o pública a corto término. Sin dicho arbitraje, la proclamación de la independencia es materializable, pero muy difícilmente consolidable. Para dejar de ser independentista y ser independiente, se necesita más capacidad aeróbica que anaeróbica. Él ahora o nunca es una disyuntiva que puede llevar al autoengaño o la precipitación. Y es que el riesgo de simplificación aqueja a todos y cada uno de los actores en este momento.

El escenario en Catalunya es delicadísimo, y se avecinan horas graves si no llegan los deseados intermediarios. “En estos momentos solo hay 16 comunidades autónomas”, me comenta Antonio Baños, exparlamentario de las Canditauras de Unidad Popular (CUP), para ilustrar la intervención padecida. La percepción de que el Estado español está cavando su propia tumba, tesis del propio Baños, está amplísimamente extendida y tiene su fundamento. El marco decimonónico de una unidad por la fuerza bruta, ha dejado la imagen de España por los suelos, frente a una movilización intergeneracional, pacífica y televisada, que el domingo dio una lección de ingenio y de eso que ahora se llama capilaridad, a la hora de esconder las urnas y salvar otras tantas dificultades.

Hoy la huelga general enviará otro mensaje contundente a Europa en busca de la ansiada mediación. Una negociación exclusivamente entre el Estado y la Generalitat resulta fantasiosa, y el obstáculo no es de carácter personal, sino sistémico, en la medida que el PSOE no es la llave, sino el segundo candado.

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