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La costillada, la atracción de fiestas en Villava

los vecinos y vecinas se reunieron en el parque ribed, acompañados por el buen tiempo, en una de las citas más multitudinarias

Un reportaje de Laura Garde. Fotografía Oskar Montero - Miércoles, 4 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Además de las costillas, los socios de Bolon cocinaron también chistorra, panceta o pechugas, entre otras cosas.

Además de las costillas, los socios de Bolon cocinaron también chistorra, panceta o pechugas, entre otras cosas. (OSKAR MONTERO)

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Objetivo: reunirse alrededor de una mesa y disfrutar del día con amigos y familia. Los vecinos y vecinas de Villava no quisieron perderse ayer una cita ineludible en sus fiestas, la costillada. El olor a brasas impregnaba Villava ya por la mañana y para las 12.30 horas el parque Ribed estaba abarrotado. “Hemos venido a las ocho de la mañana a coger sitio, esto se llena enseguida”, explicó Teo Ronco Hernández.

La costillada, tradición arraigada en Villava, reúne todos los puntos para ser uno de los días favoritos de los villaveses y villavesas. “Es un día para estar con el pueblo. Aquí nos juntamos todos. Además de estar con nuestra familia y nuestros amigos, vemos a gente de Villava con la que durante el año no coincidimos”, expresaron Paco, Miriam y Santiago. “Además, no sabemos por qué pero siempre hace bueno”, añadieron mientras aseguraban que no han fallado desde hace más de 30 años. “Venimos aunque sea con paraguas”, concluyeron.

Desde que tenían 13 años, Amaia Olóriz y su cuadrilla almuerzan antes de comer las costillas, la panceta y la chistorra: “Nos juntamos unos veinte y aquí nos pasamos todo el día. Antes de comer, almorzamos. Ponemos unas guindillas, unos vinagrillos, embutido...”, enumeró.

Asun Etxarri y tres amigos esperaban a que el resto de la cuadrilla volviesen de trabajar. “A las siete de la mañana ha venido el primero a colocar la mesa. Hasta las tres no comemos, esperamos a que bajen todos de trabajar”, contó Etxarri. “Es un día en el que todo Villava sale a la calle. Luego, por la tarde también hay vacas. No lo podemos coger con más gusto”, terminó.

Los más pequeños de Villava también tienen que aprender las buenas costumbres, y no hay mejor forma de hacerlo que con los abuelos. “Venimos desde que nuestros hijos eran pequeños. Ahora tenemos nietos y seguimos viniendo todos, nos juntamos entre dieciséis y dieciocho”, relataron Javier del Burgo y Ana Rípodas. “El ambiente es inmejorable, y ahora que ha vuelto la txaranga, más”, agregaron. Javier, Ana y su familia añaden ensalada a las costillas, la chistorra y la panceta, y. por supuesto, terminan con un café y un buen patxarán.

Para otros, ayer fue su estreno en la costillada: “Es el primer año que venimos a comer solos con la cuadrilla”, aclararon Javier García y Jon Garralda, de 16 años. “Ya somos más mayores y esperamos pasárnoslo todavía mejor que antes”, aseveraron con una sonrisa.

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